Luis de Haro. Director general de iSanidad
Los abucheos y críticas a Mónica García durante su visita a Ceuta han llenado muchos titulares toda la semana. Sin embargo, el debate no debería centrarse en los reproches a una ministra ni a sus compañeros de gobierno, sino en las razones que los provocan. La titular de Sanidad llegó a Ceuta 17 días después del inicio de una crisis migratoria que ha puesto a prueba a toda la ciudad. Defendió que el sistema sanitario no está colapsado, sino tensionado. Con esa afirmación contradijo la visión expresada por los profesionales: Colegio de Médicos de Ceuta, el Gobierno de la ciudad autónoma y por numerosos profesionales del Hospital Universitario. Lo cierto es que un sistema puede seguir funcionando y, al mismo tiempo, estar sometido a una presión extraordinaria, y la ministra debería saberlo
Los abucheos en Ceuta son una muestra de la distancia entre el discurso político y la realidad
Más allá de las matizaciones lingüísticas, médicos, jefes de servicio y otros profesionales sanitarios han trasladado durante estas semanas testimonios de enorme dureza. Han relatado jornadas extenuantes, una presión asistencial extraordinaria y la sensación de estar trabajando al límite de sus posibilidades. Cuando quienes sostienen el sistema cada día afirman que la situación es crítica, conviene escucharlos con atención.
Resulta llamativo que, en apenas dos semanas, al menos siete ministros hayan pasado por Ceuta o se hayan reunido con su presidente, Juan Jesús Vivas. Han estado por allí los ministros Víctor Angel Torres, José Manuel Albares, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska, Sira Rego, Mónica García y Elma Saiz. No es habitual semejante despliegue institucional, y mucho menos en pleno mes de agosto. Son varios los que han recibido abucheos en sus visitas a Ceuta y es esta sucesión de visitas lo que demuestra que el problema excede con mucho el ámbito sanitario. Estamos ante una crisis que afecta a la seguridad, a la atención social, a la gestión migratoria, a la convivencia y, por supuesto, a la capacidad asistencial de una ciudad con recursos limitados.
La presencia de siete ministerios refleja la magnitud del problema
La percepción que existe en buena parte de Ceuta es que se acumulan las reuniones, las fotografías y las declaraciones. Sin embargo, las soluciones siguen sin llegar al ritmo que exige la realidad. Las carpas prometidas generan inquietud por la posibilidad de convertirse en una solución permanente. Además, empiezan a aparecer problemas relacionados con las condiciones de salubridad y la salud pública.
El presidente, Juan Jesús Vivas, ha reclamado reiteradamente más personal judicial, policial y de extranjería; más recursos para atender a los menores migrantes; cambios normativos que permitan agilizar procedimientos; y medidas que reduzcan cuanto antes la presión que soporta la ciudad. Pero, hasta ahora, no se ha producido un anuncio definitivo que responda a la principal preocupación de las autoridades ceutíes: qué hacer con los miles de migrantes que continúan en la ciudad.
Los abucheos a los ministros que se han atrevido a ir a Ceuta no se explican por lo que dicen, sino por el contexto en el que lo dicen. Los médicos de Ceuta no necesitan que les expliquen si lo que viven es un colapso o una tensión asistencial. Más allá de las palabras, lo que necesitan son recursos y soluciones.








