Los niños que usan pantallas más de dos horas duplican la probabilidad de cumplir criterios de posible TDAH

Un estudio prospectivo en 568 niños también relaciona un mayor consumo de ultraprocesados con peores indicadores de hiperactividad, inatención y conducta

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Redacción
Los niños que pasan dos o más horas al día frente a pantallas presentan un riesgo relativo 2,16 veces mayor de cumplir los criterios de cribado de un posible trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que aquellos que pasan menos de una hora diaria. Además, un mayor consumo de productos ultraprocesados se asocia con peores puntuaciones en las dimensiones de hiperactividad, relación con iguales, conducta prosocial e inatención.

Estas son las principales conclusiones del informe Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia. Resultados del Proyecto SENDO, elaborado por el grupo de investigación de la Universidad de Navarra, con el apoyo de Fundación Mapfre. La investigación ha seguido durante aproximadamente dos años a cerca de 600 niños y analiza la relación entre hábitos modificables, como la alimentación y el tiempo frente a pantallas, y determinados indicadores de salud psicoemocional y conductual.

El estudio se desarrolla en el marco del Proyecto SENDO, una cohorte pediátrica prospectiva que analiza cómo diferentes factores del estilo de vida se relacionan con la salud infantil. En este análisis, los investigadores se han centrado en la alimentación y el tiempo de exposición a pantallas y su relación con los síntomas de TDAH.

El estudio es observacional, por lo que los investigadores advierten de que no permite establecer que las pantallas o la alimentación causen TDAH

La investigación ha analizado a 568 niños y niñas que tenían entre cuatro y cinco años al inicio del estudio. La información sobre alimentación, actividad física, sedentarismo, sueño y otros aspectos relacionados con la salud se obtuvo mediante cuestionarios cumplimentados por los padres.

Una de las particularidades del trabajo es su diseño prospectivo. Los hábitos relacionados con la alimentación y las pantallas se registraron aproximadamente dos años antes de la evaluación de los indicadores de conducta y de los síntomas de TDAH. Este diseño permite estudiar la secuencia temporal entre las exposiciones y las diferencias observadas posteriormente. Sin embargo, al tratarse de un estudio observacional, los resultados no permiten establecer una relación causal.

La Dr. Nerea Martín Calvo, especialista en pediatría y doctora en investigación en Medicina Aplicada por la Universidad de Navarra, ha explicado que «el TDAH tiene un origen complejo en el que intervienen factores genéticos y neurobiológicos, pero también determinados hábitos que forman parte del entorno en el que se desarrolla la infancia».

«Con este estudio queremos analizar si factores potencialmente modificables, como la alimentación o el tiempo de exposición a pantallas, se relacionan con una mayor probabilidad de cumplir los criterios de cribado de un posible TDAH», ha añadido. La investigadora insiste en que los resultados no establecen causalidad, aunque este tipo de estudios prospectivos permite «avanzar en el conocimiento de una relación que todavía necesita más investigación y observar estos hábitos antes de evaluar posteriormente los síntomas».

El 10,9% cumplió los criterios de cribado de un posible TDAH

Para evaluar los resultados, los investigadores utilizaron dos herramientas. Por un lado, el Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ), compuesto por 25 preguntas que valoran síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad, relaciones con los compañeros y conducta prosocial.

Por otro, emplearon la escala de TDAH de DuPaul, formada por 18 ítems y centrada en inatención e hiperactividad o impulsividad. Ambas herramientas permiten cuantificar la presencia e intensidad de determinados síntomas y realizar un cribado, pero no sustituyen una valoración clínica ni permiten establecer por sí mismas un diagnóstico definitivo de TDAH.

Los productos ultraprocesados representaron, de media, el 37% de la ingesta energética de los niños analizados

Los resultados muestran que el 10,9% de los participantes cumplió los criterios de un posible TDAH según la escala de DuPaul. «Esta clasificación no equivale a que esos niños tengan un diagnóstico de TDAH. Se trata de una herramienta de cribado que nos permite identificar a aquellos que presentan más síntomas y que, por tanto, podrían requerir una valoración clínica más completa», ha explicado la Dr. Martín Calvo.

En cuanto a la exposición a pantallas, el 61% de los niños dedica menos de una hora diaria, mientras que el 39% pasa una hora o más frente a ellas. Los investigadores observaron que pasar entre una y dos horas diarias se asocia con un riesgo relativo de 1,22 de cumplir los criterios de posible TDAH. Entre quienes pasan dos horas o más frente a las pantallas, el riesgo relativo alcanza 2,16.

Un mayor consumo de ultraprocesados se relaciona con peores indicadores de conducta e inatención

El estudio también ha analizado la presencia de productos ultraprocesados en la dieta. De media, estos alimentos representaron el 37% de la ingesta energética de los niños incluidos en el análisis. Al comparar a los participantes con un consumo elevado de ultraprocesados con aquellos con una ingesta menor, los investigadores observaron 1,50 puntos más en la puntuación total del SDQ y 2,14 puntos más en la escala de DuPaul, tras ajustar los resultados por otros posibles factores.

En concreto, se encontraron diferencias estadísticamente significativas en hiperactividad, relaciones con los compañeros, conducta prosocial e inatención. Las puntuaciones medias también aumentaron conforme se incrementó el consumo de ultraprocesados. El resultado total del SDQ pasó de 6,26 puntos en el grupo de menor consumo a 7,76 en el de mayor consumo. En la escala de DuPaul pasó de 9,73 a 12,3 puntos.

La Dr. Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre, ha señalado que «la relevancia de estos resultados reside en que, por ejemplo, la alimentación y la exposición a pantallas son aspectos sobre los que las familias pueden actuar. Promover hábitos saludables, como priorizar una alimentación basada en alimentos frescos y limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos, puede formar parte de un enfoque integral para favorecer la salud y el bienestar infantil», ha añadido.

Por su parte, la Dr. Martín Calvo ha concluido que «estos resultados muestran la importancia de incorporar la alimentación y los hábitos digitales a una valoración integral del bienestar infantil, sin culpabilizar a las familias. A partir de aquí, el objetivo es replicar estos resultados, mejorar la medición objetiva de los hábitos y estudiar si modificar estas exposiciones produce cambios en los síntomas», ha señalado.

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