Un estudio identifica una huella mutacional de la quimioterapia infantil en tejidos sanos

El análisis revela daños en el ADN del hígado y cambios genéticos en células sanas similares a los acumulados durante décadas en adultos

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Redacción
La quimioterapia infantil basada en platino puede dejar una huella mutacional permanente en los tejidos sanos, según un estudio liderado por investigadores del Wellcome Sanger Institute y publicado en Science. El trabajo identifica patrones de daño en el ADN que hasta ahora habían permanecido ocultos y aporta una posible explicación biológica para algunos de los problemas de salud que pueden aparecer años después en los supervivientes de cáncer infantil.

El estudio ha mostrado que los fármacos basados en platino, aunque son muy eficaces frente a distintos tipos de cáncer, también pueden afectar al tejido sano. Los investigadores descubrieron daños específicos en el ADN del hígado y observaron que las células sanas de algunos niños tratados presentaban una cantidad de alteraciones genéticas comparable a la que las células adultas acumulan durante décadas.

El equipo utilizó una técnica de secuenciación genómica denominada NanoSeq 2 para estudiar la relación entre la exposición a quimioterapia durante la infancia y los cambios posteriores en el ADN. El análisis incluyó 186 muestras de sangre, tumores hepáticos y tejido hepático sano procedentes de nueve niños tratados con quimioterapia basada en platino.

El análisis mediante NanoSeq 2 permitió detectar alteraciones genéticas que habían permanecido ocultas con técnicas anteriores

A su vez, los investigadores analizaron muestras adicionales de niños con cáncer hepático tratados sin platino y de pacientes con otros tipos de cáncer que habían recibido diferentes tratamientos o no habían recibido quimioterapia. Los resultados mostraron un aumento significativo de los cambios en el ADN de las células de distintos tejidos después del tratamiento con platino. En algunos niños, la cantidad de alteraciones genéticas alcanzaba niveles similares a los observados en tejidos adultos.

Algunos de estos cambios pueden actuar como factores desencadenantes del cáncer y aumentar el riesgo de que las células se transformen en malignas, aunque los investigadores destacan que esta complicación del tratamiento del cáncer infantil es muy poco frecuente.

Uno de los principales hallazgos de este estudio fue la identificación de un patrón de alteraciones genéticas desconocido hasta ahora en el tejido hepático. Los investigadores no lo observaron en otros tejidos y comprobaron que parecía estar relacionado con la quimioterapia a base de platino. Debido a que únicamente se identificó en el hígado, el equipo sugiere que podría deberse a la degradación del tratamiento quimioterápico, que tiene lugar en este órgano.

Los investigadores plantean que el patrón específico observado en el hígado podría estar relacionado con la degradación de los fármacos en este órgano

El aumento en el número de mutaciones en las células sanas de los niños, junto con el daño adicional en el ADN observado en el hígado, podría ofrecer una explicación biológica plausible de por qué los supervivientes de cáncer infantil desarrollan cánceres secundarios y otros problemas de salud que a menudo se describen como «envejecimiento prematuro». La quimioterapia es un tratamiento eficaz contra el cáncer, y comprender su impacto a largo plazo podría orientar futuras investigaciones para encontrar nuevas formas de prevenirlo.

La primera autora del estudio, la Dra. Anna Wenger, ha destacado que la investigación permite conocer mejor el daño que determinados tratamientos causa en los tejidos normales y sus posibles implicaciones para los niños que reciben quimioterapia a edades tempranas. Según ha explicado, los efectos tardíos pueden manifestarse a lo largo de toda la vida.

Además, ha agregado que las nuevas técnicas genómicas han permitido comprobar que determinados fármacos quimioterapéuticos pueden «envejecer» las células sanas de los niños y provocar, en un periodo corto, una cantidad de daño en el ADN que normalmente se produciría durante décadas. Los autores consideran que este conocimiento puede abrir nuevas líneas de investigación para desarrollar estrategias capaces de mitigar o prevenir estos efectos.

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