Fátima del Reino Iniesta
Las enfermedades infecciosas seguirán representando una amenaza para la salud mundial durante los próximos años. Además, los brotes, epidemias y pandemias pueden aparecer con mayor frecuencia y entrañar riesgos cada vez mayores. Así lo ha advertido este martes el Dr. José Miguel Cisneros, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla y presidente del Comité Profesional de la Especialidad de la Seimc, durante la nueva edición de la Escuela de Comunicación Seimc, coorganizada por la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc) y la Asociación de Informadores de la Salud (ANIS), en la ponencia Las 10 infecciones que pueden cambiar el mundo en 10 años.
«Me temo que van a venir con un ritmo mayor. O con mayor riesgo que hasta ahora», ha señalado el Dr. Cisneros, quien ha repasado algunas de las principales amenazas infecciosas que pueden condicionar la salud mundial durante la próxima década. Entre ellas figuran el ébola, la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, el virus del Nilo, el dengue, la mpox, la tuberculosis, la gripe aviar y las infecciones por bacterias multirresistentes.
Para analizar el futuro de estas enfermedades, el especialista ha recordado dos grandes crisis sanitarias que transformaron el mundo: el VIH y la pandemia de Covid-19. Ambas provocaron un enorme sufrimiento, pero también impulsaron importantes avances científicos, sanitarios y sociales.
En el caso del VIH, ha destacado el desarrollo de grandes ensayos clínicos internacionales y la aparición de los tratamientos antirretrovirales, que permitieron convertir una infección inicialmente mortal en una enfermedad crónica. También ha recordado cómo esta infección contribuyó a romper el tabú del sexo en la práctica clínica, generalizar inicialmente el uso del preservativo y favorecer una sociedad más tolerante.
Por su parte, la pandemia de Covid-19 permitió alcanzar hitos científicos en un tiempo extraordinariamente reducido. Entre ellos, ha mencionado el ensayo clínico Recovery, que demostró la utilidad de la dexametasona para reducir la mortalidad en determinados pacientes hospitalizados, y el rápido desarrollo de las vacunas.
El cambio climático y el debilitamiento de la cooperación sanitaria internacional favorecen un escenario de mayor vulnerabilidad frente a las enfermedades infecciosas
El cambio climático agrava el riesgo de enfermedades infecciosas
El especialista ha recordado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) identificó en 2019 las 10 principales amenazas para la salud mundial. De ellas, seis estaban relacionadas con las enfermedades infecciosas, incluida la posibilidad de una futura pandemia de gripe. «La OMS casi acierta», ha señalado el Dr. Cisneros, en referencia a la aparición de Covid-19 apenas un año después. A su juicio, el peso de estas patologías en la salud pública mundial pone de manifiesto la necesidad de contar con profesionales especializados en enfermedades infecciosas.
Uno de los principales factores que condicionarán la evolución de estas amenazas será el cambio climático. Cisneros ha citado una investigación publicada en Nature Climate Change, según la cual el 58% de las enfermedades infecciosas conocidas se han visto agravadas en algún momento por riesgos climáticos. El aumento de las temperaturas, las lluvias torrenciales y las inundaciones modifican los hábitats de los vectores que transmiten infecciones y alteran las condiciones ambientales que favorecen su propagación.
A estos factores se suma el debilitamiento de la cooperación sanitaria internacional. En este sentido, el especialista ha mostrado su preocupación por la retirada de Estados Unidos de la OMS y los recortes que afectan a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Cisneros ha recordado que Estados Unidos aportaba aproximadamente uno de cada cinco dólares de la financiación de la OMS. Asimismo, ha señalado que la falta de transparencia de determinados países dificulta la respuesta ante posibles amenazas. La pérdida de capacidad de las instituciones internacionales para vigilar y responder a las emergencias sanitarias constituye, a su juicio, un factor adicional de vulnerabilidad.
El 58% de las enfermedades infecciosas conocidas se han visto agravadas por riesgos climáticos
Del ébola a la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo
Entre las infecciones que pueden marcar los próximos años, Cisneros ha situado en primer lugar la enfermedad por el virus del Ébola, con especial atención al brote causado por el virus Bundibugyo en la República Democrática del Congo. El especialista ha explicado que las dificultades para controlar este brote están relacionadas con la precariedad del sistema sanitario, las limitaciones de financiación y los problemas para identificar los primeros casos. En concreto, ha señalado que el virus implicado no se detectaba mediante las pruebas diagnósticas utilizadas inicialmente, lo que retrasó la identificación de los afectados.
La segunda amenaza es la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, una infección que ya está presente en España desde 2016. Según las cifras expuestas por Cisneros, se han registrado 23 casos y siete fallecimientos, lo que supone una letalidad aproximada del 30%.
El especialista ha advertido de que la presencia del vector y del virus en territorio español supone un riesgo de expansión. Asimismo, ha destacado los desafíos asistenciales que plantean estos pacientes y el papel de las siete unidades de aislamiento y tratamiento de alto nivel (Uatan) existentes en España.
En este sentido, ha relatado la experiencia de un paciente atendido en Andalucía que permaneció hospitalizado ocho días y continuó posteriormente el seguimiento domiciliario durante 142 días, sin que se produjeran transmisiones. Este caso, según ha explicado, demuestra la necesidad de avanzar en los protocolos asistenciales de estas infecciones.
El virus del Nilo y el dengue ganan terreno en Europa
La tercera amenaza es la infección por el virus del Nilo occidental, que ha protagonizado importantes brotes en Andalucía durante los últimos años. Cisneros ha recordado los episodios de 2020 y 2024 en Sevilla y ha advertido de su progresiva expansión geográfica. «Ya es un problema endémico», ha señalado.
La transmisión de este virus depende de la presencia de mosquitos del género Culex, de las aves que actúan como reservorio y de unas condiciones ambientales favorables. En este escenario, ha destacado la importancia de los humedales, las aves migratorias de Doñana y determinadas zonas agrícolas, como los arrozales. El especialista ha subrayado que el abordaje de estas infecciones requiere integrar la salud humana, animal y ambiental, de acuerdo con el enfoque One Health.
La cuarta amenaza es el dengue autóctono en Europa. Según los datos presentados durante su intervención, en los últimos cuatro años se han registrado 612 casos de transmisión autóctona en el continente. Aunque todavía no se considera una infección endémica en Europa, su aparición demuestra que existen condiciones adecuadas para la transmisión local.
Cisneros también ha destacado los avances en el control vectorial mediante la bacteria Wolbachia, utilizada para reducir la capacidad de transmisión del dengue por los mosquitos. En un ensayo realizado en Indonesia, esta estrategia consiguió reducir un 77% los casos de dengue sintomático y un 86% las hospitalizaciones.
El virus del Nilo ya es una infección endémica en España, mientras que el dengue registra transmisión autóctona en distintos países europeos
Mpox y tuberculosis: el impacto de la globalización y las desigualdades
La quinta infección identificada por Cisneros es la mpox, anteriormente denominada viruela del mono. El especialista ha recordado que se trataba de una enfermedad localizada fundamentalmente en determinadas regiones africanas hasta que, en 2022, protagonizó una expansión internacional inesperada.
España fue uno de los países más afectados, con 8.636 casos vinculados al brote de 2022, según las cifras presentadas durante la conferencia. En este contexto, ha señalado la aparición del subclado Ib y los cambios en la transmisión del virus como ejemplo de las sorpresas epidemiológicas que pueden generar patógenos ya conocidos.
La sexta amenaza es una enfermedad milenaria: la tuberculosis. El jefe de servicio ha insistido en su estrecha vinculación con «la pobreza, el hambre y la malnutrición». Pese a tratarse de una infección prevenible y tratable, ha recordado que en 2024 se registraron alrededor de 10,7 millones de casos en el mundo y más de un millón de fallecimientos.
El especialista también ha advertido de que la aparición de cepas resistentes a los tratamientos disponibles puede agravar todavía más la situación. Esta amenaza afecta especialmente a las poblaciones vulnerables, aunque sus consecuencias pueden extenderse al conjunto de la sociedad. Asimismo, ha señalado las desigualdades sociales y territoriales existentes en España, donde determinadas zonas presentan una incidencia de tuberculosis considerablemente superior a la de otras áreas.
La gripe aviar, candidata a una futura pandemia
La séptima amenaza analizada ha sido la gripe aviar, especialmente la causada por el virus H5N1. «La gripe aviar es la candidata permanente a generar la próxima pandemia», ha afirmado Cisneros.
El especialista ha explicado que su expansión entre las aves y su capacidad para infectar a distintas especies de mamíferos constituyen motivos de preocupación. Aunque todavía no se ha establecido una transmisión eficaz y sostenida entre seres humanos, ha advertido de que esa posibilidad obliga a mantener una vigilancia epidemiológica estrecha.
En este sentido, ha recordado que, si el virus adquiriera la capacidad de transmitirse eficazmente entre personas y mantuviera una elevada patogenicidad, podría originar una nueva pandemia.
«La gripe aviar es la candidata permanente a generar la próxima pandemia», afirma Cisneros ante la expansión del virus H5N1
La octava amenaza son las infecciones por bacterias multirresistentes, un problema que Cisneros considera insuficientemente reconocido pese a su elevada magnitud sanitaria. Para ilustrarlo, ha presentado los resultados de un estudio multicéntrico realizado en hospitales españoles y publicado en 2025 en The Lancet Regional Health – Europe. Según los datos correspondientes a 2023, se estimaron 173.653 infecciones por bacterias multirresistentes en pacientes hospitalizados. De ellos, 24.582 fallecieron durante los 30 días posteriores al diagnóstico.
El especialista ha comparado estas cifras con las muertes ocasionadas por accidentes de tráfico para poner de manifiesto la dimensión del problema. En su opinión, las resistencias bacterianas no reciben una respuesta política y una financiación proporcionales a su impacto sanitario.
Otro de los factores que ha destacado es el consumo de antibióticos, especialmente en las áreas con menor nivel socioeconómico. Según ha explicado, los estudios realizados con profesionales de atención primaria muestran un mayor consumo en estas zonas.
También ha subrayado que España mantiene un consumo elevado de antibióticos, superior a la media europea, tanto en atención primaria como en el ámbito hospitalario. En este sentido, ha reconocido los avances logrados desde 2014 por el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), aunque considera que todavía existen aspectos importantes que mejorar.
La vigilancia epidemiológica y la infodemia, otros desafíos
Entre las últimas amenazas recogidas en su intervención figura el hantavirus, a propósito de la crisis sanitaria desencadenada en 2026 por un brote vinculado al crucero MV Hondius. El episodio obligó a activar medidas de vigilancia, seguimiento de contactos y coordinación internacional. La OMS dio por concluido el brote en julio, con un balance de 13 casos y tres fallecimientos.
Finalmente, Cisneros también ha hecho referencia a la enfermedad de Lyme, al denominado «Lyme crónico» y a la infodemia, uno de los desafíos asociados a la difusión y la interpretación de la información sanitaria. La información sanitaria y la prevención adquieren especial relevancia en este contexto. El especialista también ha señalado que las coberturas de vacunación entre los profesionales sanitarios presentan margen de mejora.
En definitiva, el análisis de estas amenazas apunta a un escenario en el que las enfermedades infecciosas seguirán condicionando los sistemas sanitarios, la investigación y las políticas de salud pública. El cambio climático, la globalización, las desigualdades sociales y la resistencia a los antimicrobianos obligan a reforzar la preparación frente a futuras crisis, incluso cuando todavía se desconoce qué patógeno protagonizará la próxima gran emergencia sanitaria.










