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Dr. Gabriel Heras, autor de En primera Línea: “La gente ha muerto sola y se podría haber evitado”

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..Gema Maldonado.
Lleva trabajando como intensivista desde 2002, cuando comenzó su formación en esta especialidad, periodo en el que le tocó vivir la emergencia sanitaria que los atentados del 11M provocaron en los hospitales madrileños. Vivir la pandemia de SARS-CoV-2 desde la UCI en la que se detectó el primer caso de Covid-19, ha llevado al Dr. Gabriel Heras a contar su experiencia en el libro En primera línea (Ed. Península), cuyas páginas comenzó a escribir, como una forma de canalizar lo vivido, durante durante su baja por coronavirus. Sí, es uno de los más de 50.000 sanitarios contagiados en España.

En conversación con iSanidad, director del Proyecto HU-CI, Humanizando los cuidados intensivos, habla del miedo, de las decisiones difíciles en la UCI y de la falta de de apoyo con recursos de otras comunidades, en las que la pandemia ha tenido una intensidad baja. También de algo que le duele especialmente y que cree que “se podría haber evitado”: “La gente ha muerto sola”. En su UCI se propusieron que nadie muriera sin algún familiar, un aspecto clave en la humanización, que el Dr. Gabriel Heras considera la base sobre la que debe reformarse el sistema sanitario.

El 27 de febrero se detecta el primer caso en un paciente grave ya ingresado en España y es en su unidad de cuidados intensivos. ¿Intuían que podía tratarse de Covid-19?
El paciente había ingresado 10 días antes con un infiltrado pulmonar bilateral sin patógeno filiado. El día 26 por la tarde, cambia la recomendación del Ministerio de Sanidad y dicen que se solicite la PCR del coronavirus a todos los pacientes que no tengan diagnóstico. Si no hubiera cambiado el protocolo, no se la hubiéramos pedido.

Dr. Gabriel Heras: Intentamos derivar pacientes a otros hospitales porque no teníamos hueco y nos decían que no, que no se querían infectar

La sorpresa fue cuando, a las dos de la mañana del día 27, llamaron de Salud Pública para notificar el caso. En ese momento se aisló la unidad, no podía entrar ni salir nadie, hasta las ocho de la mañana que llegó personal de Salud Pública. Se hizo un test a todos los pacientes ingresados y a los seis sanitarios que había con síntomas compatibles con gripe y se les dejó ingresados.

¿En ese momento imaginaron que era el primero de muchos y lo que se venía encima?
No, no éramos conscientes de que íbamos a ser la vanguardia de 47 millones de españoles. Fue una sorpresa, incluso repetimos la prueba, por si era un falso positivo. Luego, en muy poco tiempo se llenó la UCI. Y se fue llenando de forma progresiva el hospital. Hubo dos hospitales, el nuestro y el de Valdemoro, que parecía que vivíamos en un mundo paralelo al resto de la Comunidad de Madrid, porque el resto no tenía casuística. De hecho, nosotros intentamos derivar pacientes a otros hospitales porque no teníamos hueco y nos decían que no, que no se querían infectar.

¿Ustedes creen que ya en ese momento debería haberse confinado a la población? ¿Actuaron tarde las autoridades?
Yo creo que se tendría que haber confinado a la población en el momento en el que se detectó el primer caso, que fue el paciente alemán en Canarias. Ese era el momento. No se tomaron las medidas eficaces para controlar la pandemia, que son el confinamiento estricto y la detección masiva de casos. Hay otros países que han optado por esas estrategias, como Japón, Corea o Portugal, y les ha ido mejor.

Dr. Gabriel Heras: Las recomendaciones del Ministerio cambiaron y el uso de materiales de protección se hizo más laxo. En una semana, de nueve médicos en la unidad, caímos cinco

Son más de 50.000 los sanitarios contagiados. ¿Han sufrido en su hospital falta de material de protección?
Nosotros estuvimos el primer mes y medio de la pandemia aguantando bien, no teníamos ningún caso de profesionales contagiados. Pero hubo un momento, que coincidió prácticamente con el pico asistencial, en el que las recomendaciones del Ministerio cambiaron y el uso de materiales de protección se hizo más laxo. En una semana, de nueve médicos en la unidad, caímos cinco. Si antes tenías una bata, guantes y mascarillas para cada paciente, de repente se cambia la recomendación, y pasas a usar un traje y una mascarilla para todo el día…está claro el resultado.

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En uno de los pasajes del libro cuenta cómo llamó a familiares de un paciente que estaba muriéndose para que se despidieran y ellos tenían cierta resistencia por miedo. ¿El miedo nos transforma? 
El miedo cada uno lo gestiona como puede. A veces el miedo es bueno porque te pone en una situación de alerta y otras te hace tomar decisiones que no son adecuadas. Muchas familias no han venido al hospital, muchas veces porque no se les ha dejado, pero en nuestro caso, no ha sido por eso. Tenían miedo al contagio, es entendible y es muy humano.

Dr. Gabriel Heras: A veces el miedo es bueno porque te pone en una situación de alerta y otras te hace tomar decisiones que no son adecuadas

Por la gestión de ese miedo, se ha dicho que no puede entrar ningún familiar en los hospitales. Y eso es un error, porque si los profesionales no nos habíamos infectado teniendo estrictas medidas de higiene y con el material adecuado, habría tenido que haber material adecuado y medidas de higiene para las familias también.

Usted dirige el Proyecto HU-CI de humanización de los cuidados intensivos. ¿Ha habido cabida para la humanización de las UCI durante la crisis?
Ha habido cabida en los sitios en los que nos hemos empeñado en mantenerla. La realidad es que el coronavirus ha tirado abajo en menos de tres meses el trabajo que habíamos realizado desde el proyecto de humanización de las UCI en los últimos seis años. Se ha roto la presencia familiar, la flexibilización de las visitas y la comunicación ha sido muy difícil con un EPI con el que la gente casi ni te conoce.

Dr. Gabriel Heras: La gente se ha muerto sola y, a eso, no hay derecho. Y se podría haber evitado

En cuanto al cuidado del paciente, la gente ha estado sola y aislada. Y se ha puesto de manifiesto claramente que nadie cuida a los profesionales. Por otro lado, el virus genera estancias prolongadas y va a haber secuelas muy graves a nivel físico, cognitivo, neuropsicológico y emocional, pero el sistema no está preparado para dar servicio a toda la gente que tendrá secuelas.

Hemos tenido que crear espacios donde no había unidades de cuidados intensivos. Y estamos muy orgullosos, porque hemos hecho posible la atención a más gente, aunque los espacios no estaban centrados en la privacidad o en la dignidad de las personas. Pero lo peor ha sido la muerte: la gente se ha muerto sola y a eso no hay derecho. Y se podría haber evitado.

Dr. Gabriel Heras: Nosotros nos pusimos como norma “aquí nadie se muere solo”

Nosotros nos pusimos como norma “aquí nadie se muere solo”. A toda la gente que quería acompañar a su familiar en el proceso de morir se les explicaba, se les instruía y se les ponía un traje para acompañar a su familia. Si lo he hecho yo, lo podría haber hecho cualquier otro hospital, otra cosas es querer hacerlo. Si no tenemos claro que no se puede prohibir el acompañamiento familiar cuando alguien está muriendo, tenemos que hacer una profunda reflexión sobre qué sistema sanitario queremos.

Habla de la sensación casi de culpabilidad cuando se iba a hacer la prueba del Covid-19, cuando empezó a encontrarse mal, por dejar de poder trabajar.
Claro, es que teníamos una carga laboral brutal. Estabas trabajando y si te hacías el test, tenías que estar 24 horas fuera de juego. Era una pequeña trampa psicológica: por un lado, te sientes mal, pero, por otro lado, estás enfermo. Nadie dudaría en darse de baja si se rompe una pierna. Pero aquí, con cada uno que se hacía el test, aumentaba la carga laboral durante un día entero porque no había personal suficiente para trabajar. Era muy difícil encontrar profesionales para que vinieran a trabajar, los intensivistas somos pocos.

Dr. Gabriel Heras: Teníamos una carga laboral brutal. Estabas trabajando y si te hacías el test, tenías que estar 24 horas fuera de juego y te sentías mal

Por eso hicimos un llamamiento a otras comunidades autónomas para que vinieran a ayudarnos. Pero la respuesta fue nula. Yo hice esa petición a través redes sociales el 20 de marzo y ocho días después la hizo la Sociedad Española de Enfermería Intensiva y de Medicina Intensiva y nadie contestó.

La crisis ha sido muy asimétrica. Cataluña, Madrid, Castilla León y Castilla la Mancha hemos llevado todo el peso de la pandemia por las cifras de contagios. Si realmente hay un mando único, tendría que haber redistribuido los recursos. Si Extremadura, Murcia o Galicia están esperando que llegue la pandemia, que hubieran mandado recursos. Y si no, que nos hubieran dejado mandar pacientes fuera, algo que parece más difícil, pero también se han mandado pacientes de Italia a Alemania. Desde mi hospital, mandar a un paciente a Guadalajara no es ninguna locura o desde Fuenlabrada a Toledo. Igual, si se hubieran hecho las cosas de otra manera, hubiera muerto menos gente.

Dr. Gabriel Heras: Hicimos un llamamiento a otras comunidades autónomas para que vinieran a ayudarnos. Pero la respuesta fue nula

¿La situación de sus hospitales les llevó a tomar decisiones duras sobre el ingreso o no en la UCI de pacientes? ¿Cómo se toma una decisión tan difícil?
Ese es nuestro trabajo del día a día, siempre que nos llaman para valorar a un paciente vemos si tienen criterios de ingreso o no. Nosotros aplicamos principios de bioética: proporcionalidad, autonomía, justicia, beneficencia y no maleficencia. La edad no es un criterio limitante.

Puedes tener un paciente de 80 años que no tenga patologías previas y le ingresas, sabiendo que no es lo mismo un organismo de 80 que de 40 años. Pero también puedes tener un paciente de 30 años con una enfermedad oncológica en fase terminal y, por mucho que tenga 30 años, no tiene criterio de ingreso en UCI, porque la UCI lo que pretende es devolver a la gente a su estado previo de la mejor manera posible y cuanto antes.

Dr. Gabriel Heras: Si yo tengo que decidir si ingreso o no a un paciente porque solo tengo una cama y en otra comunidad no tienen presión asistencial, no es justo

Quizá lo que no ha sido justo es que se hayan tenido que tomar decisiones así en algunos sitios donde la presión asistencial ha sido muy alta, cuando en otros esa presión era muy baja. Si yo tengo que decidir si ingreso o no a un paciente porque solo tengo una cama y en otra comunidad no tienen presión asistencial, no es justo.

¿Cómo conseguían mantener la calma y la moral en los peores momentos?
Cada uno como podía. A mí me gusta mucho la música y muchas veces que tenía larguísimos turnos de trabajo me ponía música de fondo. Aunque a la gente le puede parecer frívolo, yo creo que no lo es. Si estoy a gusto trabajando, mis pacientes saldrán más beneficiados que si estoy nervioso. Ponía temazos e incluía también a los pacientes que estaban conscientes. Les preguntaba: “¿qué ponemos?, ¿ponemos Queen?”. Allí todos compartíamos espacio, sobre todo en la unidad de reanimación que se creó y que era un espacio abierto. Yo ponía el altavoz con una lista de Spotify y todos a fluir.

¿Cómo pasó usted la enfermedad?
Tuve tos, fiebre y dolor generalizado del cuerpo que yo achacaba a los turnos extenuantes. Luego me di cuenta cuando estaba en mi casa, que fue cuando escribí el libro, que no solo eran los turnos extenuantes, es que estaba enfermo.

El libro ha sido mi manera de poder reflexionar sobre las cosas que yo he vivido y que necesitaba sacar para que no se enquistaran

¿Ha sido el libro terapéutico para usted, una forma de canalizar todo lo vivido?
Totalmente. Ha sido una forma de vomitar todo lo que tenía dentro. Mi manera de poder reflexionar sobre las cosas que yo he vivido y que necesitaba sacar para que no se enquistaran. Después, por las casualidades de la vida, un periodista de El País con el que había hecho una entrevista me presentó a Oriol Alcorta, de la editorial Península, y me propusieron hacer un libro sobre coronavirus.

Yo dije que no, lo que realmente quería era buscar soluciones y hacer un libro para la transformación del sistema sanitario, centrado en la dignidad de las personas y en la humanización, que es lo que llevamos haciendo seis años. Si se hubieran aplicado todas las medidas que promovemos desde el Proyecto HU-CI , hubiera muerto menos gente, seguro. Pero no nos han hecho caso. Y ahora es el momento, porque ahora nadie puede mirar para otro lado. Humanizar la sanidad es algo que hay que hacer y en lo que hay que invertir recursos.

Si se hubieran aplicado todas las medidas que promovemos desde el Proyecto HU-CI , hubiera muerto menos gente, seguro

¿Qué cambios necesita hacer el sistema sanitario para adaptarse a la realidad actual y a nuevas emergencias sanitarias?
Los cambios están escritos en el Manual de 160 buenas prácticas del proyecto HU-CI. Si se hubieran aplicado esas 160 buenas prácticas la cosa hubiera sido diferente. Hay que creerse realmente que la humanización de la sanidad es una necesidad y para eso hay que invertir recursos económicos en cambios estructurales en los hospitales, en recursos humanos y formación de estas personas.

La gente no sabe comunicarse, no sabe acompañar en el proceso de morir. Hay una serie de habilidades blandas que no nos han enseñado en la universidad. Nosotros tenemos un máster de humanización que lleva tres ediciones en la Universidad de Barcelona. Para nosotros es la pieza que resuelve el sistema y se la ofrecemos a todo el mundo, no solo en España, sino en más de 25 países en América Latina.

Nos hemos dejado la piel y la vida, pero necesitamos estar bien para hacer nuestro trabajo lo mejor posible

¿Cómo reciben en su unidad la concesión del Premio Princesa de Asturias a la Concordia a los sanitarios que han estado en primera línea?
Hay que ser agradecido y es un honor que la Fundación Princesa de Asturias nos conceda el premio. Ahora bien, ha habido un debate amplio en las redes, en las que se decía que menos premios y más contratos y mejores condiciones laborales. Porque los profesionales sanitarios claramente hemos demostrado nuestro compromiso con toda la sociedad; nos hemos dejado la piel y la vida, pero necesitamos estar bien para hacer nuestro trabajo lo mejor posible. Está claro que los impuestos de la gente tienen que ir a educación y sanidad. Y, por si a alguien le quedaba duda, ahora ha quedado claro que no se puede recortar en sanidad.

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