El calor eleva el riesgo de intoxicaciones alimentarias: cadena de frío e higiene, claves para prevenirlas

Las altas temperaturas favorecen la proliferación de microorganismos en los alimentos y obligan a extremar su conservación y manipulación durante el verano

calor-intoxicaciones- alimentarias

Redacción
Las altas temperaturas, la ruptura de la cadena de frío y una manipulación inadecuada de los alimentos pueden incrementar el riesgo de intoxicaciones e infecciones alimentarias durante los meses de verano. Las comidas al aire libre, los desplazamientos, las barbacoas o el consumo de alimentos fuera del domicilio son algunas de las situaciones en las que conviene reforzar las medidas de prevención.

Sandra Andrés, enfermera especializada en Aparato Digestivo del Centro Médico Teknon, advierte de que el calor acelera la multiplicación de bacterias y otros microorganismos cuando los alimentos no se mantienen a una temperatura adecuada. Por ello, insiste en la importancia de extremar las medidas de higiene y preservar la cadena de frío, especialmente en productos perecederos.

Entre los alimentos que requieren mayor precaución se encuentran carnes, pescados, mariscos, huevos, lácteos, salsas, ensaladillas, fruta cortada y platos preparados. Además, un alimento contaminado no tiene por qué presentar alteraciones evidentes en su aspecto, olor o sabor.

La ruptura de la cadena de frío y la conservación inadecuada de alimentos perecederos elevan el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos en verano

Salmonelosis, anisakiasis y botulismo, entre los principales riesgos

La salmonelosis es una de las infecciones transmitidas por alimentos que adquiere especial relevancia en verano. Su aparición puede relacionarse con huevos crudos o insuficientemente cocinados, preparaciones con huevo, carne de ave o alimentos conservados incorrectamente.

Los síntomas pueden comenzar desde pocas horas hasta varios días después de la ingesta e incluyen habitualmente diarrea, fiebre, dolor abdominal, náuseas, vómitos y malestar general. En este contexto, Sandra Andrés recomienda mantener refrigerados los productos preparados con huevo y evitar su consumo cuando hayan permanecido durante periodos prolongados a temperatura ambiente.

También pueden aparecer cuadros de gastroenteritis tras ingerir alimentos contaminados o manipulados de manera incorrecta. Las barbacoas, los pícnics y los desplazamientos pueden favorecer prácticas de riesgo, como utilizar los mismos utensilios para productos crudos y cocinados o mantener durante demasiado tiempo alimentos perecederos fuera de refrigeración.

Otro de los riesgos asociados a determinados hábitos alimentarios es la anisakiasis, causada por la ingestión de larvas de Anisakis presentes en pescado crudo o insuficientemente tratado. Para reducir el riesgo, resulta fundamental respetar las recomendaciones de congelación y preparación aplicables al pescado que vaya a consumirse crudo o poco cocinado.

Aunque menos frecuente, el botulismo constituye una enfermedad grave que requiere atención médica inmediata. Se asocia especialmente con conservas elaboradas de forma inadecuada o determinados alimentos envasados en condiciones deficientes. A los síntomas digestivos pueden añadirse manifestaciones neurológicas como visión borrosa o doble, dificultad para hablar o tragar y debilidad muscular progresiva.

Visión doble, dificultad para hablar o tragar y debilidad muscular progresiva son signos de alarma compatibles con cuadros graves como el botulismo

Entre los errores que pueden favorecer las enfermedades transmitidas por alimentos destacan dejar productos perecederos demasiado tiempo fuera de la nevera, interrumpir la refrigeración durante los desplazamientos, mezclar utensilios utilizados con alimentos crudos y cocinados, no realizar una higiene adecuada de manos o consumir carnes, pescados y huevos insuficientemente cocinados.

La especialista también llama la atención sobre el consumo de agua procedente de fuentes naturales o arroyos durante las excursiones. Que el agua presente un aspecto limpio no garantiza su potabilidad, ya que puede contener microorganismos procedentes de animales o de contaminación ambiental. La recomendación es utilizar agua potable o correctamente tratada.

Hidratación y signos de alarma ante una intoxicación alimentaria

Diarrea, náuseas, vómitos, dolor abdominal, fiebre, cansancio y malestar general se encuentran entre las manifestaciones más habituales de las enfermedades transmitidas por alimentos. El periodo de aparición de los síntomas varía en función del agente causal y puede oscilar desde unas horas hasta varios días después de la exposición.

En los cuadros leves, mantener una hidratación adecuada constituye una de las principales medidas de soporte. Cuando existen vómitos o diarrea, puede ser útil realizar una ingesta frecuente de líquidos en pequeñas cantidades y reintroducir progresivamente la alimentación a medida que mejoran los síntomas.

Sandra Andrés desaconseja recurrir a antibióticos o medicamentos destinados a detener la diarrea sin una valoración sanitaria previa, ya que el tratamiento depende de la causa y de las características clínicas de cada paciente. La presencia de fiebre elevada, sangre en las heces, vómitos persistentes, signos de deshidratación, dolor abdominal intenso o reducción importante de la diuresis debe motivar una consulta médica. Asimismo, requieren especial atención los síntomas neurológicos, como dificultad para hablar o tragar o alteraciones visuales.

También debe valorarse médicamente a los pacientes cuyos síntomas no mejoren en un plazo de 48 a 72 horas y prestar especial vigilancia a niños pequeños, personas mayores, embarazadas y pacientes inmunodeprimidos, debido a su mayor vulnerabilidad ante las complicaciones.

Fiebre elevada, sangre en las heces, deshidratación, vómitos persistentes o síntomas neurológicos requieren valoración médica

La prevención pasa principalmente por mantener la cadena de frío, realizar una correcta higiene de manos y separar los alimentos crudos de los cocinados. A estas medidas se suman la adecuada cocción de carnes, pescados, mariscos y huevos, el lavado de frutas y verduras, el uso de agua potable y el respeto de las fechas y condiciones de conservación.

En desplazamientos y comidas al aire libre, las neveras portátiles con acumuladores de frío pueden ayudar a mantener una temperatura adecuada, siempre que se eviten aperturas continuas y se reduzca al mínimo el tiempo que los alimentos permanecen sin refrigeración.

Para la especialista del Centro Médico Teknon, estas precauciones permiten mantener las actividades habituales del verano sin asumir riesgos innecesarios. La higiene, una conservación adecuada de los alimentos y el mantenimiento de la cadena de frío constituyen las principales barreras frente a las intoxicaciones alimentarias durante los meses de calor.

Podcast

Podcast

Especiales

Atención primaria

Sanidad privada

iSanidadental

Anuario

Accede a iSanidad

Buscar
Síguenos en