Un estudio apunta al potencial de la genética germinal para estratificar el riesgo en neoplasias mieloides

Casi uno de cada tres pacientes presentó variantes hereditarias asociadas a diferentes perfiles moleculares y evolución clínica, según las conclusiones de un trabajo liderado por el Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras

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Redacción
Un estudio liderado por el Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras (IJC) ha identificado diferencias genéticas heredadas que permiten distinguir formas biológicamente distintas de las neoplasias mieloides relacionadas con el tratamiento. Sus resultados, publicados en Blood Advances, sugieren que incorporar la genética germinal a la evaluación de estos pacientes podría mejorar la estratificación del riesgo y contribuir a personalizar su seguimiento y manejo clínico.

Las neoplasias mieloides relacionadas con el tratamiento aparecen años después de que algunas personas hayan recibido quimioterapia o radioterapia para tratar un cáncer previo. Actualmente, estas enfermedades se clasifican principalmente en función del historial terapéutico del paciente, aunque su evolución clínica puede variar considerablemente. El estudio plantea que las variantes genéticas heredadas, presentes desde el nacimiento, pueden ayudar a explicar estas diferencias.

El trabajo ha sido dirigido por el Dr. Francesc Solé, con el Dr. Oriol Calvete y la Dra. Julia Mestre como primeros autores, y ha contado con la colaboración de profesionales de hospitales y centros de investigación de toda España y del University of Texas MD Anderson Cancer Center de Estados Unidos.

Casi uno de cada tres pacientes presentaba una variante genética heredada relacionada con una predisposición al cáncer o a enfermedades hematológicas

El equipo investigador analizó los datos genéticos y clínicos de 100 personas diagnosticadas de estas neoplasias. Casi una de cada tres presentaba una variante genética heredada relacionada con una predisposición al cáncer o a enfermedades hematológicas.

A partir de estas variantes, los investigadores clasificaron a los pacientes en tres perfiles moleculares: aquellos con variantes relacionadas con predisposición al cáncer, quienes presentaban variantes asociadas a enfermedades hematológicas y quienes no tenían variantes hereditarias detectables.

Tres perfiles moleculares con diferente pronóstico

Los tres grupos mostraron características moleculares y evolución clínica diferenciadas. Las personas con variantes hereditarias relacionadas con la predisposición al cáncer presentaban con mayor frecuencia alteraciones cromosómicas extensas y anomalías en el gen TP53, ambas asociadas a un peor pronóstico. Por su parte, los pacientes con variantes vinculadas a enfermedades hematológicas y aquellos sin variantes hereditarias detectables mostraron perfiles moleculares diferentes y, en general, una evolución más favorable.

Los pacientes con variantes de predisposición al cáncer mostraron con mayor frecuencia alteraciones cromosómicas extensas y anomalías en TP53, asociadas a peor pronóstico

El estudio también reveló que la exposición a la quimioterapia se asociaba especialmente a una peor evolución en las personas portadoras de variantes hereditarias de predisposición al cáncer. En este grupo, el tratamiento se relacionaba con mayor frecuencia con alteraciones cromosómicas complejas y mutaciones en TP53, lo que podría contribuir a explicar la evolución más desfavorable de estos pacientes.

La genética germinal podría mejorar la estratificación del riesgo

La Dra. Julia Mestre, investigadora del IJC, ha señalado que «nuestros resultados muestran que la genética heredada desempeña un papel importante en las neoplasias mieloides relacionadas con el tratamiento y puede ayudar a identificar pacientes con distintos niveles de riesgo«.

Según la investigadora, incorporar el estudio genético germinal a la evaluación de estas personas podría mejorar la clasificación de la enfermedad y orientar la toma de decisiones clínicas. Además, permitiría identificar tanto a pacientes como a familiares que podrían beneficiarse de asesoramiento genético, un seguimiento más estrecho o estrategias preventivas antes o después del tratamiento contra el cáncer.

No obstante, los resultados todavía no permiten trasladar esta estrategia directamente a la práctica clínica. El propio trabajo señala que serán necesarios estudios adicionales antes de incorporar estos hallazgos a la práctica clínica habitual.

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