Redacción
El perímetro de la cintura puede predecir mejor el riesgo de enfermedad cardiovascular que el índice de masa corporal (IMC) por sí solo, según un estudio publicado en Journal of the American College of Cardiology. El trabajo analizó datos de cerca de 260.000 personas con una media de 20 años de seguimiento.
El IMC se utiliza habitualmente para determinar el sobrepeso o la obesidad, dos factores relacionados con el riesgo cardiovascular. Sin embargo, la investigación señala que no tener en cuenta la circunferencia de la cintura (CC) o la relación cintura-cadera (RCC) puede llevar a clasificar de forma errónea el riesgo cardiovascular.
Los especialistas coinciden en que los resultados refuerzan una idea ya presente en la práctica clínica: no solo importa cuánto pesa una persona, sino dónde se acumula la grasa. También advierten de que estas medidas deben complementar al IMC y no sustituirlo con la evidencia disponible.
«No se trata de abandonar el IMC, sino de complementarlo»
El IMC no debería utilizarse como única medida
El Dr. Diego Bellido, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol (CHUF) y presidente de la Sociedad Española de Obesidad (Seedo), explica en declaraciones recogidas por Science Media Centre (SMC) que los resultados son coherentes con el conocimiento previo. «La nota de prensa refleja realmente los resultados, pero, en realidad, no dice nada nuevo: el ICA (índice cintura-altura) combinado con el IMC parece que predice mejor el riesgo cardiovascular».
Para el especialista, las implicaciones para la práctica clínica son claras. «Medir la cintura es barato, rápido y factible en atención primaria, cardiología preventiva, endocrinología y medicina interna», señala. «No se trata de abandonar el IMC, sino de complementarlo. En la valoración de riesgo cardiovascular, especialmente en prevención primaria, deberíamos prestar más atención a dónde se acumula la grasa, no solo a cuánto pesa una persona».
«Medir la cintura es barato, rápido y factible en atención primaria, cardiología preventiva, endocrinología y medicina interna»
Bellido señala también varias limitaciones del trabajo. Entre ellas, destaca que no se dispuso de información completa sobre actividad física, dieta o riesgo genético. Estos factores pueden influir tanto en la adiposidad como en el riesgo cardiovascular. Además, el perímetro de cintura y la relación cintura-cadera se midieron una sola vez. Por tanto, «no sabemos cómo los cambios a lo largo del tiempo modifican el riesgo».
A pesar de estas limitaciones, recalca que «el IMC no debería utilizarse como única medida de riesgo cardiometabólico. Por otra parte, tenemos en la clínica bastante clara la necesidad de usar IMC e ICA en toda valoración clínica y para evaluar el riesgo de obesidad. No así la relación cintura-cadera, porque las medidas tienen mucha variabilidad para su uso clínico».
Incorporar la adiposidad central a la evaluación clínica
La Dra. Andreea Ciudin, endocrinóloga y coordinadora de la Unidad de Obesidad del Hospital Universitario Vall d’Hebron, considera que el mensaje central del estudio es correcto siempre que se refiera a incorporar parámetros antropométricos de cintura para mejorar la evaluación del riesgo cardiovascular. «De momento, no hay suficientes datos robustos en la literatura que apoyen sustituir el IMC por el ICA (índice cintura-altura), por ejemplo, en la evaluación del riesgo cardiovascular».
Sobre la calidad de la investigación, Ciudin destaca que el estudio analiza nueve resultados cardiovasculares y de mortalidad en una población muy numerosa. «El estudio, en vez de estudiar únicamente mortalidad o un evento concreto, examina nueve resultados cardiovasculares y de mortalidad en una población con una N muy grande. Esto apoya la robustez de los resultados».
La endocrinóloga señala, sin embargo, diferentes limitaciones. Una de ellas es la falta de información sobre actividad física, dieta y genética de la obesidad. También recuerda que «el perímetro de cintura y el RCC se midieron una sola vez, de forma puntual, y no sabemos cómo han evolucionado a lo largo del tiempo de seguimiento y si esto ha podido influir en los resultados».
«El IMC no debería utilizarse como única medida de riesgo cardiometabólico»
A ello se suma la duración del seguimiento. «El tiempo de seguimiento fue muy largo y se mezclan hábitos de vida de varias generaciones. Las particularidades culturales y los cambios en el tiempo pueden haber influido». Ciudin recuerda asimismo que estas medidas no permiten cuantificar directamente la grasa visceral. «No hay que olvidarse de que el PC (peso corporal) y el ICA son medidas indirectas de adiposidad central; no equivalen a cuantificar directamente grasa visceral mediante técnicas de imagen».
Además, subraya que se trata de un estudio observacional, no aleatorizado y sin intervención, con las limitaciones propias de este tipo de diseño. La especialista añade que «el ICA es más sensible que el RCC y el CC».
En cuanto a sus implicaciones clínicas, destaca la facilidad de incorporar estas mediciones a la consulta. «Esto tiene una ventaja práctica importante: medir el perímetro de la cintura es barato y calcular el ICA es igual de rápido que el IMC». Por ello, señala que tanto los resultados como las opiniones de expertos apoyan cada vez más la incorporación rutinaria de alguna medida de adiposidad central, especialmente en prevención cardiovascular.
«No hay que sustituir el IMC por ahora, sino que conviene complementar el IMC con una medida de adiposidad central, particularmente la circunferencia de cintura». Ciudin advierte, no obstante, de que todavía faltan datos que permitan determinar si reducir específicamente el ICA se traduce en mejores resultados de salud. La grasa abdominal puede identificar un riesgo cardiovascular elevado incluso en personas con normopeso o sobrepeso.
«El estudio, en vez de estudiar únicamente mortalidad o un evento concreto, examina nueve resultados cardiovasculares y de mortalidad en una población con una N muy grande»
La grasa abdominal puede revelar un riesgo oculto
Para el Dr. Cristóbal Morales, responsable de la Unidad de Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad del Hospital Vithas Sevilla y vocal de Seedo, el estudio vuelve a demostrar la necesidad de ir más allá del IMC. «Al corazón le importa más tu cintura que tu peso, sería el titular. Sabemos, desde hace mucho tiempo, que hay que ir más allá del índice de masa corporal».
Morales considera que el estudio es «de bastante calidad» y que sus resultados respaldan la importancia que ya se atribuía a la distribución de la grasa corporal. «Más allá del índice de masa corporal, no importa el peso total, sino dónde está ese peso y, sobre todo, la grasa visceral, que es la que ya sabíamos que era más perjudicial metabólicamente desde el punto de vista cardiovascular».
El especialista destaca especialmente el tamaño de la población analizada y los cerca de 20 años de seguimiento. A su juicio, los resultados muestran que es posible recategorizar el riesgo de cada paciente mediante parámetros tan sencillos como la cintura o la relación cintura-cadera. «Más allá de pesar al paciente y calcular el índice de masa corporal, es obligatorio medir la cintura y el índice cintura-cadera con una cinta métrica, incluso utilizar tecnología avanzada como composición corporal para reclasificar el riesgo».
«Más allá del peso, la grasa abdominal nos puede desvelar el verdadero riesgo cardiovascular oculto»
Esta evaluación cobra especial importancia porque puede identificar pacientes cuyo IMC no refleja adecuadamente su riesgo. «Hay pacientes sin obesidad, con peso normal o con sobrepeso que, con una obesidad abdominal elevada, tienen mayor riesgo de estos nueve eventos cardiovasculares mayores que aparecen en este estudio».
Por el contrario, explica Morales, también existen personas con un IMC correspondiente a obesidad pero sin obesidad abdominal que pueden presentar un riesgo cardiovascular inferior al esperado. Una de las posibles explicaciones es que parte de ese peso corresponda a masa muscular y no a grasa. «Por lo tanto, este estudio nos fuerza a algo imprescindible en las consultas médicas, que es evaluar dónde está la grasa».
El endocrinólogo insiste en que una medición sencilla puede ayudar a descubrir un riesgo que pasaría inadvertido atendiendo únicamente al peso. «Más allá del peso, la grasa abdominal nos puede desvelar el verdadero riesgo cardiovascular oculto», afirma. En este sentido, Morales resume que «la báscula no es suficiente» y considera imprescindible conocer no solo el peso, sino también la composición corporal y la grasa abdominal.
Según explica, el estudio reclasifica a personas aparentemente sanas según el IMC, tanto con normopeso como con sobrepeso, que presentan un riesgo elevado en función de su grasa abdominal. Asimismo, señala que el estudio detectó que un 45% de las personas con obesidad presentan un índice cintura-cadera bajo, una característica asociada con un riesgo cardiovascular inferior al esperado para su peso.








