Semfyc: la atención sanitaria debe responder a las «necesidades clínicas y epidemiológicas» de cada persona y «no a su condición migratoria»

La sociedad científica presenta dos documentos para orientar la prevención, evaluación y control de enfermedades infecciosas y la actualización vacunal en población migrante

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Redacción
La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) ha presentado dos documentos de procedimiento clínico dirigidos a los equipos de atención primaria para facilitar la intervención ante enfermedades infecciosas y la actualización de la vacunación en población migrante. Las guías, centradas en la prevención, evaluación y control de infecciones y en la estrategia vacunal ante crisis migratorias, sitúan a la atención primaria como un nivel asistencial clave para responder a estos escenarios.

Los documentos elaborados por la Semfyc son ‘Estrategia vacunal en Atención Primaria ante una crisis migratoria’ y ‘Prevención, evaluación y control de enfermedades infecciosas en población migrante recién llegada’. Con estas herramientas, la sociedad científica pretende proporcionar recursos prácticos que apoyen la toma de decisiones de los profesionales sanitarios.

La Semfyc señala que la respuesta sanitaria debe atender «las necesidades clínicas y epidemiológicas de cada persona y no a su condición migratoria», según explica la presidenta de la organización, Remedios Martín. En este sentido, el documento recoge que «el país de origen y de residencia, la ruta seguida en el proceso migratorio, las exposiciones durante el tránsito, la cronología desde la última exposición, las condiciones de alojamiento, el estado vacunal y la posibilidad de continuidad asistencial determinan la probabilidad de infección y el rendimiento del cribado». Asimismo, apunta que «la atención de las personas migrantes recién llegadas debe basarse en el riesgo individual y epidemiológico, no en la condición migratoria».

Atención primaria, clave en la toma de decisiones clínicas

La Semfyc destaca el papel de atención primaria como primer nivel para articular la respuesta sanitaria ante estos casos. «Por su capacidad para realizar la valoración clínica inicial, detectar de forma dirigida determinadas enfermedades, iniciar las actuaciones necesarias y garantizar el seguimiento», explica Jesús Ortega, médico de familia y coordinador del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Semfyc. El documento sobre prevención, evaluación y control de enfermedades infecciosas establece que este nivel asistencial debe ser el eje de la planificación de la intervención clínica.

Entre las prioridades se encuentra la identificación precoz de enfermedades infecciosas con potencial de brote, como el sarampión, la varicela, la tuberculosis (TB) pulmonar, la gastroenteritis infecciosa y la escabiosis. Además, recomienda mantener vigilancia ante la enfermedad meningocócica, la difteria y la poliomielitis, así como descartar con urgencia la malaria en personas con fiebre y antecedentes de exposición compatibles.

El documento subraya que «el cribado debe ser dirigido y ajustado a la procedencia y exposición de cada persona para patologías como la tuberculosis, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), virus de la hepatitis B y C (VHB y VHC), la estrongiloidiasis o la esquistosomiasis». Además, señala que resulta «indispensable asegurar que toda prueba vaya ligada a la confirmación diagnóstica, el tratamiento y la continuidad asistencial». 

Recuperar la protección vacunal desde el primer contacto

Uno de los principales retos en la atención a población migrante es la falta de información sanitaria completa o verificable, especialmente en relación con la vacunación. El documento de estrategia vacunal elaborado por el Grupo de Vacunas del Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (Papps-Semfyc) plantea la necesidad de identificar las necesidades de prevención, revisar el estado vacunal y actualizar las vacunas necesarias.

«Cuando no existe documentación fiable, debe actuarse para recuperar la protección frente a enfermedades inmunoprevenibles sin retrasar innecesariamente la vacunación», resume Ana Pilar Javierre, coordinadora del Grupo de Vacunas. La especialista señala que, entre las prioridades para adolescentes y personas adultas, se encuentran la triple vírica, la poliomielitis y la protección frente a tétanos y difteria.

«La oportunidad de vacunación debe aprovecharse desde los primeros contactos asistenciales, especialmente en personas cuya movilidad puede dificultar la continuidad de las pautas. Cuando no existe un registro vacunal fiable, no es necesario retrasar la vacunación a la espera de documentación o de una serología», apunta Ana Pilar Javierre, especialista de familia y coordinadora del grupo de Vacunas del Papps de la Semfyc. Además, añade que «las dosis administradas deben quedar registradas y acompañarse de un certificado escrito que permita garantizar su trazabilidad y completar posteriormente las pautas pendientes, sin reiniciar las que ya se hayan iniciado».

La prevención debe incluir alojamiento, higiene y continuidad asistencial

La Semfyc destaca que la vacunación debe integrarse dentro de una estrategia preventiva más amplia. Los documentos señalan que las condiciones de alojamiento, la presencia de personas susceptibles y la continuidad de la atención sanitaria pueden influir en la protección de la población. Por ello, junto a la vacunación, recomiendan garantizar medidas relacionadas con el agua, el saneamiento, la higiene y la reducción del hacinamiento cuando sea necesario. Según los documentos, estas actuaciones «tienen, en este escenario, al menos tanto impacto como la vacunación».

Además, la sociedad científica insiste en que la respuesta sanitaria no debe traducirse en la realización sistemática de pruebas a todas las personas por el hecho de ser migrantes, sino en un cribado dirigido según exposiciones y factores epidemiológicos. En situaciones de llegadas numerosas, la Semfyc plantea priorizar la valoración clínica, la detección precoz de casos, la vigilancia de posibles agrupaciones y la recuperación de la vacunación, evitando medidas indiscriminadas como el cribado microbiológico generalizado o el aislamiento colectivo.

«La incertidumbre inicial debe traducirse en una mayor capacidad de vigilancia y respuesta. Este planteamiento permite diferenciar entre la posibilidad de que una persona presente una infección y el riesgo de transmisión. La presencia de una infección crónica o latente no equivale a un riesgo inmediato de transmisión, que depende de factores como la existencia de una infección activa, el mecanismo y periodo de transmisibilidad, la susceptibilidad de los contactos y las condiciones de exposición», concluye Jesús Ortega.

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