Especialistas alertan del infratratamiento de la osteoporosis y reclaman más prevención

La incidencia de fracturas por fragilidad alcanza los 10,91 casos por cada 1.000 personas y plantea un reto para atención primaria

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Jorge Pastor Arrizabalo
La osteoporosis continúa siendo una enfermedad infratratada en España pese a su alto impacto clínico, asistencial y económico. Cada año se producen unas 285.000 fracturas por fragilidad y se estima que afecta a casi tres millones de personas en España. Así se ha puesto de manifiesto en el seminario La osteoporosis: una enfermedad silenciosa, un impacto real celebrado en Madrid y organizado por Gedeon Richter, donde los especialistas han resaltado la necesidad de identificar de forma precoz a los pacientes con mayor riesgo y de reforzar la prevención, especialmente después de una primera fractura.

La prevalencia de osteoporosis en mayores de 50 años se sitúa en el 10,7% y se observa, además, una importante brecha de género, ya que afecta al 18,6% de las mujeres frente al 2,6% de los hombres. En cuanto a la mortalidad tras una fractura de cadera, al año alcanza el 20,3% en los hombres frente al 14,4% en las mujeres.

La carga de estas fracturas también se refleja en atención primaria. La incidencia registrada alcanza los 10,91 casos por cada 1.000 personas. Para un médico de familia con una población de 1.500 pacientes, supone atender entre seis y siete casos de fractura por fragilidad al año, según ha explicado la Dra. Cristina Carbonell, presidenta de la Sociedad Española de Investigación Ósea (Seiomm).

El envejecimiento de la población puede incrementar todavía más esta carga. Según ha apuntado la Dra. Carbonell, las proyecciones demográficas del Instituto Nacional de Estadística (INE), apuntan a que el porcentaje de población mayor de 65 años pasará del 21% actual al 26% en 2034. De esta forma, las fracturas por fragilidad podrían aumentar hasta las 370.000 dentro de cuatro años.

Prevenir nuevas fracturas tras el primer episodio

A este impacto se suma el déficit de tratamiento. La presidenta de la Seiomm ha señalado que se estima que 1,17 millones de mujeres mayores de 50 años que serían elegibles para recibir tratamiento no lo están recibiendo. Entre las mujeres elegibles, el 64% permanece sin tratar. Aunque el porcentaje de pacientes que reciben tratamiento ha aumentado hasta el 58% en 2024, la presidenta de la Seiomm ha considerado que es «insuficiente».

La Dra. Irene Llorente, reumatóloga del Hospital Universitario de Getafe, ha resaltado la importancia de la primera fractura, a la que se ha referido como una «fractura centinela», para identificar a los pacientes con mayor riesgo. Y ha incidido en que «tenemos que ser un poquito más pesados en apostar por la prevención».

El riesgo de sufrir una nueva fractura aumenta después del primer episodio, especialmente durante los dos primeros años. Por ello, la prevención secundaria requiere una actuación coordinada que incluya identificación, investigación, evaluación, intervención y seguimiento. En este contexto, las unidades de coordinación de fracturas (FLS) permiten establecer circuitos para detectar a quienes han sufrido una fractura y valorar su necesidad de tratamiento.

La valoración del riesgo no depende únicamente de la densitometría. La Dra. Llorente ha destacado la necesidad de combinar la historia clínica y los factores de riesgo con herramientas como la densitometría ósea, la imagen vertebral, las pruebas analíticas o FRAX. Esta calculadora permite estimar el riesgo de fractura a 10 años aunque, como ha señalado la especialista, presenta limitaciones y su uso debe complementarse con el juicio clínico.

Un impacto que alcanza a pacientes y cuidadores

Las consecuencias de las fracturas afectan también a la autonomía y a la calidad de vida. El 62,7% de los pacientes no recupera su calidad de vida y el 40% presenta incapacidad para caminar de forma independiente. El impacto se extiende también al ámbito laboral, con 355.306 días de baja laboral y al entorno familiar, donde los cuidadores dedican entre 35 y 40 horas semanales.

Además, el 50% de los cuidadores principales presenta una sobrecarga intensa y el 78% de las personas cuidadoras en España son mujeres. En algunos casos, la propia paciente mantiene además responsabilidades de cuidado de otros familiares, lo que añade otra dimensión al impacto de las fracturas.

Tratamiento precoz y seguimiento del riesgo

En cuanto al tratamiento, la Dra. González ha recordado que «la osteoporosis no duele, pero sí duele la fractura» y ha explicado que el objetivo del tratamiento es evitar nuevas fracturas. El abordaje farmacológico incluye tratamientos antirresortivos, como los bisfosfonatos y denosumab, y tratamientos dirigidos a estimular la formación ósea. La elección depende de factores como la edad, el sexo, las comorbilidades, la localización y gravedad de las fracturas, la densidad mineral ósea y el riesgo de nuevos eventos.

Entre las medidas planteadas para mejorar el abordaje se encuentran la evaluación de los factores de riesgo clínico más allá de la densidad mineral ósea, el tratamiento precoz de los pacientes con riesgo alto o muy alto, la planificación de tratamientos secuenciales y la reevaluación del riesgo durante el seguimiento.

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