Redacción
La vuelta a la rutina no se enfrenta de la misma manera, ya que hay personas que vuelven con las energías renovadas y otras no han llegado a desconectar y el cansancio continua. Esto es debido a que muchas personas sufren el Síndrome de burnout o de desgaste profesional, clasificado como un fenómeno laboral según la última clasificación de enfermedades en la CIE 11 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este síndrome se caracteriza por tres pilares: distanciamiento social, agotamiento físico y mental y cierta sensación de falta de eficacia en el trabajo.
No obstante, este desasosiego puede persistir en el tiempo, incluso fuera del entorno laboral. En palabras del Dr. Alexander Bilbao Idarraga, psiquiatra del Hospital Quirónsalud Vitoria, “existen ciertos signos de alarma como no poder dejar el trabajo en la oficina, que el fin de semana no sea reparador o que, incluso, unas vacaciones no permitan desconectar del trabajo”.
La OMS califica el Síndrome de burnout como un fenómeno laboral, caracterizado por: distanciamiento social, agotamiento físico y mental, y sensación de falta de eficacia en el trabajo
En estos casos, el Dr. Bilbao Idarraga tiene bien identificados los síntomas: “Es ese momento en el que empiezan a aparecer señales como una tristeza muy abatida, que las cosas no te hagan ilusión o no quieras hacerlas, síntomas ansiosos como miedo al trabajo o crisis de ansiedad”. En los casos más graves, cuando esta patología se ha alargado en el tiempo sin tratarse, hay personas que llegan a consumir psicofármacos para ser capaz de ir al trabajo o para olvidarlo fuera del horario laboral.
Lo más habitual es que sea algo paulatino y erosivo, no ocurre de golpe. Por lo general, el paciente habitualmente lleva mucho tiempo soportando estrés, carga laboral excesiva y “no puede más”. Empieza a manifestarse con esa pérdida de funcionalidad, cuando se llega a casa y se está pensando en el trabajo, cuando no se está presente donde se tiene que estar, cuando no se disfruta de la familia ni de la vida. En definitiva, cuando se deja de hacer las cosas que antes sí se hacía.
Sin embargo, el doctor explica que el estrés laboral por sí solo no significa que exista una patología: “El trabajo de forma intrínseca implica unos malestares e implica una serie de problemas que no tienen que patologizarse”. Por ello, “hay que distanciarse también de considerar que todo malestar laboral o psicológico es una patología psiquiátrica”, expone el especialista. La diferencia está en distinguir entre una patología mental y lo que puede ser un estrés laboral normal o un estrés vital normal.
En los casos más graves, la persona que padece burnout puede sufrir una desregularización en el organismo, provocando un estado de hipervigilancia e hiperalerta
Respecto al perfil del paciente, el Dr. Bilbao Idarraga manifiesta que no existe un perfil que sea más propenso a este tipo de patología y tampoco se debe pensar que le ocurre a la “gente débil”. Y puntualiza que “suele ser una combinación de puestos exigentes, horarios laborales muy amplios, escasas reconocimientos de su desempeño laboral y ambientes laborales muchas veces que no son precisamente favorables”. Todo ello sin olvidar la vida personal de cada persona después de sus horas de trabajo.
Cuando una persona permanece meses o años bajo un estrés laboral sostenido, en el cerebro se produce una desregulación de sistemas: “El sistema que nos defiende de la amenaza del estrés agudo está regulado, en buena medida, por la amígdala cerebral”. Esta, a través del sistema nervioso simpático, protege a las personas y las prepara para la huida y la lucha. Es un sistema que hace que se tenga un estado de hipervigilancia y de hiperalerta. “Pero la hiperactivación de este sistema puede llevar a que otros sistemas estén más inactivos, como, por ejemplo, los sistemas de la corteza prefrontal que nos ayudan a planificar y a inhibir ciertas conductas. Nuestros sistemas más avanzados están más apagados y los sistemas más primitivos de miedo y de lucha están más encendidos”.










