Especial Formación Odontología 2026-2027 iSanidad
Dr. Jaime Bueno de Vicente, profesor colaborador del Máster de Periodoncia de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Clínica De Vicente Dental
La odontología española cuenta con profesionales muy cualificados y una formación de enorme calidad. Y esto no es fruto de la casualidad, sino del trabajo de muchas universidades, sociedades científicas, centros de formación, profesores y clínicos que durante años han apostado por hacer las cosas bien.
Quienes hemos tenido la suerte de formarnos en España y también de conocer otros entornos fuera de nuestro país podemos valorar con perspectiva el nivel de la formación odontológica española, que hoy ocupa un lugar de referencia. Esto, lejos de llevarnos a la complacencia, debe animarnos a seguir aprendiendo, mejorando y compartiendo conocimiento.
En este contexto, creo en la formación continuada. No entendida como una simple acumulación de títulos, diplomas o cursos, sino como una forma de vivir la profesión. Formarse es seguir creciendo, mantener la curiosidad y asumir que el conocimiento clínico y científico está en constante movimiento. La formación no consiste solo en aprender nuevas técnicas. Consiste también en saber cuándo aplicarlas, cuándo no, dónde están sus límites y cómo afrontar las complicaciones. En una profesión clínica, el conocimiento técnico es fundamental, pero el criterio también lo es. Y ese criterio no se improvisa: se construye con tiempo, estudio, práctica, errores, reflexión y buenos referentes.
Formarse es seguir creciendo, mantener la curiosidad y asumir que el conocimiento clínico y científico está en constante movimientoucm
Aprender bien, interiorizar conceptos, desarrollar habilidades clínicas y adquirir seguridad no ocurre de un día para otro. Es un camino que todos recorremos con dudas, errores y aprendizaje continuo. Por eso, en una cultura marcada por la inmediatez, conviene seguir poniendo en valor la constancia, la humildad y el trabajo bien hecho. Esto vale para todos los que formamos parte de ese proceso. La formación, al fin y al cabo, es un camino de dos. En este camino, los profesores y mentores tienen un papel clave.
No solo enseñan conocimientos o técnicas; transmiten una manera de mirar la profesión. Yo he tenido la suerte de aprender de grandes referentes, profesionales y académicos, a los que debo muchísimo. Y hay una idea suya que intento tener siempre presente: nuestro deber es dar aquello que antes hemos recibido. Por eso, para mí, la formación y las especialidades son una suma de vivencias profesionales y personales que nos transforman, nos hacen mejores clínicos y nos ayudan a entender mejor nuestra responsabilidad. Porque todo lo que aprendemos, al final, tiene una repercusión directa en nuestros pacientes: en su salud, en su función, en su estética y en su calidad de vida.
Apostar por una formación exigente, de calidad y humana es una manera de crecer como profesionales, pero también de cuidar mejor a nuestros pacientes y de proteger el futuro de nuestra profesión. Porque formarnos mejor es, en definitiva, cuidar mejor.










