“Quiero una estrategia de prevención primaria masiva que se ocupe de por qué enfermamos de problemas cardiovasculares y de la cronicidad”

Entrevista con María Neira, candidata a la dirección general de la Organización Mundial de la Salud (OMS)

María Neira, candidata a la dirección general de la OMS salud hospitales

Patricia Durán Carrasco (Oviedo)
María Neira llega a Oviedo no solo como protagonista de la conferencia inaugural del 24 Congreso Nacional Farmacéutico, sino también como candidata española a dirigir la Organización Mundial de la Salud (OMS), tal como anunció la semana pasada el Gobierno, que la postuló a este organismo la semana pasada, durante la Asamblea General de la ONU.

Neira conoce bien esa casa. Fue directora del departamento de Salud Pública y Medio Ambiente durante más de dos décadas. Por eso insiste, en una entrevista que concede a iSanidad, en transformar los sistemas sanitarios para anticiparse a la enfermedad y reforzar la prevención, al tiempo que reclama un mayor acceso a los medicamentos, la transferencia de tecnología y sistemas regulatorios más sólidos en los distintos países. Asimismo, identifica desafíos en la prevención primaria, la respuesta ante futuras pandemias, el enfoque One Health y la necesidad de reforzar la cooperación internacional.

España ha presentado formalmente su candidatura para dirigir la OMS. ¿Qué significa para usted asumir este reto y qué puede aportar con su conocimiento de más de dos décadas en la organización?
Desde luego, significa una grandísima responsabilidad. Pero también vértigo, preocupación, entusiasmo, agradecimiento; todo mezclado. Hay momentos en que la responsabilidad me desborda y otros en los que el entusiasmo me mantiene motivada.

“Creo que puedo hacer algo más fuerte todavía en salud pública de lo que se está haciendo hasta ahora”

Respecto a lo que puedo aportar, llevo muchos años trabajando en salud pública. Desde la clínica, cuando empecé en París, hasta los campos de refugiados y la comunidad gubernamental.

Son muchos años en la OMS, mucha experiencia sobre el terreno. La pasión que me guía es siempre la salud global. Y cuando ves que hay una oportunidad, es lo que me motiva para hacer algo más fuerte todavía en salud pública de lo que se está haciendo hasta ahora. Eso es lo que siento, lo que me motiva y lo que me guía.

Quiero que ese oro que tiene en la mano la OMS, lo pueda utilizar lo mejor posible; que tengamos el mayor impacto posible con los medios que tenemos; con credibilidad y, sobre todo, que responda a los retos de salud pública actuales. Tendremos que adaptarnos a un mundo moderno, diferente, al que hay que saber reaccionar y en el que también hay que saber proteger y promover la salud al máximo posible.

¿Cuáles serían sus primeras prioridades si finalmente asumiera la dirección de la OMS en 2027?
Mi prioridad sería asegurarme de que toda la gente que trabaja en la OMS estuviera en un ambiente positivo y agradable para poder trabajar lo mejor posible. También, garantizar que todos los profesionales que trabajan en la OMS sean los más competentes. Siempre bajo esa excelencia en cuanto a la capacidad, el nombre y la credibilidad de la organización.

Pero hay muchísimas ideas que poner en marcha. El hecho de que llevase muchos años trabajando dentro e intentando que, con la capacidad del departamento que tenía, pudiéramos llegar lo más lejos posible y obtener el mayor impacto posible. Ese trabajo ahora sería a nivel global.

“Muchos procesos se podrían reducir, como la parte administrativa o la parte burocrática”

Empezaría por resolver de una vez por todas el acceso al agua potable. No puede ser que hablemos de salud global y haya millones de personas que no tengan ni siquiera agua potable. Eso no es salud. Si queremos resolver el problema de la malaria, del ébola, del sida, habrá que resolver también el problema del agua lo antes posible.

Quiero ver paneles solares en todos los centros de salud en África para que tengan electricidad y puedan dar los servicios que se necesitan en cada momento. Quiero que la malaria y esas enfermedades para las que ya tenemos tratamiento, prevención e incluso, en algunos casos, vacunas, se conviertan en un problema de salud pública mínimo. Pero hay que trabajar también sobre las condiciones que las generan.

Además, quiero una estrategia de prevención primaria masiva que se ocupe de por qué enfermamos de problemas cardiovasculares y de la cronicidad. Que también nos permita anticiparnos también a los riesgos emergentes que están llegando y a los que vamos a tener que hacer frente: desde los microplásticos hasta la basura electrónica y los disruptores endocrinos.

¿Qué cambio considera más necesario en el funcionamiento de la OMS para que la organización pueda responder mejor a los retos sanitarios actuales?
Lo primero, como decía, es la excelencia: recuperar el nombre, la credibilidad, la confianza que no se regala, sino que se obtiene con esa credibilidad. Una cooperación, obviamente, con los Estados miembros, que son los que dirigen la OMS. Sin embargo, muchos procesos se podrían reducir, como la parte administrativa o la parte burocrática.

“Tendremos que adaptarnos a un mundo diferente al que debemos saber reaccionar para proteger y promover la salud”

La OMS tiene que liderar la coordinación entre muchos otros grupos e instituciones que hacen salud global. Contar con la capacidad de convocar a todos esos grupos y que haya un alineamiento mucho más estratégico, así como una disciplina fiscal y financiera importante, orientada sobre todo al mandato que tiene la OMS en cuanto a estándares, ciencia y recomendaciones de salud pública.

La pandemia provocada por el Covid-19 puso a prueba la capacidad de respuesta de la OMS y dejó diferentes aprendizajes sobre vigilancia epidemiológica, coordinación internacional y preparación ante futuras crisis. ¿Qué cree que todavía no hemos aprendido de aquella crisis y qué medidas son necesarias para estar mejor preparados ante la próxima emergencia sanitaria?
Para empezar, tenemos que terminar de aprobar el acuerdo sobre pandemias. Falta un anexo, que es el de la identificación de los riesgos y el de compartir los beneficios que se puedan generar de esa identificación del patógeno. Pero hay que ir mucho más allá todavía. Hace falta crear esa confianza entre los países para que seamos una salud global y se pueda responder lo más rápido posible, identificando cada uno su rol, sus capacidades y sus ventajas comparativas.

“Creo que, en nombre de la salud, uno puede convencer de muchas cosas”

No tenemos que hacer todos lo mismo, pero hay que asegurar que haya acceso a los medicamentos y transferir tecnología a los países, no solo garantizar el acceso a los fármacos. Los países deben contar con sistemas regulatorios y avanzar mucho en este sentido. Si damos una visibilidad y un nombre muy fuerte a la salud global, esos recursos y esa capacidad van a aparecer y nos permitirán avanzar.

Usted ha defendido en múltiples ocasiones que la salud humana no puede separarse de la salud del planeta. ¿Qué papel tendrá el enfoque One Health en la agenda de la OMS si sale elegida como directora? Y, al mismo tiempo, ¿qué margen de maniobra cree que tiene esta organización para hacer frente a amenazas para la salud de la humanidad, como la emergencia climática o la contaminación atmosférica y medioambiental?
Quién puede estar en desacuerdo con que, si afectas y dañas la salud ambiental, los entornos y la biodiversidad, no va a acabar repercutiéndonos en nuestra salud. La gente entiende perfectamente que, si el pescado que nos comemos está lleno de plásticos, eso va a terminar también en nuestro organismo. Entiende que, si viertes químicos en un agua que luego va a llegar a la bebida, también afecta a tu salud. Ese enfoque One Health no es nada más que una cuestión de sentido común, puro y duro.

En cuanto al margen de maniobra, si lo sabemos hacer, es muy amplio. Y yo creo que tengo muchos años para hacerlo. Creo que en nombre de la salud uno puede convencer de muchas cosas. Pero hay que saber poner el diálogo, la confrontación, la conversación en términos positivos. Y hay que saber, evidentemente, mostrar todo el contexto para que, durante una negociación, se vea cuáles son los beneficios que se van a obtener para la salud de las personas. Ese margen, personalmente, creo que lo ampliaría muchísimo.

“Los farmacéuticos forman parte de ese puzle fundamental que es la salud y juegan un papel fundamental en la cercanía, pero también contribuyen a nivel global”

Los sistemas sanitarios se encuentran cada vez más saturados debido al envejecimiento, las enfermedades crónicas, la falta de recursos y profesionales y el aumento de los costes. ¿Es sostenible el modelo actual y cuál debería ser el cambio estructural más urgente de cara al futuro?
El cambio estructural más urgente para cambiar el futuro es precisamente esa estrategia para transformarlo y avanzar hacia una prevención primaria a gran escala. Lo que también nos dará un apoyo para reducir esa saturación de los sistemas sanitarios al enfermar menos. No tiene sentido que sigamos tratando enfermedades que, de alguna manera, nosotros contribuimos a generar. Para mí sería muy bonito realizar esa transición masiva a gran escala de prevención primaria.

Es una manera diferente también de trabajar en la OMS. Tú no eres solo un ministro de Salud a lo grande que trabaja con otros ministros de Salud, sino que también trabajas con alcaldes, que tienen mucha capacidad de respuesta en las ciudades; con ministros de Energía; de Medio Ambiente; de Economía, por supuesto; de Vivienda y de Educación. Nuestro trabajo en salud no puede ser solo en los hospitales o en el sistema sanitario, tiene que ser fuera de ellos.

Usted va a inaugurar el Congreso Nacional de Farmacéuticos en un momento de transformación del sistema sanitario. ¿Qué papel cree que debe asumir el farmacéutico para responder a los nuevos retos de salud pública?
Esa proximidad que tienen los farmacéuticos es un valor añadido fundamental. Los farmacéuticos forman parte de ese puzle fundamental que es la salud y juegan un papel clave por su cercanía, pero también contribuyen a nivel global.

“Ese enfoque One Health no es nada más que una cuestión de sentido común, puro y duro”

En estos retos que estamos enfrentando en este momento, vamos a tener que incorporar esa visión de una manera muy importante y entender, como decía antes, que la salud no empieza en los hospitales. Los hospitales nos arreglan la salud, nos la vuelven a poner en marcha cuando se pierde, pero esta empieza mucho antes. Y las farmacias son también un lugar donde la salud empieza.

Desde su experiencia en salud pública y en la OMS, ¿qué margen tiene la farmacia comunitaria para reforzar la prevención y contribuir a anticiparse a problemas de salud que van a tener cada vez más peso, como las enfermedades crónicas, el envejecimiento o los efectos del cambio climático?
De nuevo, la importancia de esa proximidad. Tienen este trabajo con las comunidades, donde pueden ejercer una labor de información, de consulta, donde transmiten buenos hábitos, son los profesionales más cercanos para educar en el uso de medicamentos, entre otras tantas cosas. La nutrición es otro ámbito en el que pueden estar cercanos a la población. Todo ello transmite parte de esa estrategia de prevención primaria y de salud global.

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