Estrés crónico: la presión laboral sostenida puede mantener activados los mecanismos neuroendocrinos e inflamatorios, afectando a la salud

El Dr. Javier Moreno, jefe del Servicio de Medicina Interna de Quirónsalud Marbella, destaca la importancia de reconocer las señales de alerta, prevenir sus consecuencias y adaptar los controles médicos a los factores de riesgo de cada profesional

Quiron estrés crónico
Foto: Quirónsalud

Redacción
Bajo el título ‘Cuando el empresario se olvida de gestionar su estrés: el corte imprevisto’, en las jornadas formativas, organizadas por CIT Marbella y el Hospital Quirónsalud Marbella, el Dr. Javier Moreno, jefe del servicio de Medicina Interna del centro hospitalario, abordó el impacto que el estrés mantenido puede tener sobre la salud y el rendimiento profesional.

Según el especialista, el estrés “está un poco demonizado”, cuando en realidad se trata de una respuesta fisiológica normal y necesaria para afrontar desafíos y situaciones exigentes, aunque puede convertirse en un riesgo para la salud cuando se mantiene de forma prolongada. “El problema no es el estrés puntual, sino cuando esa activación se perpetúa y aparece el estrés crónico. El estrés agudo moviliza; el estrés crónico desgasta”, explicó durante su intervención.

El estrés puntual puede ayudar a afrontar situaciones exigentes, pero su cronificación puede resultar perjudicial

En este contexto, el Dr. Moreno incidió en la importancia de aprender a identificar las señales de alerta que envía el organismo y de no normalizar determinados síntomas cuando se mantienen en el tiempo: “En el entorno empresarial estamos acostumbrados a gestionar objetivos, equipos, resultados y situaciones de incertidumbre, pero muchas veces dejamos en un segundo plano la gestión de nuestra propia salud. El problema aparece cuando el organismo nos obliga a parar”, aseguró.

Asimismo, el estrés sostenido puede manifestarse de diferentes formas y que “síntomas como las alteraciones del sueño, el cansancio persistente, los cambios en el estado de ánimo, las dificultades de concentración o determinados síntomas físicos pueden ser señales de que estamos sometiendo al organismo a una exigencia excesiva”.

Durante la jornada formativa, el especialista señaló que el estrés crónico constituye una de las causas más frecuentes de consulta en Medicina Interna entre empresarios y profesionales en edad laboral. Según explicó, son pacientes que habitualmente ya han sido valorados por diferentes especialistas sin encontrar una causa orgánica clara que justifique la totalidad de sus síntomas. “Con frecuencia son personas que han visitado al cardiólogo, al digestivo o al neurólogo y continúan sintiéndose mal. Es entonces cuando descubrimos que el estrés mantenido está desempeñando un papel determinante”, matizó.

Las alteraciones del sueño, el cansancio persistente o las dificultades de concentración pueden actuar como señales de alerta

Cuando el estrés se cronifica se produce una activación persistente de distintos mecanismos neuroendocrinos e inflamatorios capaces de afectar a prácticamente todos los órganos y sistemas del organismo. Entre otras consecuencias, puede favorecer alteraciones cardiovasculares, digestivas, metabólicas y del sueño, además de repercutir negativamente en el rendimiento profesional, la capacidad para la toma de decisiones y la eficacia en el desempeño de puestos de responsabilidad.

Por otro lado, el Dr. Moreno también abordó la relación entre estrés e inmunidad. Según explicó, el estrés crónico puede alterar la respuesta inmunitaria y favorecer la aparición o reactivación de determinadas patologías en personas predispuestas. En este sentido, la activación mantenida de mecanismos inflamatorios puede contribuir a la aparición de crisis recurrentes en enfermedades autoinmunes o inflamatorias, así como favorecer la reactivación de determinadas infecciones latentes.

La prevención estuvo presente durante la jornada, el especialista destacó la importancia de incorporar la prevención a los hábitos de salud, especialmente entre personas con agendas profesionales exigentes, y recomendó realizar controles médicos periódicos adaptados a las características y factores de riesgo de cada persona. En este sentido, ha explicado que “la prevención no consiste en hacerse todas las pruebas posibles, sino en realizar las pruebas que realmente están indicadas para cada persona. Conocer los antecedentes, los factores de riesgo y el contexto individual permite establecer un programa preventivo mucho más útil”.

La jornada permitió poner sobre la mesa la necesidad de prestar mayor atención a la salud de quienes desarrollan funciones de responsabilidad y que, en muchas ocasiones, sitúan sus obligaciones profesionales por delante de su propio bienestar. La prevención, la identificación temprana de las señales de alerta y la adopción de hábitos saludables pueden contribuir a mantener una buena calidad de vida y a afrontar con mayores garantías las exigencias asociadas a la actividad profesional.

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