Juan León García
Patricia Durán Carrasco
Desde el diseño y organización de la farmacia de un hospital de campaña hasta el abastecimiento de las unidades clínicas y la búsqueda de alternativas terapéuticas, los farmacéuticos desempeñan un papel esencial en una emergencia humanitaria, marcada por la urgencia y la falta de recursos, como puede ocurrir tras un terremoto, como los ocurridos en Venezuela y, más recientemente, en Colombia. En esta entrevista para iSanidad, María Sánchez, farmacéutica experta en cooperación internacional y emergencias humanitarias, comparte su experiencia sobre el trabajo en terreno, el despliegue tras el terremoto de Venezuela y los retos que afronta actualmente la cooperación internacional.
Usted es farmacéutica y parte de los equipos de respuesta españoles que se activan cuando se da una catástrofe humanitaria. ¿Qué hace un farmacéutico como parte del equipo multidisciplinar de profesionales sanitarios?
En el contexto de emergencias, la figura del farmacéutico es absolutamente imprescindible dentro del equipo multidisciplinar. Un hospital de campaña se despliega a contrarreloj y conseguimos que esté operativo en menos de 36 horas.
“Nos encargamos de abastecer de forma continua a todas las unidades clínicas del hospital y de gestionar la estricta conservación de los medicamentos bajo condiciones ambientales difíciles”
En este tiempo y durante la estancia en terreno, el farmacéutico es responsable de la organización, el funcionamiento y el abastecimiento de medicamentos y productos sanitarios para todas las unidades médicas a partir del stock que traemos desde España. Además, resolvemos imprevistos críticos o roturas de stock, buscando alternativas terapéuticas para fármacos no disponibles y valoramos la compra local de medicamentos esenciales en caso necesario.
¿Qué rol cumple como farmacéutica dentro de las intervenciones en el ámbito de la cooperación y las emergencias? ¿Cuáles son las principales competencias que tienen los farmacéuticos en este tipo de contextos?
Nuestro rol abarca desde la logística pura hasta la asistencia clínica en terreno. Mis competencias principales se centran en diseñar y montar la farmacia y el almacén de fungibles desde cero, adaptándonos al stock disponible.
En el día a día, nos encargamos de abastecer de forma continua a todas las unidades clínicas del hospital y de gestionar la estricta conservación de los medicamentos bajo condiciones ambientales difíciles. Además, actuamos como consultores clínicos al proponer alternativas terapéuticas cuando un fármaco no está disponible y realizamos el inventario detallado de todo el material previo a su donación al país receptor al concluir la misión.
Un ejemplo reciente de la importancia de los equipos de ayuda humanitaria se vio tras el terremoto en Venezuela. ¿Cómo describiría esta experiencia y qué diría que la ha hecho distinta al resto de catástrofes en las que ha actuado como cooperante? ¿Qué fármacos priorizó en este caso?
Esta fue mi primera intervención en emergencias humanitarias con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid); hasta entonces, mi experiencia se limitaba a proyectos de desarrollo en cooperación internacional en África.
“Todos estamos expuestos a crisis sanitarias, brotes infecciosos, catástrofes naturales y humanitarias y ninguna de ellas entiende de fronteras”
El trabajo del equipo de ayuda humanitaria fue impecable. El compromiso, la responsabilidad, la coordinación y el trabajo en equipo entre sanitarios, logistas y bomberos permitieron realizar el despliegue en tiempo récord. Fue una experiencia profunda, que no te deja indiferente. La calidad humana era sorprendente y diariamente el cansancio no nos aplacaba. Cada mañana te levantabas con fuerzas para sacar adelante el día con la mejor disposición.
En cuanto a los medicamentos, el stock ya venía seleccionado desde España con formatos orales, inyectables, cremas y colirios. Priorizamos sobre todo analgésicos, antiinflamatorios y antibióticos, junto con antihipertensivos, benzodiacepinas y antidepresivos. Se desplegó un arsenal bastante amplio para abarcar no solo una patología aguda, sino también a pacientes que pasaban por consulta y precisaban medicación crónica para unos días, dado el caos que vivía el país.
El papel de la cooperación internacional se ha visto resentido en los últimos años, en gran parte por la nueva administración estadounidense, que ha defenestrado este enfoque. ¿Por qué es necesaria la cooperación internacional y cómo afrontan el actual contexto de recortes económicos?
La cooperación internacional es una necesidad global. Todos estamos expuestos a crisis sanitarias, brotes infecciosos, catástrofes naturales y humanitarias y ninguna de ellas entiende de fronteras. Es preciso asegurar una sanidad básica para todos y el acceso a medicamentos esenciales, sobre todo en los contextos más vulnerables.
“Resolvemos imprevistos críticos o roturas de stock, buscando alternativas terapéuticas para fármacos no disponibles y valoramos la compra local de medicamentos esenciales en caso necesario”
¿Cómo es el antes y el después de una intervención de carácter humanitario en una zona afectada por catástrofes naturales o humanas?
Al volver, tocan momentos de introspección, de procesar lo vivido. Te vuelves a replantear muchas cosas: cómo funciona el mundo, si aportas lo suficiente en tu día a día; te hace ver lo realmente importante y te hace pararte cuando la vida te lleva rápido, en automático. Te sientes afortunado por el lugar donde tienes la suerte de vivir.
El tiempo allí pasa rápido. Me hubiera quedado más tiempo. He tenido más choque cultural inverso al volver de cooperaciones al desarrollo.
¿Cómo es la vida de una farmacéutica dedicada a la cooperación internacional y las emergencias humanitarias?
Como la de cualquiera, solo que el gusanillo de volverte a ir no se apaga y, tras un tiempo aquí, te planteas si tu labor en otro lugar sería más útil y, al final, acabas enganchándote a otro proyecto sin darte cuenta.







