Redacción
Un monitor, un ventilador o una estación de anestesia ya no pueden entenderse únicamente como equipos aislados. En las áreas críticas, su funcionamiento depende cada vez más del intercambio de información con otros dispositivos y con los sistemas del hospital. Esta evolución amplía las posibilidades de uso de los datos clínicos, pero también exige nuevas capacidades a quienes gestionan y mantienen la tecnología sanitaria.
En el marco del acuerdo de electromedicina 2025-2028 entre Osakidetza y Dräger, la compañía desarrolla ciclos formativos dirigidos a ingenieros y perfiles técnicos. Las sesiones abordan tecnologías conectadas, interoperabilidad, ciberseguridad y SDC, un estándar de comunicación entre dispositivos médicos. El propósito, explica José María Blanco, Service MVS Manager de Dräger Hispania, es “compartir conocimientos que ayuden a los equipos de electromedicina e IT a afrontar la incorporación de nuevas soluciones y a mantener su funcionamiento seguro y fiable”.
«Queremos facilitar el trabajo de los profesionales sanitarios: reducir tareas manuales, integrar la información relevante y apoyar decisiones clínicas informadas, para que puedan dedicar más tiempo al paciente», explica José María Blanco
La formación responde a un cambio en el objeto mismo del mantenimiento. Verificar que un dispositivo funciona sigue siendo imprescindible, pero en un entorno conectado también hay que comprobar sus comunicaciones, su software y las dependencias con otros sistemas. Una incidencia o una actualización puede tener efectos más allá del equipo intervenido. Por ello, señala Blanco, “la coordinación con IT resulta esencial para mantener su disponibilidad y resolver incidencias que pueden afectar a varios sistemas”.
Datos vinculados al paciente y disponibles para el profesional
Para Blanco, un hospital conectado integra dispositivos médicos y sistemas de información de modo que los profesionales dispongan de “datos útiles, seguros y asociados correctamente al paciente”. Esa asociación es fundamental: el valor clínico de la información depende tanto de su disponibilidad como de su correcta identificación e integración en el proceso asistencial.
En la UCI, el quirófano, reanimación o urgencias, la conectividad puede reducir registros manuales, facilitar el acceso a la información y favorecer la continuidad de los cuidados. Son posibilidades relevantes en entornos donde se manejan numerosos parámetros y las decisiones deben tomarse con rapidez. Su materialización, sin embargo, depende de que los sistemas se comuniquen de forma fiable y de que los datos lleguen al profesional dentro de su flujo de trabajo.
La estrategia de Dräger, según Blanco, es avanzar hacia un ecosistema de tecnologías médicas conectadas en las áreas críticas. “Queremos facilitar el trabajo de los profesionales sanitarios: reducir tareas manuales, integrar la información relevante y apoyar decisiones clínicas informadas, para que puedan dedicar más tiempo al paciente”, afirma. El objetivo para los pacientes es contribuir a una atención “más segura, personalizada y coordinada”, añade.
SDC: del mantenimiento del equipo al del sistema conectado
Uno de los contenidos de la formación es SDC (Service-oriented Device Connectivity), integrado en la familia de estándares ISO/IEEE 11073. Blanco lo describe como un lenguaje común para intercambiar información entre dispositivos y sistemas compatibles, incluidos los de distintos fabricantes. Su interés reside en facilitar una interoperabilidad basada en estándares abiertos.
Para los equipos de electromedicina, esta arquitectura obliga a ampliar la mirada. «Además de su funcionamiento, debemos considerar el software, los certificados y la comunicación con otros sistemas, evaluando cómo puede afectar una actualización o intervención a las funciones integradas», explica Blanco. El mantenimiento pasa así a contemplar tanto el estado de cada dispositivo como sus relaciones con el entorno digital del hospital.
La ciberseguridad forma parte de ese mismo trabajo. Blanco destaca la necesidad de gestionar las versiones de software, evaluar vulnerabilidades y aplicar las actualizaciones y los parches validados por cada fabricante durante la vida útil de los equipos. Estas actuaciones requieren planificación para preservar la compatibilidad entre sistemas y la continuidad asistencial, además de una coordinación estrecha con los equipos de IT y ciberseguridad de Osakidetza.
De monitorizar a anticipar: el potencial de la IA
La información procedente de equipos conectados también puede alimentar herramientas de apoyo a la decisión clínica. Claudia Sánchez Gómez, Senior Data Scientist de NTT DATA, sitúa el interés de la inteligencia artificial en la combinación de un elevado volumen de datos con la heterogeneidad clínica y la rapidez de decisión propias de las áreas críticas.
En una UCI, explica, un modelo puede combinar constantes vitales, analíticas, escalas, tratamientos y datos de distintos dispositivos para identificar patrones de deterioro y estimar riesgos. “No se trata simplemente de detectar que una variable ha superado un umbral, sino de reconocer patrones entre múltiples señales y proporcionar información antes de que el deterioro sea evidente”, señala. Esa anticipación podría ayudar al profesional a intervenir antes, aunque cada aplicación debe demostrar su utilidad en el contexto asistencial donde se implante.
«La confianza no se consigue sólo con buenas métricas, sino demostrando que la solución funciona en la práctica y aporta valor», señala Claudia Sánchez Gómez
Sánchez Gómez identifica varios requisitos para avanzar: datos clínicos de calidad, estandarizados e interoperables; integración de las soluciones en los sistemas hospitalarios; validación en entornos reales, y monitorización continua. También menciona la regulación, la explicabilidad y la seguridad. “La confianza no se consigue sólo con buenas métricas, sino demostrando que la solución funciona en la práctica y aporta valor”, sostiene.
Esa evaluación debe incluir el impacto clínico y operativo. Una menor carga de registro o un acceso más ágil a la información podrían mejorar el uso del tiempo y los recursos hospitalarios, pero los posibles ahorros no pueden darse por supuestos: han de medirse en cada implantación. Según Sánchez Gómez, las soluciones deberán codiseñarse con los profesionales, que seguirán ocupando el centro de la decisión clínica. “El objetivo no es automatizar la decisión clínica, sino proporcionar información relevante en el momento adecuado para ayudar a tomar decisiones más tempranas y mejor informadas”.
La colaboración entre administraciones, profesionales sanitarios, ingenieros y compañías tecnológicas está configurando ya este modelo en áreas como la ventilación, la anestesia, la neonatología y el quirófano. En él, formar a los equipos técnicos tiene una consecuencia práctica: permite gestionar con mayor conocimiento las conexiones de las que depende la tecnología clínica. Su valor final estará en que esa infraestructura proporcione información fiable a los profesionales y contribuya, con resultados verificables, a mejorar la atención al paciente.










