Acoso sexual en la ciencia: «Es difícil que la víctima dé el paso en un sistema muy jerárquico y con precariedad»

Ángela Bernado es autora de un libro sobre el acoso sexual en el sistema de ciencia

..Gema Maldonado.
Lo que no se cuenta no existe, al menos, aparentemente. La ciencia en España no escapa a las conductas de acoso sexual, aunque se sepa poco de ellas y de sus perpetradores. La biotecnóloga y periodista especializada en ciencia Ángela Bernardo trata de poner luz sobre esta realidad, a menudo silenciada, en las páginas del libro Acoso. MeToo en la ciencia española (Next Door Publishers).

Hace un amplio repaso de la regulación de este delito, de cómo se pueden dar estas conductas en universidades, laboratorios y centros de investigación y del camino que aún queda por recorrer en España para sensibilizar a toda la comunidad científica sobre esta realidad y su responsabilidad «moral y legal» de denunciar. A través de diferentes casos de acoso sexual en la investigación científica, Ángela Bernardo relata lo que supone este tipo de hostigamiento para quienes lo sufren y pone el acento en lo poco que se sabe sobre los acosadores, lo que «dificulta saber qué intervenciones se pueden hacer para evitar estas situaciones».

«Si la persona que te acosa es un director de tesis o de quien dependen un proyecto de investigación o un artículo científico, es difícil que la víctima dé el paso»

¿Se silencia más que en el resto de la sociedad el acoso sexual en el ámbito de la ciencia y la investigación científico-médica?
En la sociedad todavía cuesta mucho hablar de acoso o, más bien, identificarlo. Y en el mundo de la ciencia, además, se da un sistema muy jerárquico y con precariedad. Por eso, a las dificultades habituales que tienen las víctimas y su entorno para hablar de lo ocurrido porque sienten vergüenza, culpa y les cuesta mucho asimilar el acoso, se puede sumar el miedo a que haya represalias.

Si la persona que te acosa es un director de tesis o de quien dependen un proyecto de investigación o un artículo científico, es difícil que la víctima dé el paso. Sobre todo cuando, por desgracias, muchas veces se pone el foco sobre las víctimas. Es el caso de Nevenka Fernández, que no es del ámbito de la ciencia pero sí muy ilustrativo: nos acordamos del caso hablando de ella, no de la persona que fue condenada por acosla sexualmente.

«El mundo de la ciencia se relaciona con un halo de pureza o de neutralidad y quizá se ha obviado que problemas que ocurren en la sociedad también pueden darse en este ámbito»

En el mundo de la ciencia, que siempre se relaciona con un halo de pureza o de neutralidad por la objetividad que se le presupone a toda investigación científica, quizá se ha obviado que problemas que ocurren en la sociedad también pueden darse en este ámbito. El informe de 2018 de las Academias Nacionales de Medicina, Ciencia e Ingeniería de Estados Unidos (Nasem, por sus siglas en inglés), plantea esto.

Además, expone que donde hay entornos muy masculinizados en los que el poder sigue estando en manos de hombres mayoritariamente, algo que ocurre en la ciencia, pueden minusvalorarse las situaciones de acoso. Por eso creo que es importante identificar qué conductas son acoso y poner los medios para intentar prevenir y sancionar estos comportamientos.

«Donde hay entornos muy masculinizados en los que el poder sigue estando en manos de hombres mayoritariamente, algo que ocurre en la ciencia, pueden minusvalorarse las situaciones de acoso»

La mayoría de puestos de poder en el sistema de ciencia están en manos de hombres. Así lo refleja cada año el informe sobre mujeres investigadoras del CSIC, con el ya conocido gráfico en forma de tijera. ¿Influye esta realidad en el acoso sexual en el mundo de la ciencia?
Lo que plantean los estudios es que en entornos más igualitarios es más fácil que se detecten estas conductas, que no se les quite importancia y que se actúe contra ella. La gráfica en forma de tijera es muy importante hace 10 o 15 años muchas personas decían que era cuestión de tiempo que cambiara. Pero vuelves a ver las gráficas y siguen en una situación parecida. Ahí hay elementos que hacen que las mujeres, por múltiples razones, no lleguen.

¿Pueden las situaciones de acoso contribuir a que no lleguen? En el libro cuento el testimonio de una persona en el CSIC para la que la gota que colmó el vaso y la llevó a dejar la ciencia fue una situación de acoso que denunció y cuya denuncia se archivó. Hay otros elementos, como la conciliación y los cuidados familiares que siguen recayendo principalmente en mujeres, pero creo que este puede ser un factor que en algunos casos sí que pueda contribuir.

En el libro cuento el testimonio de una persona en el CSIC que una situación de acoso que denunció, y cuya denuncia se archivó, la llevó a dejar la ciencia»

En algunos de los casos que cuentas en tu libro, las víctimas no identificaban el acoso al principio, incluso cuando familiares ya lo intuían. ¿Por qué cuesta tanto identificarlo y percibirse como víctima?
Por un lado, porque las situaciones de acoso son un proceso muy gradual. Suelen ser personas cercanas que poco a poco van adoptando conductas de acoso, pero son conductas muy graduales y sibilinas. La víctima muchas veces confunde lo que está ocurriendo, se culpabiliza y tiende a pensar que son imaginaciones suyas. El entorno muchas veces tampoco lo identifica y no le pone freno porque tenemos ciertos sesgos o miedos a decir lo que estamos viendo y que también podamos tener represalias.

Ángela Bernardo, biotecnóloga especializada en comunicación científica con su libro sobre el acoso en la ciencia

Cuesta detectarlo o identificarlo y es muy llamativo. Hablando con Alicia González, jurista que trabaja en la Unidad de Igualdad de Género de la Universidad Autónoma de Madrid, describía el acoso como un proceso que va subiendo un escalón y otro y otro más, hasta que, de repente, las víctimas se dan cuenta de que están hechas una piltrafa y de que aquello a lo que no le daban importancia en realidad es mucho más grande.

«La víctima muchas veces confunde lo que está ocurriendo, se culpabiliza y tiende a pensar que son imaginaciones suyas. El entorno muchas veces tampoco lo identifica»

Esto aparece reflejado de forma clara en el caso que cuento de una estudiante universitaria que, al principio, no daba importancia a los correos que recibía de un profesor. Pero llega un punto en el que la situación le resulta muy incómoda y cambia su comportamiento. Ni siquiera ella identificaba lo que ocurría como ciberacoso porque nunca le pasó nada física ni presencialmente. Lo que está claro es que esa situación le produjo un hostigamiento durante muchos años.

¿Qué papel juega en la ausencia de denuncias el miedo a no ser creída, la responsabilidad de denunciar a alguien con una larga trayectoria, y el propio miedo a acabar con tu carrera?
Son situaciones que se denuncian poco, primero porque no se conoce muy bien qué es el acoso. Una encuesta que hizo el CSIC entre sus trabajadores lo demuestra: cuando preguntan si han vivido acoso, el 1,9% dice que sí. Pero cuando les preguntan por conductas específicas de acoso ya sube al 10%, es un salto muy grande. En segundo lugar, existe miedo en la víctima y en su entorno a lo que pueda pasar.

«Son situaciones que se denuncian poco, primero porque no se conoce muy bien qué es el acoso. En segundo lugar, existe miedo en la víctima y en su entorno a lo que pueda pasar»

Además faltan recursos e información. Los estudios hechos en España en campus universitarios muestran que no se conocen muy bien qué recursos existen. También influye que el peso o el foco recaiga sobre la víctima, porque parece que las situaciones de acoso solo son entre la víctima y la persona que le acosa. Pero hay un tercer elemento muy importante: todas las personas que formaban parte de ese sistema. Todo el mundo tiene una responsabilidad moral y legal para actuar contra el acoso y tienen que poner los medios para denunciarlo o para que se investigue y deje de ocurrir.

Cuentas el caso de una investigadora del CSIC que decidió dejar la investigación. Su denuncia, como otras que cuentas, no llegó a nada. ¿No se hace lo suficiente en los centros de investigación?
No todos tienen las herramientas que tienen que tener. La Ley de Igualdad de 2007 obliga a tener protocolos contra el acoso sexual y contra el acoso por razón de sexo. Es verdad que la mayor parte de las universidades públicas sí tienen protocolos. En el caso de las universidades privadas, no todas lo tienen, y todavía hay organismos públicos de investigación que no cuentan con un protocolo propio contra el acoso. Un ejemplo es el Instituto de Salud Carlos III, buque insignia de la investigación biomédica en España. Dicen que tienen protocolo contra el acoso laboral, pero no son lo mismo, no tienen las mismas causas ni afectan normalmente a las mismas personas.

«Todavía hay organismos públicos de investigación que no cuentan con un protocolo propio contra el acoso. Un ejemplo es el Instituto de Salud Carlos III»

Por otro lado, los estudios que hay sobre los protocolos plantean que muchas veces no son efectivos o no cubren todas las situaciones. Por ejemplo, hay veces que no se garantiza bien la confidencialidad, o que no se garantiza bien la presunción de inocencia, que también es muy importante. Otras veces, hay protocolos que se centran solo en aspectos relacionados con la salud laboral. Esto ocurre, por ejemplo, en las universidades, donde los protocolos cubren al persona, pero no a los estudiantes. Esto es un problema porque hay muchas situaciones de acoso entre una alumna y un profesor.

Entonces, ¿qué falta por hacer en el sistema de ciencia español?
Faltan recursos, medios e información. En EEUU y en Reino Unido se están haciendo campañas de información sobre lo que llaman potenciales testigos, para que una persona que conozca un caso de acoso sepa cómo actuar. También sería interesante contar con un teléfono de atención y ayuda. El Ministerio de Ciencia tiene un buzón electrónico donde se pueden denunciar estas situaciones. Pero si pensamos en la víctima: ¿va a dejar por escrito todo lo que le está ocurriendo en un buzón anónimo que no sabe a quién llega?

«Siempre ponemos el foco en la caída del investigador famoso y no nos planteamos que igual hemos perdido a investigadoras que iban a hacer un papel brillante»

Por otro lado faltan estudios sobre el acoso. Me ha llamado mucho la atención lo poco que se sabe sobre las personas que acosan. Salvo que es más frecuente que quienes tienen estas conductas sean hombres, sabemos poco más. Eso también dificulta saber qué intervenciones se pueden hacer para evitar estas situaciones o para evitar que reincidan.

En España todavía interpretamos la integridad científica asociada al plagio o a la fabricación de datos. Pero hacer daño a una persona es también un daño al conjunto de la comunidad investigadora. Cuando ha salido casos en Estados Unidos, siempre ponemos el foco, incluso desde los medios, en la caída del investigador famoso y no nos planteamos que igual hemos perdido a investigadoras que iban a hacer un papel brillante.

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