J. L. G.
Los países nórdicos y, en el sur de Europa, España, ofrecen modelos de dependencia basados en la financiación pública ajustada a los presupuestos. Pero, mientras en Suecia, Dinamarca o Noruega la gestión se concentra en municipios, más a nivel micro, en nuestro país se extrapola a las comunidades autónomas. Es un rasgo que define la heterogeneidad de sistemas dentro de la Unión Europea (UE) respecto a la dependencia, pero hay otros que definen la manera de plantear cómo se cubre un aspecto crucial en las sociedades: el de los cuidados.
Álvaro Hidalgo Vega, catedrático de Economía de la Salud en la Universidad de Castilla-La Mancha y presidente de la Fundación Weber detalla uno de ellos. Cómo se retribuyen esas ayudas: en especie o económicamente. Y es aquí donde los nórdicos y España, Italia o Alemania se diferencian. En los primeros, se apuesta por un apoyo traducido en términos de profesionales o centros; mientras, en los segundos, las subvenciones se ciñen a cuantías económicas.
“Detrás de la dependencia existen además muchas comorbilidades y aspectos que van a ser drive de gasto en otros ambientes como pueden ser el sanitario”, desgrana Hidalgo, que menciona la fragilidad o la cronicidad como fenómenos que generan (y generarán) un gasto considerable. Habla de costes anuales medios de 17.000 euros por persona.
Álvaro Hidalgo (Fundación Weber): “Seguimos gastando desde el punto de vista económico poco y de manera desigual”
El experto, que intervino en la conferencia inaugural de la primera Convención Europea de la Dependencia que se celebró en el Círculo de Bellas Artes (Madrid), hizo referencia también al desequilibrio en la balanza que hay actualmente respecto a la dependencia: “Seguimos gastando desde el punto de vista económico poco y de manera desigual”. España gasta en torno a un 1% del PIB, cerca de la media de los países que componen la OCDE, pero muy lejos de los que están a la vanguardia en este sentido: Países Bajos (4,08% del PIB) y Suecia (3,68%).
La directora del Global Observatory of Long-Term Care, Adelina Comas-Herrera, expone la formula del Cubo de la Cobertura Universal que deja a las claras las desigualdades en Europa. En sus tres vertientes (qué cubre el sistema, a quién se cubre y cómo se cubre) se hace una observación sobre cada modelo de la UE. Su conclusión es que “a pesar del complejo clima económico y político, vemos mejoras en la cobertura sanitaria en bastantes países”.
No obstante, se refiere a sistemas fuera de los comunitarios que podrían servir como ejemplo por sus mecanismos para la mejora continua, como Japón y Corea, “mientras que otros países requieren reformas más sustantivas que podrían ser de ayuda futura”, detalla Comas-Herrera en una mesa con académicos, investigadores y representantes de la patronal, que moderó Luis Rubalcaba, catedrático de Economía en la Universidad de Alcalá de Henares (UAH).
Lorraine Frisina (Universidad de Bremen): “Alemania está haciendo muy buen trabajo al valorar la fragilidad de las personas, pero falla en el acceso de estas a los recursos”
Desde el punto de vista de la European Confederation of Care Homes Organisations (ECHO), “Europa no tiene un único modelo de cuidados, la cobertura sigue siendo desigual y cambia la responsabilidad en un intento por desviarla hacia esos cuidados informales”, apunta la consultora estratégica de esta organización, Ilaria Giannico. Ofrece además la magnitud del papel de este sector en apenas unas décadas, con una población potencial a atender de 38,1 millones de europeos para 2050, y la tendencia creciente de que esta atención se realizará de manera domiciliaria (en 2023, eran un 70% las personas dependientes).
La profesora de Salud Pública en la Universidad de Bremen, Lorraine Frisina, observa cómo Alemania desde la reforma aprobada en 2017 en dependencia ha logrado mejorar la detección de personas con trastornos como demencia o autismo. De hecho, aumentó en un 50% las nuevas personas que se reconocieron en necesidad de cuidados, especialmente también en jóvenes, y no solo mayores con fragilidad.
“Alemania está haciendo muy buen trabajo al valorar la fragilidad de las personas, pero falla en el acceso de estas a los recursos. Hay residencias con camas vacías porque no existe suficiente número de trabajadores. El acceso se ve impactado por la realidad laboral”, advierte Frisina. Punto en el que coincide Hidalgo, que destaca la importancia de “cribar la fragilidad y la capacidad intrínseca desde los 70 años en atención primaria”.
A nivel nacional, José Luis Pareja, presidente de Federación Lares España, se muestra tajante y habla de que el sistema español de dependencia “requiere de una reconversión”. Y, desde la visión empresarial, reconoce las presiones al alza sobre el coste: hace falta más personal, pero no lo tienen, mejor formación y mejores condiciones laborales.









