Fátima del Reino Iniesta (Aiguaviva, Girona)
En 2020 prácticamente toda la población carecía de inmunidad frente al SARS-CoV-2. Seis años después, las infecciones y, sobre todo, la vacunación han levantado un «muro de inmunidad» que ha cambiado el impacto de Covid-19. Sin embargo, esta protección disminuye con el tiempo y no alcanza la misma solidez en las personas. Los mayores, los inmunodeprimidos y los pacientes con determinadas enfermedades crónicas continúan presentando un mayor riesgo de desarrollar formas graves.
Este ha sido uno de los principales mensajes de la jornada La nueva generación de vacunas Covid-19: plataformas tecnológicas, innovación y retos de futuro, organizada por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) con la colaboración de Hipra en Girona.
«La principal diferencia es que en 2020 toda la población era lo que nosotros llamábamos naíf, virgen frente al virus. No teníamos ningún tipo de memoria acumulada. Actualmente la situación es muy diferente. Seis años después, la población ha construido lo que llamamos un muro de inmunidad que se generó primero a través de las propias infecciones y posteriormente pudo reforzarse gracias a la vacunación», ha explicado el Dr. José Gómez Rial, jefe del Servicio de Inmunología del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela y coordinador del área de Inmunología del Grupo de Investigación en Vacunas (Genvip).
Sonia Tamames: «El SARS-CoV-2 es un virus que se ha quedado a vivir entre nosotros y sigue produciendo una patología muy importante, especialmente en las personas más vulnerables»
Sin embargo, ese muro no es igual para todos. Los pacientes con determinadas comorbilidades o alteraciones de la respuesta inmunitaria pueden tener dificultades para construir o mantener esta protección. Además, la inmunidad disminuye con el paso del tiempo y el virus continúa evolucionando.
«Ese muro de inmunidad, con el tiempo, va decayendo. Algunos individuos necesitan reforzarlo antes que otros», ha advertido Gómez Rial. Por ello, ha insistido en que el principal objetivo de las vacunas «no es evitar la infección, es evitar las formas graves de la enfermedad».
La Dra. Sonia Tamames Gómez, médico especialista en medicina preventiva y salud pública y exdirectora general de Salud Pública de Castilla y León, ha incidido también en que la protección colectiva no debe interpretarse como un fenómeno de todo o nada. Las vacunas pueden reducir el riesgo de infección y disminuir la transmisión, especialmente en los periodos posteriores a la vacunación, aunque no bloqueen por completo la circulación del virus.
El Covid-19 sigue causando ondas epidémicas
El Covid-19 ha perdido gravedad y frecuencia en la población general respecto a los primeros años de la pandemia. Sin embargo, esta evolución no permite olvidarse de la enfermedad. «El SARS-CoV-2 es un virus que se ha quedado a vivir entre nosotros y sigue produciendo una patología muy importante, especialmente en las personas más vulnerables», ha subrayado la Dra. Tamames.
La especialista ha situado el momento actual en una fase pospandémica en la que todavía no se ha alcanzado una estacionalidad clara. El virus continúa ocasionando ondas epidémicas y, cuando aparecen, las consecuencias se concentran especialmente en los pacientes vulnerables. «Las personas más vulnerables sufren hospitalizaciones, complicaciones graves. Personas con patologías de base que mantenían autonomía pueden padecer una fragilidad catastrófica que les lleve a pasar a ser dependientes. Pueden incluso fallecer», ha indicado.
La vigilancia también ha cambiado respecto a los primeros años de la pandemia. Actualmente se integra en la vigilancia de las infecciones respiratorias agudas y solo una parte de los casos se confirma mediante diagnóstico microbiológico. Este cambio dificulta las comparaciones directas con los primeros años.«Los datos no son directamente comparables», ha señalado la Dra. Tamames, que ha distinguido tres etapas: una primera con escasa capacidad diagnóstica, otra de hipervigilancia y el modelo actual.
José Gómez Rial: «El objetivo principal de las vacunas no es evitar la infección, es evitar las formas graves de la enfermedad»
El Dr. Fernando Moraga-Llop, pediatra, portavoz y vocal sénior de la Asociación Española de Vacunología (AEV), ha incidido también en este aspecto. A su juicio, el Covid-19 se encuentra actualmente «infravalorado» e «infradiagnosticado», en parte porque muchas infecciones son leves y no llegan a consulta o no se someten a pruebas diagnósticas. Esta situación complica además las comparaciones con etapas anteriores. La vigilancia ha pasado de una capacidad diagnóstica limitada al inicio de la pandemia a un periodo de hipervigilancia y, posteriormente, al actual sistema integrado de vigilancia de infecciones respiratorias agudas.
El reto de mejora las coberturas
Según ha explicado el Dr. Moraga-Llop durante la jornada, las recomendaciones del Ministerio de Sanidad para la temporada 2026-2027 priorizan la vacunación a partir de los 70 años y a personas con determinadas condiciones de riesgo. Entre estas se encuentran pacientes con inmunodepresión y determinadas enfermedades cardiovasculares, respiratorias, neurológicas y neuromusculares. Las recomendaciones incluyen otros factores de riesgo en adolescentes y adultos, además de colectivos institucionalizados.
La estrategia ha cambiado progresivamente desde 2023 hacia un modelo centrado en los grupos con mayor probabilidad de desarrollar complicaciones. Para Gómez Rial, la pérdida de inmunidad con el tiempo hace especialmente importante el refuerzo en estas personas. «Toda la inmunidad al final con el tiempo va decayendo», ha señalado. Además, la evolución del virus obliga a actualizar la protección frente a nuevas variantes.
Uno de los principales problemas sigue siendo trasladar estas recomendaciones a la práctica. «El reto fundamental es que las recomendaciones se hagan llegar a la población y que las coberturas sean lo suficientemente altas para que el que lo necesite lo obtenga», ha afirmado Tamames.
La especialista considera que las coberturas actuales frente al Covid-19 son mejorables. También ha advertido de las dificultades para trasladar la información a algunos profesionales sanitarios y mantener su actualización sobre los cambios en las recomendaciones.
La diversidad de plataformas vacunales permite adaptar la inmunización a una población heterogénea y puede favorecer la aceptabilidad y las coberturas
Moraga-Llop ha destacado en este sentido la importancia de la recomendación activa del médico de familia, el pediatra, la enfermera y el farmacéutico comunitario, además de facilitar el acceso de los pacientes a la vacunación.
La pandemia aceleró además el desarrollo y conocimiento de diferentes tecnologías vacunales. Actualmente, las principales plataformas incluyen ARN mensajero (ARNm), vectores virales y vacunas de proteína recombinante.
En las vacunas de ARNm no se administra directamente el antígeno. Se proporcionan las instrucciones para que las propias células produzcan la proteína que después reconoce el sistema inmunitario. Los vectores virales también transportan información genética, pero utilizan para ello un virus modificado. Las vacunas proteicas, por su parte, administran directamente una proteína producida de forma externa.
Para el Dr. Gómez Rial, disponer de diferentes alternativas constituye una ventaja en una población heterogénea. El especialista ha destacado la amplia experiencia acumulada con las plataformas proteicas, presentes desde hace décadas en otras vacunas. El Dr. Moraga-Llop ha recordado, en este sentido, la experiencia existente con tecnologías de proteína recombinante en vacunas como las de hepatitis B o virus del papiloma humano.
Gómez Rial: «Como inmunólogo, quiero tener diferentes plataformas para poder escoger la mejor plataforma para cada individuo. Cuantas más, mejor»
La reactogenicidad puede influir en la aceptación
Los especialistas han diferenciado durante la sesión entre seguridad y reactogenicidad. Esta última hace referencia a molestias esperables tras la administración, como dolor, inflamación o fiebre, y no debe confundirse con los acontecimientos adversos graves.
El Dr. Gómez Rial ha señalado diferencias de reactogenicidad entre plataformas que pueden influir en su aceptación. Según ha explicado, las plataformas proteicas presentan una menor reactogenicidad, mientras que las vacunas de ARNm pueden producir más molestias tras su administración.
Desde la perspectiva de salud pública, la Dra. Tamames ha considerado que disponer de alternativas constituye «un factor positivo siempre». La diversidad permite afrontar posibles problemas de suministro y adaptar las estrategias a las características de los pacientes. También puede tener implicaciones logísticas. Las distintas condiciones de conservación de las vacunas condicionan los recursos que necesitan los programas de inmunización y, en último término, la accesibilidad.
Los especialistas han abordado igualmente las pautas heterólogas, es decir, la utilización de plataformas diferentes en distintas dosis de una misma pauta. «Una de las cosas que la pandemia nos enseñó es que a nuestro sistema inmunitario le gusta que le presenten las cosas de diferentes maneras», ha explicado Gómez Rial. Según ha indicado, estos esquemas permiten presentar el antígeno al sistema inmunitario de maneras distintas y pueden generar una mayor respuesta inmunitaria.
La periodicidad de los refuerzos dependerá de la evidencia
Otra de las cuestiones planteadas durante la jornada ha sido si, en el futuro, algunos grupos podrían dejar de necesitar una revacunación anual frente al Covid-19. Gómez Rial ha pedido prudencia. «Esa es la evidencia científica que hay que generar para tomar las decisiones», ha respondido. La duración de la protección depende tanto de la plataforma como de las características de cada individuo y de la evolución del virus.
Los expertos también han señalado que el SARS-CoV-2 todavía no presenta un patrón estacional completamente establecido. Tamames ha apuntado que actualmente se observan brotes en determinados momentos del año y que el virus sigue buscando su espacio entre otros patógenos respiratorios. Esta evolución obliga a mantener flexibles las recomendaciones. Para la especialista, uno de los problemas ha sido precisamente explicar por qué cambian las indicaciones de vacunación a medida que cambia la epidemiología y aumenta el conocimiento científico.
En este escenario, los tres especialistas han coincidido en la importancia de recuperar la percepción del riesgo entre quienes presentan mayor vulnerabilidad. La menor gravedad del Covid-19 en la población general no elimina el riesgo de enfermedad grave en determinados pacientes.
«La vacunación de las personas que lo tienen indicado sigue siendo fundamental para proteger su salud», ha concluido Tamames. Para Gómez Rial, además, sigue siendo necesario acercar a profesionales sanitarios, medios de comunicación y población para trasladar mejor esta nueva realidad del Covid-19.








