Ana Herrero, directora de Transformación Sostenible de Forética
La inteligencia artificial (IA) está entrando en la salud por varias vías a la vez: apoyo al diagnóstico, investigación, prevención y gestión más eficiente de sistemas que envejecen al mismo ritmo que sus pacientes. El debate público suele quedarse en lo que la tecnología es capaz de hacer, pero a las empresas les interesa cómo lograr que lo haga con garantías, generando confianza y mejorando los resultados para todas las personas.
Desde Forética llevamos años afirmando que la sostenibilidad (entendida en su triple dimensión: ambiental, social y de gobernanza -ESG-) ha dejado de ser una agenda paralela a la estrategia empresarial para convertirse en parte de su núcleo. Con la IA está ocurriendo algo parecido: ha dejado de ser solo una cuestión tecnológica para convertirse en una cuestión de gobernanza corporativa, especialmente en el sector salud. La transición que requiere, mal gestionada, puede convertir una oportunidad histórica en una fuente de riesgo reputacional y de confianza social.
Ese será uno de los debates de ESG Spain, el foro de referencia en sostenibilidad empresarial que Forética celebra el próximo 10 de septiembre: cómo convertir la innovación en salud en progreso real. El liderazgo se medirá no por el número de herramientas, sino por su capacidad para mejorar resultados, reducir desigualdades, reforzar la confianza y devolver tiempo y reconocimiento a quienes cuidan.
«Uno de los debates de ESG Spain, el foro de referencia en sostenibilidad empresarial que Forética celebra el próximo 10 de septiembre, será cómo convertir la innovación en salud en progreso real»
El contexto obliga a tomárselo en serio, el McKinsey Health Institute calcula que, si no se amplía el acceso a intervenciones sanitarias ya probadas, en 2050 la persona media podría vivir tres años más con mala salud que en 2000. Sin embargo, si se amplía, podría ganar casi una década adicional de vida saludable, con su correspondiente reducción de costes y generando eficiencia en el sistema de salud. Sabemos que la IA puede ayudar a escalar la prevención y a repartir mejor los recursos, pero solo si se despliega con propósito, evidencia y gobernanza.
El I Barómetro sobre IA Responsable en las Empresas en España, realizado con la participación de 56 empresas y organizaciones, confirma que esta urgencia pesa en toda la economía, el 75% de las compañías ya ha integrado la IA en su operativa o su estrategia, pero solo el 45% combina dos elementos mínimos —un órgano responsable y un inventario de sistemas— y en el 55% de las empresas la IA es territorio exclusivo de la dirección tecnológica, sin que otras áreas se impliquen. Considerando que los datos de la IA sanitaria son quizá los más sensibles que una persona genera en su vida, estas cuestiones cobran aún más relevancia.
Hablar de gobernanza de la IA en salud significa gobernar todo el ciclo de vida del sistema —propósito, calidad y representatividad de los datos, validación, trazabilidad, ciberseguridad, supervisión humana y seguimiento de resultados—, no solo cumplir la normativa de protección de datos. La Organización Mundial de la Salud sitúa la ética y los derechos humanos en el centro del diseño y el uso de la IA sanitaria, y el Reglamento europeo de Inteligencia Artificial sigue esa lógica: promover una tecnología centrada en las personas, fiable, que proteja derechos y seguridad.
«La OMS sitúa la ética y los derechos humanos en el centro del diseño y el uso de la IA sanitaria, y el Reglamento europeo de Inteligencia Artificial sigue esa lógica»
La privacidad, de hecho, es condición necesaria pero no suficiente. Un sistema puede proteger los datos y no ser responsable si el conjunto con el que se entrena no representa bien a la población, o si nadie evalúa sus efectos una vez en marcha. La Agencia Española de Protección de Datos lo señalaba el pasado julio: en los sistemas de aprendizaje automático, la representatividad y la ausencia de sesgos pueden ser determinantes para el resultado. La responsabilidad empieza antes de implantar la solución y continúa durante toda su vida útil.
La equidad en el acceso es la otra cara de esta responsabilidad: según el Barómetro, solo un 39% de las empresas trabaja explícitamente en accesibilidad y no discriminación en sus proyectos de IA, una cifra que debería inquietar a un sector cuya razón de ser es no dejar a nadie atrás. Bien desplegada, la IA puede ser un extraordinario igualador, mal repartida, ampliará las brechas entre territorios y pacientes con distinta capacidad económica o digital. Las empresas que lideran esta transformación —tecnológicas, farmacéuticas, aseguradoras, hospitales—tienen una responsabilidad más allá del cumplimiento normativo.
Y llegados a este punto hay que considerar una cuestión clave: la humanización de la salud. Aunque es un concepto que lleva décadas trabajándose en el sector, afronta nuevos retos con el despliegue de la IA. En salud, hablar de “clientes” se queda corto, son pacientes (personas), familias (personas) y profesionales que sostienen el sistema con su criterio y su tiempo (personas). Una IA bien diseñada puede liberar tiempo de tareas administrativas y devolverlo a la escucha y al acompañamiento. Ninguna tecnología sustituye la experiencia de un profesional sanitario, la IA debería darle más margen para ejercerla.
«Ninguna tecnología sustituye la experiencia de un profesional sanitario, la IA debería darle más margen para ejercerla»
Esto exige una responsabilidad transversal que ha de traspasar los equipos tecnológicos o clínicos: legal, cumplimiento, sostenibilidad, ciberseguridad, compras y profesionales asistenciales deben sentarse en la misma mesa desde el diseño, no como revisión posterior. Y, como ya venimos observando en el contexto ESG, los consejos de administración necesitan también saber más para poder tomar las mejores decisiones: qué sistemas se utilizan, para qué, con qué nivel de riesgo y qué ocurre cuando la herramienta falla.
Desde Forética trabajamos esta intersección IA – ESG – Salud desde dos frentes. A través del Manifiesto por una Inteligencia Artificial Responsable y Sostenible, que reúne ya a más de ochenta empresas y organizaciones, entre ellas trece hospitales y entidades sanitarias —como La Paz, Gregorio Marañón o Miguel Servet— que formalizaron el pasado julio su adhesión, comprometiéndose con la supervisión humana, la gestión de riesgos y la equidad. Y a través de nuestra iniciativa de Sostenibilidad en el Sector Salud, un espacio de trabajo con empresas de toda la cadena de valor sanitaria para impulsar esta agenda. La IA puede ayudar a construir sistemas más preventivos y personalizados y, para que sean también más humanos y generen confianza, la gobernanza debe formar parte del diseño desde el principio.







