Las mujeres mayores de 45 años tienen un 14% más de probabilidades que los hombres de morir por una causa mal definida o indeterminada

La OMS Europa denuncia falta de investigación y de atención a la salud de las mujeres cuando dejan de estar en edad reproductiva, que impacta hasta en cómo se registran sus fallecimientos

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G.M.C.
Las causas de los fallecimientos de las mujeres a partir de los 45 años están menos claras que las de los hombres. Tienen un 14% más de probabilidades de morir por una causa indeterminada que los varones del mismo grupo de edad. Es más probable en el caso de ellas que esas muertes queden clasificadas en causas mal definidas, que incluyen términos como «fragilidad, paro cardiaco, insuficiencia cardiaca, demencia no especificada o simplemente causas desconocidas«.

Así lo reflejan las estadísticas de mortalidad de la Organización Mundial de la Salud para Europa, que analiza los datos desde el año 2000 hasta 2022 de toda la región, que incluye países de Asia occidental y central. El organismo internacional alerta de la necesidad de reducir la brecha de salud entre mujeres y hombres mejorando la prestación de los servicios de salud y fortaleciendo los sistemas de datos.

Las causas mal definidas incluyen términos como «fragilidad, demencia no especificada o simplemente causas desconocidas»

Estos datos destacan causas que suponen una mayor proporción de la mortalidad femenina respecto de la masculina, como las denominadas «condiciones neuropsiquiátricas»: la proporción de mujeres a partir de 45 fallecidas por esta causa es más de un 30% superior respecto de los hombres. Le sigue las enfermedades mal definidas, con cerca de un 20% más en el caso de ellas y las causas cardiovasculares: las muertes bajo esta clasificación son casi un 10% en mujeres.

La OMS señala las implicaciones que tienen la proporción significativa de muertes que se clasifican con una definición vaga; no solo tiene consecuencias en la calidad de los datos y, por tanto, en el conocimiento que ofrecen, sino que opacan la verdadera carga de la enfermedad en estas mujeres, perjudican la posibilidad de establecer estrategias de prevención y también distorsionan las prioridades de investigación. «Las mujeres se vuelven menos visibles, no solo en los sistemas de salud, también en los datos que influyen en las decisiones», apunta la organización internacional en su análisis.

Una explicación a estas diferencias está en la esperanza de vida de las mujeres, que es mayor a la de los varones. Cuantos más años viven, lo habitual es que aumenten las enfermedades crónicas. Acumular comorbilidades «complica la certificación de la causa de la muerte». Pero la OMS destaca que esta razón no es suficiente y señala la «evidencia creciente» de que las mujeres sufren más retrasos diagnóstico, se investiga menos sobre ellas y siguen estando infrarrepresentadas en los ensayos clínicos, «particularmente en enfermedades cardiovasculares».

Opacan la verdadera carga de la enfermedad en estas mujeres, perjudican la posibilidad de establecer estrategias de prevención y también distorsionan las prioridades de investigación

Este grupo de patologías, que son la principal causa de mortalidad en ambos sexos, se presentan en muchos casos de forma diferente en mujeres. Un ejemplo es el infarto. Se conocen muy bien los síntomas en hombres, pero en ellas, las señales suelen ser más inespecíficas y los síntomas se presentan de otra forma, lo que puede retrasar sus diagnóstico. En otros casos, pueden estar infradiagnosticadas. «Estos factores influyen no solo en cómo se trata a las mujeres durante su vida, también en cómo se registran sus muertes«, apunta la OMS.

Y esto tiene efectos en las políticas públicas y en las medidas que los sistemas sanitarios ponen en marcha en torno a la salud de la mujer. El informe destaca que estos datos y también las acciones de los sistemas de salud reflejan «prioridades sociales». Así, las políticas públicas sobre salud se centran en las mujeres en su etapa reproductiva. Tiene sentido en Europa, una región con tasas de natalidad muy bajas y una población envejecida. Pero la OMS señala que esto implica «un riesgo» concreto: «se prioriza a las mujeres cuando se las considera fundamentales para la reproducción y se las ignora en las décadas anteriores o posteriores«. Y un reflejo es la proporción de mujeres cuyas causas de muerte entran dentro de las que no están bien definidas a partir de los 45 años.

La OMS Europa señala que «se prioriza a las mujeres cuando se las considera fundamentales para la reproducción y se las ignora en las décadas anteriores o posteriores»

En las siguientes décadas de su vida, acumularán una mayor carga de enfermedades crónicas, de discapacidad y de dependencia, problemas que, según denuncia la OMS, «suelen recibir mucha menor atención que la salud reproductiva y materna» a pesar de que están detrás de muchas de las muertes.

El análisis de la OMS Europa también pone el foco en la violencia. Señala que hay riesgos para la salud de las mujeres que «siguen sin ser reconocidos», y la violencia es uno de ellos. Compara la mortalidad materna con la mortalidad por causas violentas en la región de Europa y muestra que las mujeres tienen más probabilidad de morir por estas últimas que por afecciones de salud materna.

De nuevo alerta de la distribución por edades de este factor de riesgo para la salud de la mujer. Lejos de ser un problema que afecta a las jóvenes, el riesgo de violencia no desaparece con la edad, señala el organismo, y las mayores siguen sufriendo violencia de pareja, maltrato psicológico y otras formas de violencia, al tiempo que el riesgo de feminicidio «persiste a lo largo de la vida».

Las mujeres tienen más probabilidad de morir por estas últimas que por afecciones de salud materna

Las tasas de mortalidad por todas las causas entre las mujeres ha caído en toda Europa desde 2020, pero no lo ha hecho igual en todas las regiones. En Europa del este, Asia central y occidental siguen siendo más altas que en Europa del norte, del sur o del oeste. Las desigualdades continúan.

La OMS Europa señala que los sistemas sanitarios deben incorporar la violencia contra las mujeres en sus políticas de salud, estar más concienciados sobre la presentación y el tratamiento de enfermedades específicas de cada sexo, mejorar el diagnóstico y hacerlo más equitativo, incorporar una investigación clínica más inclusiva y hacer análisis desagregados por edad, sexo y con mayor visibilidad de las mujeres mayores en las estadísticas, incluyendo una investigación «más exhaustiva» de las muertes en edades avanzadas y una codificación más específica en la certificación de las causas de la muerte.

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