Redacción
El Hospital Universitario HM Sanchinarro ha incorporado lecanemab y donanemab, dos anticuerpos monoclonales dirigidos contra la proteína beta-amiloide que permiten ralentizar la progresión del alzhéimer en pacientes seleccionados en fases tempranas. Hasta el 14 de octubre, ocho pacientes habían comenzado a recibir alguno de estos tratamientos: cinco con donanemab y tres con lecanemab.
El equipo de neurología del centro, dirigido por la Dra. Natalia Barbero, comenzó a administrar donanemab en agosto y, posteriormente, el 16 de septiembre, inició el tratamiento con lecanemab. La incorporación de ambas terapias amplía las opciones disponibles para pacientes con alzhéimer en fases iniciales, aunque su utilización exige una evaluación neurológica individualizada, pruebas diagnósticas específicas y seguimiento especializado.
Mecanismo de acción
La principal novedad de lecanemab y donanemab reside en su mecanismo de acción. Ambos son anticuerpos monoclonales dirigidos contra determinadas formas de la proteína beta-amiloide, cuya acumulación cerebral constituye una de las características patológicas del alzhéimer.
La decisión de iniciar el tratamiento debe basarse en una evaluación neurológica individualizada, que tenga en cuenta el estado cognitivo del paciente, los resultados de las pruebas diagnósticas, los factores de riesgo y las posibles contraindicaciones
A diferencia de los tratamientos sintomáticos tradicionales, estas terapias actúan sobre uno de los procesos biológicos implicados en la enfermedad. Los ensayos clínicos han demostrado su capacidad para ralentizar el deterioro cognitivo y funcional en determinados pacientes. Sin embargo, estos medicamentos no curan el alzhéimer, no revierten el daño cerebral existente ni detienen completamente su progresión. Su beneficio consiste en reducir la velocidad del deterioro, lo que puede contribuir a preservar durante más tiempo la memoria, el razonamiento y la autonomía personal.
«Estamos ante un cambio importante en el abordaje de la enfermedad de Alzheimer, porque por primera vez disponemos de tratamientos que actúan sobre uno de los mecanismos implicados en su desarrollo y que han demostrado capacidad para ralentizar su progresión. No estamos hablando de una cura ni de recuperar las capacidades que el paciente ya ha perdido, sino de intentar que el deterioro avance más lentamente. En una enfermedad como el alzhéimer, en la que la autonomía se va perdiendo de forma progresiva, conseguir que una persona pueda mantener durante más tiempo sus capacidades cognitivas y funcionales tiene un valor muy importante, tanto para ella como para su familia», explica el Dr. Villino Rodríguez, del Servicio de Neurología del Hospital Universitario HM Sanchinarro.
Dr. Villino Rodríguez: «Por primera vez disponemos de tratamientos que actúan sobre uno de los mecanismos implicados en su desarrollo y que han demostrado capacidad para ralentizar su progresión»
El diagnóstico temprano, clave para seleccionar a los pacientes
Lecanemab y donanemab no están indicados para todas las personas con alzhéimer. Su administración se dirige a pacientes en fases iniciales y requiere confirmar tanto el diagnóstico como la presencia de patología amiloide mediante las pruebas correspondientes. Por este motivo, el diagnóstico precoz adquiere especial relevancia. Identificar la enfermedad cuando los síntomas todavía son leves permite valorar estas alternativas antes de que se produzca un deterioro cognitivo y funcional más avanzado.
La decisión terapéutica debe basarse en una evaluación neurológica individualizada, que incluya el estado cognitivo, los resultados de las pruebas diagnósticas, los factores de riesgo y las posibles contraindicaciones. Además, es necesario realizar una valoración específica de seguridad, que contemple determinados factores genéticos y estudios de neuroimagen conforme a los criterios establecidos para cada medicamento. El objetivo es identificar a los pacientes con posibilidades de obtener un beneficio clínico y minimizar los riesgos asociados al tratamiento.
La utilización de estos tratamientos requiere un diagnóstico preciso, confirmar la presencia de patología amiloide y realizar una valoración individualizada de los posibles beneficios y riesgos. «Cuanto antes identifiquemos la enfermedad, mayores serán las posibilidades de valorar estas nuevas opciones terapéuticas en las personas que cumplen los criterios establecidos. Nuestro objetivo no es tratar a más pacientes, sino identificar correctamente a aquellos que pueden beneficiarse y acompañarlos con un seguimiento clínico riguroso durante todo el proceso», señala el especialista.
Seguimiento neurológico y vigilancia de los efectos adversos
Ambos medicamentos se administran mediante infusión intravenosa, con pautas y periodicidades diferentes. Su utilización requiere una planificación asistencial que garantice las administraciones programadas y la vigilancia clínica continuada. Uno de los principales aspectos de seguridad es la aparición de anomalías en las imágenes relacionadas con el amiloide (ARIA), detectables mediante resonancia magnética. Estas alteraciones pueden manifestarse como edema cerebral o pequeñas hemorragias. Aunque muchas son asintomáticas, algunas pueden ocasionar complicaciones clínicas relevantes.
La utilización de estos anticuerpos se dirige a pacientes en fases iniciales y exige confirmar tanto el diagnóstico como la presencia de la patología amiloide mediante las pruebas correspondientes
Por ello, el seguimiento de los pacientes incluye controles periódicos de neuroimagen, evaluación de la tolerancia al tratamiento y vigilancia de posibles síntomas neurológicos. Según la experiencia inicial comunicada por HM Sanchinarro, las infusiones administradas hasta el momento se han desarrollado sin incidencias notificadas y no se han registrado efectos adversos en los ocho pacientes tratados.
No obstante, el reducido número de pacientes y el limitado tiempo de seguimiento impiden extraer conclusiones generales sobre la seguridad o la eficacia de estas terapias. La incorporación de estos tratamientos exige, además, disponer de equipos especializados, capacidad diagnóstica, protocolos de seguimiento y coordinación entre los profesionales implicados.
La incorporación de lecanemab y donanemab se suma a otras alternativas que el Hospital Universitario HM Sanchinarro ofrece a pacientes con enfermedad de Alzheimer, como el programa Ambar (Alzheimer Management by Albumin Replacement), incorporado en marzo.
Impulsado por Grifols, este programa está dirigido a pacientes en fases leves o moderadas de la enfermedad. Se basa en una técnica de recambio plasmático terapéutico con reposición de albúmina, cuyo objetivo es reducir la presencia en sangre de determinadas sustancias relacionadas con la fisiopatología del alzhéimer, como la proteína beta-amiloide, y contribuir a ralentizar el deterioro cognitivo y funcional.










