Gema Maldonado Cantero
La incidencia del cáncer está aumentando en personas jóvenes, esto es, entre 20 y 50 años. Está ocurriendo en el mundo y España no se libra. Pero su incremento no ocurre en todos los tipos de tumores ni lo hace de manera homogénea en todos los países. El cáncer sigue siendo una enfermedad ligada fundamentalmente al envejecimiento, pero los datos disponibles del más reciente estudio de la OMS indica que en un periodo de casi dos décadas la incidencia en personas jóvenes creció un 79% en cáncer de tiroides, mama, colorrectal, riñón, endometrio y leucemia. El aumento es especialmente generalizado en el caso del cáncer de colon y recto.
«Realmente hay preocupación mundial de qué está pasando de qué está pasando y por qué está aumentando. No quiero ser alarmista, pero tenemos que ser conscientes del problema de salud pública que estamos viendo y sobre el que hay que profundizar a muchos niveles«, afirmaba este jueves María José Sánchez, investigadora en cáncer y recién aterrizada en la Dirección General de Investigación de la Consejería de Sanidad de la Junta de Andalucía. Y lo hacía ante un auditorio repleto de jóvenes que asistían a la jornada ¿Más cáncer en jóvenes? Qué sabemos y qué queda por descubrir, organizada por el CNIO en el Día Mundial de la Investigación en Cáncer.
María José Sánchez: «Realmente hay preocupación mundial de qué está pasando de qué está pasando y por qué está aumentando»
¿Qué pasa en España? El estudio más reciente, publicado por investigadores de los registros de cáncer que hay en España (solo 15 provincias tienen registro, por tanto no se conocen los datos de la mayoría) publicaron un estudio que abarcó el periodo entre 1993 y 2018. El 12% de los nuevos diagnósticos correspondían a personas de entre 20 y 50 años. Vieron que realmente no estaba aumentando la incidencia para todos los cánceres, de hecho, en algunos disminuía, sobre todo aquellos más asociados al consumo de tabaco.
Pero sí había una tendencia al alza, algo diferenciada por sexo, en los jóvenes. España repite la tendencia que ya se había visto previamente en otros países de altos ingresos como Estados Unidos, Canadá y Australia: se acelera la incidencia del cáncer colorrectal. En el caso de las mujeres de entre 20 y 29 años, las más jóvenes, este tipo de tumores crecía un 21% al año. En década de los 30 se ve una estabilización y en mujeres mayores de 40, en cambio, disminuye un 1%. Para los hombres de entre 20-29 años el crecimiento de este tipo de tumores es sensiblemente inferior, con un 6%, mientras en las dos décadas posteriores disminuye un 1% y un 2%, respectivamente.ç
En España, los últimos datos disponibles indican que también crece la incidencia del cáncer colorrectal en jóvenes, especialmente entre 20 y 29 años
En las mujeres, el cáncer de páncreas crece un 2% cada año, el linfoma de Hodgkin un 2,1% y el no Hodgkin un 1,7%. Afinando aún más, por franjas de edad dentro de las jóvenes, el cáncer de mama entre los 20 y lo 29 años crece un 2%, mientre que en las siguientes dos décadas hasta los 50 años lo hace al 1%. Para hombres, es significativo el crecimiento del cáncer de tiroides a un 4% al año y el de riñón con un 2,5%.
El crecimiento de la incidencia del cáncer en la veintena puede ser, además, un problema para su detección. «Probablemente ni una persona con 20 años va a pensar que tiene cáncer de colon si tiene un sangrado o dolor, ni el médico tampoco, y esto nos puede llevar a retrasos en el diagnóstico», ha advertido la investigadora. «Tenemos que formar a la población para que la ciudadanía conozca signos y síntomas de alerta para acudir al médico, entender que está siendo cada vez más frecuente (aunque siga siendo infrecuente) y formar a los sanitarios para que estén en alerta«.
«Probablemente ni una persona con 20 años va a pensar que tiene cáncer de colon si tiene un sangrado o dolor, ni el médico tampoco»
Con estos datos surgen muchas preguntas. ¿Qué podría explicarlo? ¿Qué podemos hacer? Son los interrogantes que ha puesto sobre la mesa Núria Malats, jefa del Grupo de Epidemiología Genética y Molecular del CNIO. Las respuestas no son sencillas, aún queda un camino por recorrer en el ámbito de la investigación para conocer todo lo que rodea al desarrollo de tumores en población tan joven para una enfermedad de personas más mayores.
«La hipótesis es que genes, ambiente y exposición a lo largo de la vida podrían explicar parte de este fenómeno», ha apuntado. Las exposiciones de estas generaciones «han podido llevar a cambios metabólicos, inmunitarios y microbianos, generar daño molecular y envejecimiento biológico» que estén detrás del aumento de tumores, ha explicado la investigadora.
Núria Malats: «La hipótesis es que genes, ambiente y exposición a lo largo de la vida podrían explicar parte de este fenómeno»
Malats ha citado una revisión de artículos elaborada por investigadores de Harvard en colaboración con la OMS que indican que estas exposiciones pueden darse no solo en el útero, «también hay algunas evidencias que muestran que la exposición de madres y abuelas de pacientes pueden haber incidido en el riesgo en jóvenes».
La investigadora ha señalado la necesidad de investigar las diferencias biológicas que puede haber en los tumores en jóvenes respecto de los cánceres en mayores. «Algunos sí son diferentes, otros no lo sabemos. Podrían existir diferencias en alteraciones moleculares, interacciones con el sistema inmunitario, microbioma, características hereditarias, localización y forma de presentación y respuesta al tratamiento». Caracterizar y comparar los tumores actualmente «es un reto».
«El cáncer en adultos jóvenes no debe llevarnos al miedo, sino a tres acciones: comprenderlo mejor, reconocerlo antes y prevenir de manera más inteligente»
¿Qué se puede hacer? La experta del CNIO habla de prevención, alerta clínica, investigación y equidad. Y entre los cambios necesarios está la mejora de los registros, evitar retrasos en los diagnósticos derivados de pensar que una persona es demasiado jóven para tener cáncer, identificar grupos de riesgo y estuidar exposiciones desde la gestación y la infancia. Y una de las claves: «integrar epidemiología, genética, exposomam microbioma y biología tumoral» en la investigación.
«El cáncer en adultos jóvenes no debe llevarnos al miedo, sino a tres acciones: comprenderlo mejor, reconocerlo antes y prevenir de manera más inteligente mediante decisiones personales, políticas públicas y transformación del sistema sanitario», ha concluido.







