Dr. César Padilla, Servicio de Cirugía Plástica y Reconstructiva del Hospital Quirónsalud Málaga
Es un motivo de consulta más frecuente de lo que su silencio sugiere. El paciente que la padece lleva tiempo colocándose la ropa de cierta manera, evitando la playa y buscando posturas para disimular. Cuando por fin lo cuenta, suele hacerlo convencido de que la única salida es el quirófano. A veces lo es, muchas otras, no, y ahí el médico que lo recibe primero tiene un papel que el cirujano no puede sustituir.
Antes de derivar al cirujano, merece la pena buscar la causa: un fármaco, una alteración hormonal o una enfermedad pueden estar detrás de la ginecomastia
Conviene empezar por lo que el paciente toma. En el varón joven que entrena conviene preguntar directamente por el consumo de esteroides anabólicos. Entre los fármacos de uso común figuran algunos bloqueadores de los canales de calcio para la hipertensión, ciertos antipsicóticos y antidepresivos, y algunos tratamientos de la próstata. Si una de estas causas es reversible, cambiar el fármaco es lo primero, antes que cualquier derivación.
Después, lo que no se ve a simple vista. El hígado, el riñón y el tiroides (el hipertiroidismo, en particular) pueden manifestarse así. El alcohol y otras drogas cuentan. En el varón de edad avanzada, el descenso de la testosterona es una causa frecuente que conviene tener presente. Y hay una causa que no conviene pasar por alto por rara que parezca: los tumores testiculares que producen estrógenos. Palpar el testículo forma parte de la exploración, no es un añadido opcional.
El adolescente merece un párrafo aparte. La ginecomastia puberal responde a una fluctuación hormonal y suele resolverse sola con el tiempo. Operar ahí es adelantarse a un proceso que probablemente se corrija solo. Lo sensato es esperar y acompañar.
Glándula o grasa: la exploración decide
La distinción clínica más útil se hace con las manos. La ginecomastia verdadera es un exceso de glándula mamaria: tejido firme, bien delimitado, situado justo detrás de la areola, de origen casi siempre hormonal, y no desaparece con dieta ni ejercicio. La pseudoginecomastia es grasa, blanda y difusa, repartida, típica después de ganar y perder peso. Muchos casos son mixtos. Puede afectar a un lado o a los dos.
Esta diferencia no es académica, de ella depende el tratamiento, y confundirlas lleva a malos resultados. Cuando hay dudas sobre el componente hormonal, el endocrino estudia; el médico de familia orienta y filtra; la cirugía, cuando procede, la hace el cirujano plástico. Cada uno en su sitio y en su orden.
Antes de firmar la derivación al cirujano, merece la pena dedicar diez minutos a preguntar y palpar
La cirugía tiene indicación cuando la ginecomastia es persistente, con glándula ya establecida, y afecta a la vida del paciente. La glándula establecida no se va con ejercicio ni con dieta: esa es la frontera entre insistir en el gimnasio y pasar al quirófano. La técnica se ajusta a lo que hay. La glándula se extirpa por una incisión mínima en el borde de la areola, y una vez fuera no se regenera. El componente graso se trata con liposucción. Si sobra algo de piel, se emplean técnicas de retracción cutánea. Las cicatrices quedan en milímetros, en el borde de la areola o en pliegues naturales. El error que veo con más frecuencia es tratar una glándula solo con liposucción: deja intacto el bulto detrás de la areola. El contrario, sobrecorregir, deja un hundimiento igual de visible.
Conviene que el paciente sepa qué le espera. Las primeras 48 a 72 horas cursan con una sensación de agujetas intensas que se controla con medicación. El trabajo de oficina se retoma a los 3 o 4 días, el esfuerzo físico y el ejercicio suave de 10 a 14 días, y el resultado definitivo se asienta de 3 a 6 meses después. Antes de firmar la derivación al cirujano, merece la pena dedicar diez minutos a preguntar y palpar. En buena parte de los casos, ese rato cambia la respuesta.










