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El ejemplo del maestro Cajal. Dr. Juan Antonio Vargas

..Dr. Juan Antonio Vargas. Decano de Medicina de la UAM. Jefe de Sección de Medicina Interna y Jefe de Estudios del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda.
Santiago Ramón y Cajal, el maestro Cajal, el científico más grande que ha dado nuestro país, fallecía el 18 de octubre de 1934 a la edad de 82 años. Un mes antes de su muerte dejó escrito en su testamento que dos de sus obras, Recuerdos de mi vida y Reglas y Consejos sobre Investigación Científica, fueran repartidas anualmente entre sus estudiantes más aventajados.

Desde 2016, con humildad pero intentando seguir los deseos del maestro Cajal, hemos obsequiado a nuestros estudiantes de Medicina y Enfermería de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en los actos de graduación, de una cuidada edición facsímil de Recuerdos de mi vida del año 1923, realizada por el Servicio de Publicaciones de la UAM y financiada generosamente por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno. Así mismo, desde hace cinco años, se entrega a los estudiantes de 3º de Medicina “Reglas y Consejos sobre Investigación Científica” dentro del Minicongreso de Investigación Biomédica.

El maestro Cajal intenta guiar a todos los estudiosos de la ciencia por los intrincados caminos de la misma en sus libros “Recuerdos de mi vida” y “Reglas y Consejos sobre Investigación Científica”

En ambos libros el maestro Cajal intenta guiar a todos los estudiosos de la ciencia por los intrincados caminos de la misma, a través de su ejemplo de vida y de consejos que rebosan conocimiento y experiencia. En Recuerdos de mi vida, narra su infancia y su juventud y cómo se desarrolló su vida científica. Es un libro que Cajal escribió pensando en la juventud con la finalidad de contarle las vicisitudes de su vida personal y científica, pero siempre con una mirada pasional y entusiasta.

maestro_CajalEsta dedicación a sus discípulos se palpa en el texto final de Recuerdos de mi vida: “Como todo anciano, siento yo también todas esas envenenadas mordeduras del corazón y del cerebro. Son aldabonazos del tiempo, devorador implacable de la vida. Pero ni quiero ni debo cejar en mis empeños. Y para no caer en la inercia mental, especie de muerte anticipada, continúo laborando, aunque deba contraerme modestamente al perfeccionamiento de antiguas investigaciones, que representan para el viejo la dirección de la menor resistencia. Tengo además el indeclinable deber de guiar a mis discípulos, infundiéndoles inquebrantable confianza en sus propias fuerzas y fe robusta en el progreso indefinido”.

Es preciso ensalzar otras muchas cualidades de Cajal como la dedicación a sus discípulos y su generosidad

En estas palabras se observa con nitidez la voluntad pedagógica de Cajal y, por tanto, no es de extrañar la reflexión que escribió sobre el retrato que le realizaron con motivo de su jubilación el 1 de mayo de 1922: “Se ha dicho tantas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia”.

En Cajal se habla de muchas cualidades, de voluntad, de perseverancia, de genialidad y de ética, pero es preciso ensalzar otras muchas cualidades como la dedicación a sus discípulos y su generosidad, que es ejemplo e inspiración para todos los que tenemos la suerte de dedicarnos a la docencia universitaria.

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