Luis de Haro. Director general de iSanidad
La maquinaria de los partidos ya está en marcha. Los argumentarios de campaña se afinan, las promesas de futuro se multiplican en los platós y el horizonte de las elecciones del 29N monopoliza la actualidad informativa. Sin embargo, en la trastienda de este bullicio político, la realidad de nuestros hospitales y centros de salud discurre por un carril muy diferente, marcado por el desgaste y la erosión constante.
La pérdida de poder adquisitivo del médico es uno de los grandes ausentes de la campaña
El médico llega a las elecciones del 29N cargando con una pérdida acumulada que roza el 25% de su poder adquisitivo en los últimos 15 años. Una losa económica que, en los perfiles sin guardias o en los primeros compases de la residencia MIR, se dispara de forma alarmante. Es la prueba evidente de que los recortes heredados de crisis pasadas nunca se han revertido de verdad.
Escuchamos a los candidatos en precampaña llenarse la boca con solemnes declaraciones sobre blindar la sanidad pública y reducir las listas de espera. Pero en esa larga lista de eslóganes, la letra pequeña siempre omite la misma pregunta:¿cómo se pretende retener el talento y garantizar la calidad asistencial si se condena a los facultativos a una devaluación salarial crónica? El adelanto electoral del 29N responde a la fractura de los bloques parlamentarios, pero vuelve a barrer bajo la alfombra los problemas estructurales del Sistema. Los profesionales sanitarios son imprescindibles para la foto institucional y para el titular inaugural de los comicios. Sin embargo, resultan absolutamente invisibles cuando toca plasmar en los presupuestos reales una compensación justa al coste de la vida.
Esta realidad económica no es un problema exclusivo del colectivo médico; es una brecha directa que afecta al corazón de la asistencia que recibe el ciudadano. La pérdida de poder adquisitivo alimenta una silenciosa fuga hacia la sanidad privada o hacia otros países de nuestro entorno. Y mientras tanto, se instala en el sistema un cansancio y una desmotivación galopantes entre quienes deciden quedarse en la pública. Si a la clase política no le importan las condiciones de los médicos, mal se puede sostener el relato de que les importa la salud.
Las condiciones del profesional sanitario deben cambiar tras el 29N para sostener el discurso de la preocupación por la salud
Las elecciones del 29N no pueden transformarse en un cheque en blanco para programas sanitarios vacíos de contenido.Todos nos jugamos la composición del Parlamento y el futuro del país; pero si nadie se atreve a afrontar la dignidad retributiva de quienes nos curan, el diagnóstico de nuestra sanidad seguirá siendo reservado. Cuidar a quien nos cuida no es una opción ideológica; es una urgencia inaplazable de país.










