Farmacología Clínica apuesta por una visión transversal para determinar el impacto de las tecnologías y medicamentos en el SNS

El XXXIII Congreso de la Sociedad Española de Farmacología Clínica, que se celebrará en Madrid del 21 al 23 de octubre, analizará cómo la evaluación económica, el análisis presupuestario y las necesidades asistenciales permiten valorar su incorporación en el sistema sanitario

Farmacólogo clínico
Foto: Asociación Española de Farmacología Clínica

Redacción
Del 21 al 23 de octubre se celebrará en Madrid el XXXIII Congreso de la Sociedad Española de Farmacología Clínica, que abordará el papel del médico farmacólogo clínico en la evaluación de las consecuencias de la incorporación de nuevos medicamentos y tecnologías sanitarias al Sistema Nacional de Salud (SNS) desde una perspectiva de datos sobre su coste, los recursos que necesita y su impacto en la organización de la atención. Esta cuestión se desarrollará en dos debates: en la jornada precongresual ‘Aportación del farmacólogo clínico en la evaluación no clínica de Tecnologías Sanitarias’ y en la mesa de diálogo entre Farmacología Clínica e industria farmacéutica ‘Sinergias para la Innovación y la Evidencia en Salud’.

“El médico especialista en Farmacología Clínica puede aportar una visión transversal en cualquiera de las áreas que conforman la evaluación no clínica de una tecnología sanitaria, desde las dimensiones económicas y organizativas hasta las sociales y éticas. Contribuye a que la evaluación no clínica refleje de forma más completa el valor y las implicaciones reales de incorporar una tecnología al sistema sanitario”, comenta el Dr. José Porcel Maleno, médico especialista en Farmacología Clínica y secretario técnico CEIm Hospital Universitario Puerta de Hierro-Majadahonda.

La evaluación abarca aspectos éticos, sociales, legales y ambientales que requieren datos precisos sobre el uso diario de los medicamentos y los recursos que movilizan

El experto destaca el conocimiento del farmacólogo clínico sobre los tratamientos, el posicionamiento terapéutico, las alternativas disponibles y los perfiles de pacientes. “Esta visión resulta especialmente útil para trasladar la evidencia a las condiciones reales en las que la tecnología va a utilizarse; lo que permite anticipar no solo qué población puede beneficiarse, sino también cómo su incorporación puede modificar los circuitos asistenciales, el uso de otros tratamientos, las necesidades de seguimiento y el consumo de recursos”, afirma. “Además, ayuda a identificar consecuencias que pueden no ser evidentes en los ensayos clínicos, como el impacto presupuestario, los cambios organizativos, posibles problemas de equidad en el acceso o diferentes situaciones de uso”, sostiene.

El precio de la tecnología o del medicamento es una parte del análisis. La evaluación económica pone en relación los recursos utilizados y los resultados esperados frente a las alternativas disponibles. El impacto presupuestario permite estimar qué supondría incorporar la tecnología o el medicamento en cuestión para la población candidata a recibirlo. Distinguir ambas perspectivas ayuda a comprender por qué una opción puede ofrecer una relación favorable entre costes y resultados y, a la vez, requerir una planificación específica de los recursos.

En este sentido, Miguel Ángel Casado, especialista en Gestión de la Industria Farmacéutica y en Farmacoeconomía y análisis del uso de medicamentos, considera que “la evaluación económica y el impacto presupuestario responden a preguntas diferentes, pero complementarias. La primera trata de determinar qué valor aporta una nueva tecnología frente a las alternativas disponibles, relacionando sus resultados en salud con los recursos adicionales que requiere; el impacto estima qué supone para el conjunto del SNS incorporar esa tecnología, teniendo en cuenta la población candidata al tratamiento y su utilización”.

Evaluar una innovación no se limita al coste de adquisición, sino a entender los cambios necesarios en los centros para su correcta administración

El experto explica que, en el nuevo marco de evaluación de tecnologías sanitarias, se debe avanzar desde la evidencia de eficacia y seguridad, hacia la efectividad en práctica clínica, la eficiencia y el impacto presupuestario. Asimismo, sostiene que no se trata, únicamente, de conocer cuánto cuesta una innovación, sino de entender qué valor aporta, frente a qué alternativas y qué esfuerzo económico supone para el sistema hacerla accesible a los pacientes. Además, señala que el análisis también alcanza a la organización de la atención. Anticipar las necesidades permite valorar las condiciones que deben reunir los centros y los cambios que supondría su incorporación.

Además, la evaluación no clínica (aspectos éticos, legales, organizativos, sociales y ambientales) necesita datos sobre las condiciones de uso de los medicamentos y los recursos que movilizan. En este ámbito, el diálogo con la industria farmacéutica permite compartir necesidades de información y explorar cómo obtener datos útiles sobre la administración, el seguimiento y las poblaciones candidatas a recibir un tratamiento. La perspectiva asistencial del médico farmacólogo clínico puede ayudar a identificar qué aspectos conviene recoger para comprender su impacto económico y organizativo.

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