La inmunoterapia transforma el tratamiento de los linfomas con nuevas opciones dirigidas

La SEOM destaca la incorporación de la inmunoterapia y los anticuerpos biespecíficos a líneas más precoces y el avance de las terapias CAR-T

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Redacción
El tratamiento de los linfomas ha experimentado una profunda transformación durante las últimas décadas. A la quimioterapia y los anticuerpos monoclonales se han sumado anticuerpos conjugados, inhibidores de BTK, anticuerpos biespecíficos, inmunoterapia y terapias celulares CAR-T. Estas alternativas permiten adaptar cada vez más las estrategias al subtipo de linfoma y a las características del paciente.

Coincidiendo con el Día Mundial del Linfoma, que se celebra este martes, 15 de septiembre, la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) ha repasado algunos de los principales avances en este grupo heterogéneo de neoplasias. La iniciativa forma parte de su campaña En Oncología cada AVANCE se escribe en Mayúsculas.

En España, los linfomas no hodgkinianos se encuentran entre los tumores más frecuentes. Según el informe Las cifras del cáncer en España 2026, este año se diagnosticarán 12.201 nuevos casos de linfomas no hodgkinianos y 1.792 de linfoma de Hodgkin.

La caracterización molecular permite avanzar hacia estrategias diagnósticas y terapéuticas cada vez más personalizadas

Los avances terapéuticos han mejorado progresivamente la supervivencia, aunque existen diferencias importantes entre los distintos subtipos. Según Redecan, entre los pacientes diagnosticados de 2013 a 2017, la supervivencia neta estandarizada a cinco años alcanza el 85,5% en el linfoma de Hodgkin y el 68,8% en los linfomas no hodgkinianos. Estas cifras agrupan enfermedades con comportamientos biológicos, tratamientos y pronósticos muy diferentes.

Desde la introducción de las combinaciones de quimioterapia en los años 70 se han incorporado nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas. En diagnóstico, las técnicas de inmunohistoquímica, citogenética, biología molecular y secuenciación genómica permiten caracterizar con mayor precisión los diferentes subtipos de linfoma e identificar alteraciones biológicas relevantes.

En el ámbito terapéutico, la llegada de los anticuerpos monoclonales asociados a la quimioterapia mejoró el pronóstico de numerosos linfomas. En los últimos años se ha producido un nuevo cambio con los tratamientos dirigidos y distintas estrategias de inmunoterapia. Además, terapias inicialmente reservadas para pacientes con múltiples recaídas están avanzando hacia fases más precoces de la enfermedad.

España registrará este año 12.201 nuevos casos de linfomas no hodgkinianos y 1.792 de linfoma de Hodgkin

Uno de los avances más recientes se ha producido en el linfoma de Hodgkin clásico avanzado. La inmunoterapia se ha incorporado a la primera línea de tratamiento. En pacientes con enfermedad en estadios III-IV no tratados previamente, nivolumab combinado con doxorrubicina, vinblastina y dacarbazina (N-AVD) alcanzó una supervivencia libre de progresión (SLP) a dos años del 92%. Con brentuximab vedotina asociado a AVD, esta cifra fue del 83%.

Los anticuerpos biespecíficos constituyen otro de los grandes avances. Fármacos como glofitamab, epcoritamab o mosunetuzumab han mostrado una elevada actividad en diferentes linfomas B y están modificando progresivamente la estrategia terapéutica.

En el linfoma folicular refractario, epcoritamab combinado con lenalidomida y rituximab ha recibido autorización europea desde la segunda línea de tratamiento. Esta estrategia basada en un anticuerpo biespecífico prescinde de la quimioterapia convencional y amplía las opciones disponibles en fases más precoces.

Las terapias CAR-T han modificado el abordaje de los linfomas B de células grandes y amplían sus indicaciones

La terapia celular CAR-T también ha supuesto un cambio relevante en el tratamiento de los linfomas B de células grandes. Su impacto es especialmente importante en pacientes con enfermedad refractaria o recaída precoz. En determinados escenarios, ha desplazado al trasplante autólogo de progenitores hematopoyéticos. Sus indicaciones se han ampliado además al linfoma folicular y al linfoma de células del manto.

En el linfoma de células del manto, los inhibidores de la tirosina quinasa de Bruton (BTK) han modificado de forma relevante el paradigma terapéutico y ya forman parte de estrategias de primera línea. En pacientes no candidatos a autotrasplante se ha incorporado acalabrutinib en combinación con inmunoquimioterapia.

En los pacientes candidatos, los regímenes basados en ibrutinib han demostrado mejorar los resultados y permiten replantear el papel del autotrasplante. Las terapias celulares proporcionan, además, nuevas alternativas en fases posteriores de la enfermedad. Los anticuerpos conjugados, como polatuzumab vedotina y brentuximab vedotina, también han mejorado los resultados en determinados linfomas B, linfomas T CD30+ y linfoma de Hodgkin.

Todos estos avances reflejan un cambio de paradigma en el tratamiento de los linfomas. El objetivo no consiste únicamente en disponer de más tratamientos. La estrategia pasa por emplear terapias cada vez más dirigidas a la biología de la enfermedad, administrarlas cuando pueden aportar mayor beneficio y, siempre que sea posible, reducir la exposición a tratamientos más tóxicos.

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