Los antibióticos y antimicrobianos son una herramienta importante y necesaria para proteger la salud y el bienestar de los animales. Sin embargo, algunos informes y trabajos de autores se están haciendo eco del uso desmedido de antibióticos en la industria de los alimentos de origen animal. Un reciente informe de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), revela que en Estados Unidos el 80% de los antibióticos que se consumen son usados en la crianza de animales, y que solamente el 20% es para el tratamiento de enfermedades en humanos. Con estos datos no se quiere decir que no haya que usar antibióticos en la cría de animales, pero si es cierto que su uso debería estar reservado para tratar a los animales enfermos, y no como medida para que aumenten de peso y de tamaño de manera antinatural.
El uso de promotores de aumento de peso y tamaño es una práctica común en la producción de carne. Promotores de aumento como las hormonas se administran al ganado bovino a través de implantes o en el alimento para acelerar su ganancia de peso y lograr así en un tiempo más breve carne más magra. Ambas prácticas, es decir, antibióticos empleados en animales para prevenir enfermedades y curarlas, como para que aumenten de peso y tamaño son reguladas por organismos gubernamentales de salud animal de los países. En Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) del Departamento de Agricultura (USDA) monitorea su aplicación en los animales y, en el caso de hormonas sintéticas, los residuos en la carne destinada al consumo humano.
Cuando se administra antibióticos a los animales utilizados para la producción de alimentos, pueden surgir bacterias resistentes y multiplicarse en el tracto intestinal del animal. Los científicos indican que el uso de antibióticos en animales utilizados para la producción de alimentos es sólo uno de los numerosos factores que pueden hacer que aparezcan y se propaguen bacterias resistentes.
La realidad es que esta resistencia es posiblemente causada por variados factores, según concluyó en un estudio la Academia Americana de Microbiología en el año 2009. La academia decía que aún el uso adecuado de antibióticos contribuye al aumento en la resistencia, y que la responsabilidad de esta situación es compartida entre las prácticas médicas, demanda de los pacientes, prácticas veterinarias, prácticas industriales, constituyendo una inevitable evolución de los microorganismos.
En Estados Unidos, por ley, ninguna carne de venta al consumidor debe contener residuos de antibióticos, y el uso de éstos es estrictamente monitorizado en los animales. En México, sin embargo está el peligro del uso ilegal del clenbuterol (prohibido por la Norma Oficial Mexicana 061). Esta sustancia anabólica promueve el rápido crecimiento de los músculos; en los animales se deposita principalmente en el hígado (80%) y el resto se disemina en músculos y otros órganos. El consumo de carne contaminada con clenbuterol causa intoxicación crónica en humanos y una inmediata reacción (entre 30 minutos a 4 horas), presentando un cuadro sintomático con malestar general, dolor de cabeza, angustia, temblores, taquicardias y palpitaciones.
Responsable aplicación de los medicamentos
El uso y la aplicación de los medicamentos veterinarios debe realizarse de forma responsable. Cuando esa responsabilidad se le va de las manos de quien la tiene, ya sea en forma de emplear un tratamiento incorrecto, una mala dosificación, medicamentos en mal estado o una inadecuada administración, producen efectos contrarios a los deseados, y es que las consecuencias para los animales y por ende a los futuros alimentos que de ellos se deriven pueden poner en riesgo la salud de los consumidores de estos productos, en especial los cárnicos y lácteos.
Por esto deben seguirse unas prácticas correctas para que la administración de medicamentos se lleve a cabo con todas las garantías; una de ellas es la retirada del fármaco a tiempo para que en el momento en el que es sacrificado, el animal haya eliminado los restos químicos de su organismo. Las siguientes prácticas se consideran correctas, pero siempre teniendo claro que el propietario de los animales es el responsable de que la medicación y la pauta de administración sean correctas, y es que sobre él recaerá la responsabilidad en caso de que se detecten residuos químicos en cantidad elevada o sustancias prohibidas por la legislación:
- Disponer de un programa de tratamiento rutinario y verificado por el veterinario responsable, en el que se indiquen los tratamientos que se aplican de manera sistemática.
- Utilizar medicamentos sólo cuando el veterinario lo prescriba y siguiendo de manera estricta sus indicaciones, sobre todo en cuanto a la vía de administración, la dosis y la duración del tratamiento.
- Respetar de forma escrupulosa el periodo de supresión de los fármacos.
En los registros de los tratamientos veterinarios se debe anotar la fecha, la medicación, la dosis, la patología, el proveedor del tratamiento, la duración, el tiempo de espera de resultados, los animales tratados y el número de receta. Esta información debe guardarse durante cinco años.
..Emilio Ramírez








