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¿Necesito ayuda psicológica para superar la situación actual?

..Lucía Palomo Lobo. Fundación Clínica Universitaria | Universidad Rey Juan Carlos.
En las últimas semanas la población se ha enfrentado a un escenario inédito en nuestra historia reciente. El paso por casi dos meses de confinamiento, en los que la enseñanza y el trabajo se han desarrollado en la distancia o se han paralizado, la preocupación por nuestra propia salud y la de nuestros conocidos y familiares, o la incertidumbre ante un futuro en compañía del Covid-19, están teniendo consecuencias en el estado de ánimo y en la salud psicológica de muchos ciudadanos.

Laura Gómez, responsable del Área de Psicología de la Clínica Universitaria de la Universidad Rey Juan Carlos recuerda que, a pesar de que la situación es compleja, hay ciertas pautas psicológicas que se pueden recomendar para afrontar las circunstancias actuales de la manera más adaptativa y saludable posible.

No dejarse vencer por los pensamientos negativos
En una situación como la actual, es frecuente que las personas tengan pensamientos redundantes y dediquen excesivo tiempo a pensar en los mismos temas. Cuestiones como cómo han llegado a la situación actual, qué va a pasar a partir de ahora o la fijación con alguna mala noticia que les afecte especialmente se convierten en muchos casos en obsesiones y rumiaciones que dificultan la toma de decisiones adecuadas o impiden a la persona sentirse mejor. Es recomendable que intenten frenar este tipo de pensamientos, que pueden resultar muy perjudiciales, y los sustituyan por mensajes más objetivos y adaptados a la realidad y, sobre todo, que no se adelanten y saquen conclusiones negativas sobre cuestiones de las que no tengan certeza o datos.

Gestionar las emociones
Las emociones más frecuentes en estos momentos son miedo, tristeza, ira, soledad, desesperanza… El primer paso para gestionar estas emociones es prestar atención e identificar qué es lo que les está pasando. El siguiente paso es normalizarlo.  En un contexto como el actual sería muy difícil, e incluso desaconsejable, que las personas no sintieran emociones desagradables en ciertos momentos, pero hay que focalizar el esfuerzo en que estas emociones duren lo menos posible, sean lo menos frecuente y con la menor intensidad para que no afecten a su salud. Una vez que una persona ha identificado la emoción negativa y ha entendido que es algo normal, será más fácil que pueda distraerse realizando una actividad diferente a la que estaba llevando a cabo cuando empezó a sentirse mal.

Crear rutinas y mantenerse ocupado
La práctica de ejercicio físico, por ejemplo, ayuda a segregar endorfinas, que son las encargadas de mejorar el ánimo. También es recomendable promover que se mantenga una rutina en cuanto las actividades de cuidado de la casa, los hábitos de higiene, etc. Es importante que cada persona encuentre actividades de ocio con las logre relajarse o encontrarse mejor, como leer, cocinar, hacer manualidades, etc. Así se evitarán los tiempos muertos en los que pueden abordarles los pensamientos negativos.

A pesar de seguir estas recomendaciones, puede que algunas personas no sean capaces de mejorar por sí mismas y tengan que recurrir a la ayuda de un profesional. Esto no debe considerarse en ningún caso como un motivo de vergüenza o debilidad. Pedir ayuda ante una situación que no se puede controlar facilitará la recuperación de un buen estado psicológico y/o emocional y también repercutirá en la mejora de la salud física.

Pero, ¿cómo identificar que ha llegado el momento de recurrir a un profesional? Para Laura Gómez, algunas de las señales que indican la necesidad de contar con ayuda psicológica son las siguientes:

  • Cuando los pensamientos negativos sean cada vez más frecuentes, intensos y duraderos y resulte muy difícil cambiarlos a pesar de haber utilizado diversas estrategias.
  • Si el estado psicológico y emocional de una persona repercute negativamente en la gestión del resto de áreas importantes de la vida; trabajo, familia, pareja, relaciones interpersonales, etc.
  • Cuando se pierden las ganas de hacer actividades cotidianas que normalmente no suponen un esfuerzo como llamar a un familiar, hacer las tareas de la casa, teletrabajar, pasar tiempo con los miembros de la familia, etc.
  • Cuando una persona ha ido empeorando hasta normalizar un estado anímico bajo, de tal forma que no hay variabilidad en los días.
  • Si alguna persona del entorno cercano identifica el problema y sugiere la necesidad de buscar ayuda profesional.
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