“Ser perito abre una salida profesional compatible con la actividad asistencial, pero exige formación y responsabilidad”

Paloma Isasia, directora general de Grupo Promede

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Redacción
Tras casi 25 años de trayectoria en la pericia médica, Grupo Promede ha ampliado su actividad para responder a necesidades que van más allá de la elaboración de informes. Actualmente integra Promede, especializada en pericia médica y valoración del daño corporal; Perivet, centrada en peritaciones veterinarias; REDeS, dedicada a los medios adecuados de solución de controversias sanitarias y veterinarias; y Promede Academy, su área formativa. El objetivo común es aportar conocimiento técnico especializado allí donde confluyen salud, derecho, aseguramiento y resolución de conflictos. 

En esta entrevista con iSanidad, Paloma Isasia, directora general de Grupo Promede, analiza la evolución del mercado pericial sanitario, la creciente demanda de profesionales especializados y las oportunidades que ofrece esta actividad a médicos y veterinarios como complemento al ejercicio asistencial. Defiende, asimismo, una mayor implicación de los colegios profesionales y una formación mínima acreditada para ejercer una actividad que exige metodología, independencia y responsabilidad y en la que, asegura, “no todo vale”.

“Ley de Enjuiciamiento Civil exige actualmente que los peritos, además de poseer el título oficial correspondiente a la materia, sean acreditados expertos en ella” 

 ¿Cómo está evolucionando el mercado de la pericia sanitaria?
Estamos viendo una profesionalización muy importante. Los procedimientos son más complejos, los clientes exigen más calidad y existe cada vez mayor conciencia de que un buen informe pericial puede ser determinante. También estamos viendo que la valoración técnica se solicita en fases cada vez más tempranas. Antes se acudía muchas veces al perito cuando el procedimiento judicial estaba prácticamente en marcha. Ahora aseguradoras, despachos, empresas y particulares buscan primero saber si una reclamación tiene fundamento, cuál puede ser el daño, qué relación causal existe o qué posibilidades reales hay de alcanzar un acuerdo. Eso obliga a contar con profesionales muy especializados. Además, la Ley de Enjuiciamiento Civil exige actualmente que los peritos, además de poseer el título oficial correspondiente a la materia, sean acreditados expertos en ella. Creo que esa evolución legislativa va precisamente en la dirección de profesionalizar y elevar el nivel técnico de la pericia. 

¿Hacen falta más peritos?
Sí, especialmente en determinadas especialidades y territorios. Pero cuando decimos que necesitamos más peritos no queremos decir simplemente que necesitamos más profesionales dispuestos a firmar informes. Necesitamos buenos peritos. Un magnífico médico o un magnífico veterinario no se convierte automáticamente en un buen perito. La clínica aporta la base científica, pero después hay que aprender metodología pericial, valoración del daño, causalidad, elaboración del dictamen, análisis documental, funcionamiento de los procedimientos y defensa del informe. La pericia es otra forma de ejercer el conocimiento profesional. 

“Un magnífico médico o un magnífico veterinario no se convierte automáticamente en un buen perito” 

¿Puede ser además una oportunidad económica para el profesional sanitario?
Sin duda puede convertirse en una fuente complementaria de ingresos, y esa es una de sus ventajas. Para muchos médicos, veterinarios y otros especialistas sanitarios, la actividad pericial puede compatibilizarse con su ejercicio asistencial habitual. No exige necesariamente abandonar la consulta, el hospital o la clínica. Permite incorporar una actividad intelectual diferente y remunerada utilizando conocimientos que el profesional ya posee. Pero me gusta huir de la idea de “dinero fácil”. Un informe de calidad requiere estudiar documentación, explorar cuando sea necesario, razonar, redactar adecuadamente, cumplir plazos y, en determinados casos, acudir posteriormente a ratificarlo en un juzgado. Puede proporcionar unos ingresos adicionales interesantes, pero precisamente porque existe una responsabilidad detrás del trabajo. 

¿Qué aporta la actividad pericial a un profesional más allá de ese complemento económico?
Aporta muchísimo. Obliga a estudiar los casos de otra manera. Cuando tienes que explicar objetiva e imparcialmente por qué una actuación fue correcta o incorrecta, establecer un nexo causal o diferenciar una complicación de una mala praxis, desarrollas una capacidad crítica que también mejora tu propia práctica profesional. En nuestras formaciones el perito aprende a revisar historias clínicas, contrastar bibliografía, analizar protocolos, separar hechos de interpretaciones y justificar cada conclusión. Además, hay otra habilidad fundamental: aprender a explicar cuestiones científicas complejas a personas que no necesariamente tienen formación sanitaria. Un juez, un abogado o un lesionado tienen que ser capaces de comprender el razonamiento y saber utilizar un lenguaje más amigable es todo un reto para estos profesionales. 

“Para muchos médicos, veterinarios y otros especialistas sanitarios, la actividad pericial puede compatibilizarse con su ejercicio asistencial habitual. No exige necesariamente abandonar la consulta, el hospital o la clínica” 

¿Y la pericia veterinaria? ¿Estamos ante una profesión nueva?
No diría que sea “nueva” en sentido estricto. Los veterinarios han intervenido como expertos desde hace muchos años.  Lo que sí es relativamente reciente es su profesionalización como una especialización diferenciada y la ampliación de los campos en los que existe demanda de peritos veterinarios. Hoy podemos encontrarnos con reclamaciones por responsabilidad civil veterinaria, valoración del daño sufrido por un animal, bienestar y maltrato animal, accidentes, compraventa, divorcios y custodias, ganadería, producción, seguridad alimentaria, transporte de animales vivos, medio ambiente, fauna o cuestiones sanitarias. La sociedad ha cambiado también su relación con los animales y eso está generando conflictos jurídicos y aseguradores más complejos. Por eso creamos Perivet: detectamos que existía un espacio que necesitaba estructura, metodología, formación y una red especializada. 

“Muchos profesionales descubren esta salida después de varios años de ejercicio. Y es una pena porque existe una enorme cantidad de conocimiento clínico que podría incorporarse al ámbito pericial” 

¿Tiene también la veterinaria un papel más amplio dentro de la salud?
Absolutamente. Y aquí existe cierta paradoja. En ocasiones hablamos de la necesidad de reconocer a los veterinarios como profesionales sanitarios cuando jurídicamente ya lo son. La Ley 44/2003 incluye expresamente Veterinaria entre las profesiones sanitarias tituladas y reguladas. Además, atribuye al veterinario funciones relacionadas con la higiene de alimentos de origen animal, la prevención de zoonosis y la prevención de los riesgos que las enfermedades animales pueden generar en las personas.  Además, existe una perspectiva histórica que ayuda a entender por qué la veterinaria pertenece de pleno derecho al ámbito de la salud. Nuestro gran amigo Alfredo Fernández, veterinario y perito de reconocido prestigio, suele recordar en sus ponencias que la veterinaria es una de las profesiones más antiguas ligadas a la propia supervivencia del ser humano. Desde las primeras sociedades, el cuidado de los animales destinados a la alimentación y la necesidad de garantizar que su carne pudiera consumirse sin poner en riesgo a la población hicieron inseparables la sanidad animal y la salud humana. 

“Un juez, un abogado o un lesionado tienen que ser capaces de comprender el razonamiento y saber utilizar un lenguaje más amigable es todo un reto para estos profesionales” 

No es únicamente una reflexión histórica. La inspección de carnes, el control de zoonosis y la seguridad de los alimentos de origen animal han formado parte durante siglos de la evolución de la profesión veterinaria y siguen constituyendo hoy funciones esenciales de la salud pública. Precisamente por eso, el concepto actual de One Health no crea esa conexión: la reconoce y la actualiza. La salud humana, la salud animal y la seguridad alimentaria llevan mucho más tiempo relacionadas de lo que el término One Health lleva entre nosotros. Lo que falta, en mi opinión, es que ese reconocimiento jurídico tenga más reflejo en la práctica. 

¿Cree que todavía se conoce poco el trabajo del perito entre los propios profesionales sanitarios?
Muchísimo menos de lo que debería. En las facultades se explica muy poco sobre actividad pericial, valoración del daño o funcionamiento del mundo asegurador y judicial. Muchos profesionales descubren esta salida después de varios años de ejercicio. Y es una pena porque existe una enorme cantidad de conocimiento clínico que podría incorporarse al ámbito pericial. Tenemos especialistas extraordinarios que nunca se han planteado que pueden aplicar parte de su experiencia a la valoración de casos y hacerlo además de forma compatible con su actividad habitual. 

“Los veterinarios han intervenido como expertos desde hace muchos años.  Lo que sí es relativamente reciente es su profesionalización como una especialización diferenciada” 

¿Qué formación debería tener una persona que quiera empezar?
Una formación específicamente pericial y sobre todo de calidad. No creo en los cursos que simplemente entregan un diploma después de unas horas de contenido genérico sin estar avalados por profesionales del sector o universidades. El profesional tiene que aprender realmente a hacer un informe. Eso significa saber analizar documentación, la demanda, los puntos de reproche, estructurar antecedentes, identificar la cuestión pericial, estudiar causalidad, utilizar bibliografía, valorar daño cuando corresponda, establecer conclusiones defendibles y comprender cuáles son sus obligaciones como perito. Además, en determinadas áreas considero fundamental una formación específica en Valoración del Daño Corporal —VDC—. No todo profesional sanitario tiene que convertirse en experto en valoración del daño, pero quien realice informes en los que se valoren lesiones, secuelas, pérdida de oportunidad, perjuicios o incapacidad tiene que conocer la metodología correspondiente. 

“Creo que veremos mejores herramientas para ayudar al profesional, pero también una mayor exigencia sobre quién firma un informe, qué formación tiene, cómo ha llegado a sus conclusiones y qué mecanismos de control ha utilizado” 

¿Cree que debería existir una formación mínima obligatoria?
Creo que debemos avanzar hacia ella. No digo que hoy exista una obligación general de cursar un determinado máster o programa específico para ejercer como perito, porque no sería correcto afirmarlo. Pero sí considero que el sector debería establecer estándares mínimos mucho más claros que los actuales. La actividad pericial tiene consecuencias muy relevantes. Un informe puede resultar determinante para valorar la viabilidad de una reclamación, fijar una indemnización, establecer una posible responsabilidad y, además, debe poder ser defendido con solvencia en sede judicial. Por eso, no parece razonable que el estándar para ejercer como perito dependa únicamente de disponer de la titulación profesional de origen. 

“En las facultades se explica muy poco sobre actividad pericial, valoración del daño o funcionamiento del mundo asegurador y judicial” 

Defendería una formación mínima acreditada en metodología pericial y, cuando corresponda, en valoración del daño, avalada por las instituciones competentes y acompañada de una formación continuada que garantice la actualización del profesional. Tenemos modelos cercanos en los que podemos fijarnos. Portugal, por ejemplo, cuenta con una Competencia específica en Evaluación del Daño en la Persona reconocida por su Ordem dos Médicos y establece requisitos formativos concretos para acceder a ella, incluyendo programas reconocidos, una carga formativa mínima y contenidos jurídicos, médico-periciales, éticos y prácticos. 

Creo que en España deberíamos avanzar en esa misma dirección. No basta con ser un excelente médico para ejercer adecuadamente como perito. La pericia exige conocer no solo la materia médica, sino también la metodología pericial y lenguaje jurídico, la valoración del daño cuando proceda, las obligaciones del experto, la elaboración de un dictamen y su posterior defensa ante un tribunal. En definitiva, la pericia requiere capacitación específica, experiencia y actualización permanente. Y creo que establecer unos estándares mínimos contribuiría tanto a proteger al profesional como, sobre todo, a elevar la calidad y la credibilidad de la prueba pericial. 

“El sector debería establecer estándares de formación mínimos mucho más claros que los actuales” 

¿Qué papel deberían tener los colegios profesionales?
Un papel fundamental. Los colegios conocen la profesión, tienen capacidad de convocatoria, participan además en los sistemas de designación de peritos judiciales y pueden contribuir enormemente a elevar los estándares de calidad. Me gustaría ver a los colegios implicados de dos maneras: avalando programas formativos que realmente cumplan unos requisitos de calidad o desarrollando sus propios programas junto a universidades, entidades científicas y organizaciones con experiencia pericial. No todo vale. No todo lo que lleva la palabra “máster” es realmente una formación con una universidad detrás. Igual que exigimos formación continuada en muchos ámbitos sanitarios, deberíamos aspirar a que una persona que vaya a presentarse ante un tribunal como experto tenga una preparación mínima en pericia. La propia Ley de Enjuiciamiento Civil refuerza esta idea al hablar actualmente de “acreditados expertos en la materia”, y los colegios tienen además un papel directo en las listas de profesionales dispuestos a actuar como peritos judiciales. 

¿Qué errores observa con mayor frecuencia cuando un profesional empieza en el mundo pericial?
El primero es creer que un informe pericial es un informe clínico. No lo es. El segundo es posicionarse desde el principio a favor de quien encarga el informe. El cliente paga el trabajo del perito, pero no compra sus conclusiones. La ley obliga al perito a actuar con la mayor objetividad posible y a considerar tanto aquello que pueda favorecer como perjudicar a cualquiera de las partes. Y el tercero es emitir conclusiones que después no se pueden defender. Cuando firmas un informe tienes que estar preparado para sentarte delante de un juez y contestar por qué afirmas cada cosa que aparece escrita. En nuestros masters y diplomas universitarios hacemos hincapié en que estos son principios fundamentales que asientan las bases de una buena formación en pericia. 

“Existe una línea roja: “La IA ayuda al perito; no sustituye al perito”. El profesional debe conocer el expediente, la bibliografía, revisar las fuentes, comprobar cada dato y asumir personalmente las conclusiones” 

La inteligencia artificial también está entrando en el ámbito pericial. ¿Cómo la están abordando?
Con interés, pero también con muchísima prudencia. La IA puede ser una herramienta extraordinaria para organizar información, localizar elementos relevantes dentro de documentación extensa, ayudar a estructurar contenidos, fechas o realizar determinadas tareas auxiliares. Pero existe una línea roja: “La IA ayuda al perito; no sustituye al perito”. El profesional debe conocer el expediente, la bibliografía, revisar las fuentes, comprobar cada dato y asumir personalmente las conclusiones. Y además existe una cuestión crítica de confidencialidad y protección de datos: no se puede volcar alegremente una historia clínica o documentación identificable de un paciente en una herramienta de IA. Por este motivo en Grupo Promede estamos desarrollando nuestro propio aplicativo de IA que cumple los estándares de calidad y seguridad para que los peritos de nuestra red la utilicen de forma segura, además de desarrollar una guía específica de buenas prácticas. 

¿Cómo imagina el mercado pericial en los próximos años?
Más especializado, más tecnológico y bastante más exigente. Creo que veremos mejores herramientas para ayudar al profesional, pero también una mayor exigencia sobre quién firma un informe, qué formación tiene, cómo ha llegado a sus conclusiones y qué mecanismos de control ha utilizado. Y creo que crecerán especialmente algunos ámbitos: la valoración del daño, la responsabilidad sanitaria, la mediación y otros mecanismos de solución de conflictos, la pericia veterinaria y todo aquello relacionado con One Health. Hay una oportunidad profesional enorme. Pero precisamente por eso debemos construirla bien desde el principio: formación, especialización, independencia y calidad. 

 

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