La educación, la renta y el lugar de residencia condicionan el riesgo de padecer hipertensión y diabetes

El informe de la OMS analiza las diferencias en la exposición a factores de riesgo y en el acceso a la prevención, la detección y el tratamiento de patologías según el sexo, la edad y la situación socioeconómica

Enfermedades no transmisibles
Foto: OMS /Tafadzwa Ufumeli

Redacción
Las enfermedades no trasmisibles y sus factores de riesgo afectan a personas de todo el mundo, pero no todos se enfrentan a los mismos riesgos ni tienen el mismo acceso a la prevención, el diagnóstico y el tratamiento. Es el caso de las poblaciones con menor nivel educativo, que tienden a presentar mayores tasas de hipertensión y diabetes, según los resultados del informe ‘El estado de la desigualdad: enfermedades no transmisibles y sus factores de riesgo’, elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Sabemos que existen desigualdades inherentes a todos los aspectos de la salud, pero este es el primer esfuerzo por medir sistemáticamente las desigualdades en las enfermedades no transmisibles y sus factores de riesgo a escala mundial”, ha explicado el jefe del Equipo de Monitoreo de la Desigualdad en Salud de la OMS, el Dr. Ahmad Reza Hosseinpoor, quien ha añadido que “los resultados muestran qué poblaciones se están quedando atrás” y dónde la falta de datos dificulta la comprensión de las desigualdades.

Las personas con menor nivel educativo presentan mayores tasas de hipertensión y diabetes

Para el análisis, los investigadores se han centrado en cuatro enfermedades no transmisibles: cáncer, patologías cardiovasculares, respiratorias crónicas y diabetes; así como seis factores de riesgo clave: consumo de tabaco y alcohol, obesidad y dietas poco saludables, falta de actividad física y la contaminación atmosférica.

Desde la prevención y la reducción de la exposición a los factores de riesgo hasta el diagnóstico, el tratamiento y el manejo de la patología, los resultados muestran que, en todos los países, las mujeres más pobres y con menor nivel educativo tienen menos probabilidades de someterse a pruebas de detección de cáncer de cuello uterino. Por su parte, el consumo de tabaco sigue siendo mayor entre los hombres con menor nivel educativo que entre los que gozan de uno mayor, mientras que, en muchos países de ingresos bajos y medios, las poblaciones rurales tienen menos acceso que las urbanas al diagnóstico y tratamiento de la hipertensión y a las pruebas de detección del cáncer de cuello uterino. Los hogares rurales también pueden estar más expuestos a la contaminación del aire en el interior de sus viviendas, en contraposición de las poblaciones urbanas, que suelen estarlo más en el exterior.

Además, los hombres son más propensos a consumir tabaco y alcohol, y menos a recibir un diagnóstico y tratamiento para la hipertensión, y las mujeres lo son menos a realizar suficiente actividad física, mientras que la obesidad es más común entre ellas, especialmente en países de ingresos bajos y medios. Los adultos jóvenes con hipertensión son menos tendentes a recibir un diagnóstico y tratamiento que los mayores con la afección, siendo la falta de actividad física algo que aumenta con la edad y la obesidad es más común en personas de entre 40 y 70 años.

En muchos países de ingresos bajos y medios, la población rural encuentra más barreras para el diagnóstico y tratamiento de la hipertensión

Junto a ello, el desempleo se asocia con mayores niveles de inactividad física, y las personas con discapacidad pueden enfrentar mayores obstáculos para la prevención, la detección y el tratamiento. Por otro lado, los migrantes pueden enfrentar barreras financieras, administrativas, lingüísticas u otras para acceder a los servicios de salud.

“Los datos sobre desigualdad no se limitan a documentar diferencias, sino que son una herramienta para la acción”, ha manifestado el director del Departamento de Datos, Salud Digital, Análisis e Inteligencia Artificial (IA) de la OMS, el Dr. Alain Labrique, que ha afirmado que los resultados “ayudan a los países a adaptar mejor sus políticas y programas, identificar las brechas en la cobertura y hacer un seguimiento de si el progreso llega a todos los grupos de población”. En este sentido, la OMS ha destacado el informe complementario ‘Las desigualdades ocultas tras las enfermedades no transmisibles: de la evidencia a la acción’, que describe cómo las naciones pueden utilizar la información para fortalecer la prevención y el control de las patologías.

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