Una inmunoquimioterapia contra la leishmaniosis cutánea reduce más del 98% la carga parasitaria en ratones

La estrategia combina anfotericina B tópica con la vacuna de ADN Hisak70 y mejora la eficacia del fármaco administrado en solitario, según el estudio publicado en Journal of Molecular Sciences

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Redacción
Investigadores del Instituto de Investigación del Hospital 12 de Octubre i+12 y de la Universidad Complutense de Madrid han desarrollado una estrategia de inmunoquimioterapia frente a la leishmaniosis cutánea que combina anfotericina B tópica con una vacuna de ADN. Los resultados obtenidos en modelos murinos muestran que esta combinación es significativamente más eficaz que el uso aislado del fármaco. El estudio, realizado por investigadores del Instituto de Investigación i+12 del Hospital Universitario 12 de Octubre, ha sido publicado en International Journal of Molecular Sciences.

La nueva estrategia utiliza una formulación tópica, en crema, de anfotericina B, un fármaco antiparasitario, junto con la vacuna de ADN denominada Hisak70. Mientras la anfotericina B actúa directamente frente al parásito, la vacuna busca estimular la respuesta inmunitaria del organismo para mejorar el control de la infección.

La leishmaniosis es una enfermedad causada por parásitos del género Leishmania, que se transmiten a través de la picadura de flebótomos infectados. Las regiones tropicales y subtropicales, así como las poblaciones rurales y vulnerables, se encuentran entre las más afectadas. Factores como el cambio climático, los conflictos armados y la inestabilidad socioeconómica han contribuido a su redistribución geográfica y a la aparición de casos en nuevas regiones.

La leishmaniosis cutánea provoca lesiones ulcerosas que pueden dejar cicatrices permanentes y generar un importante estigma social

Una terapia más eficaz y con bajo riesgo de resistencias

Los investigadores analizaron la infección provocada por Leishmania major. La leishmaniosis cutánea se manifiesta mediante lesiones ulcerosas en la piel que pueden dejar cicatrices permanentes y provocar estigma social. Además, los tratamientos disponibles pueden ser costosos, tóxicos o de difícil acceso en algunas de las regiones más afectadas. En los modelos experimentales, la terapia combinada redujo la progresión de las lesiones cutáneas y disminuyó la carga parasitaria un 98,1% en los ganglios linfáticos y un 99,6% en el bazo.

Javier Carrión Herrero, responsable del Grupo de Investigación Traslacional en Leishmaniosis del Instituto de Investigación i+12 y jefe del Grupo de Investigación Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, explica que «uno de los puntos más destacados es que la anfotericina B presenta un bajo riesgo de generar resistencias en comparación con otros fármacos actuales, lo que convierte a esta combinación en una alternativa terapéutica duradera y sólida para el futuro».

Pese a los resultados obtenidos, la estrategia se encuentra todavía en fase preclínica y necesita avanzar en su validación antes de poder trasladarse a la práctica clínica. Carrión señala que «el camino a seguir implica más investigación clínica que valide la eficacia y seguridad del tratamiento, así como profundizar en los mecanismos biológicos internos que sustentan esos resultados, con el fin de convertir este avance en un tratamiento accesible para las poblaciones vulnerables afectadas».

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