Dr. Celso Arango: “Las conductas autolesivas entre adolescentes han aumentado mucho más que los suicidios”

Psiquiatra y director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón de Madrid

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Cristina Cebrián
Arañazos, cortes, quemaduras con cigarrillos o frotarse la piel en forma repetida con una goma de borrar o sal son algunas formas de autolesión que se dan, cada vez con mayor frecuencia, entre jóvenes y adolescentes. ¿El motivo? Atraer la atención de los padres, expresar la ira, regular emociones negativas o identificarse con un grupo de pares, entre otros. “Es una forma de matar el dolor psíquico”, explica el Dr. Celso Arango, psiquiatra y director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Las conductas autolesivas son un fenómeno que se está viralizando entre los jóvenes y que ha aumentado de forma considerable, incluso por encima de los suicidios. El psiquiatra recuerda que estas autolesiones “van muy en línea” con los trastornos obsesivo compulsivos y asegura que lo están viendo cada vez más en las consultas.

En los últimos años hemos visto un aumento de las consultas de salud mental entre los menores y el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte no natural en los jóvenes de entre 15 y 29 años. ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad? ¿A qué se debe este aumento?
Ojalá lo supiéramos. Desde la pandemia, parece que se le ha dado más difusión a los problemas de salud mental, especialmente entre los jóvenes. Pero nada más lejos de la realidad. De hecho, muchos de los trastornos mentales se han incrementado mínimamente o nada. En cambio, hay otros como la depresión o la ansiedad que han aumentado un 20%.

Ahora somos más capaces de detectar problemas que antes no detectábamos. Esto también aplica a algo que hasta ahora ha sido tabú y lo sigue siendo, aunque algo menos: el número de suicidios reportados

Pero ese incremento en la incidencia y prevalencia de los trastornos mentales, incluido el suicidio en menores, era una tendencia que ya estaba ahí, previa a la pandemia. En este sentido se dan varios factores. Uno de ellos es que se realiza una mejor detección. Ahora somos más capaces de detectar problemas que antes no detectábamos. Esto también aplica a algo que hasta ahora ha sido tabú y lo sigue siendo, aunque algo menos: el número de suicidios reportados. Todos sabemos que siempre ha sido muy inferior al número de suicidios reales. Hay muchos suicidios, pero se han ocultado bajo accidentes o bajo otra causa.

Por otro lado, hay que tener en cuenta el fenómeno de la globalización y la viralización de algunas de estas conductas. En ocasiones, llegan a plantearse como una competición en las redes sociales o como una fuente de información qué explica cómo llevar a cabo esa conducta. También existen las dinámicas de grupo que potencian que hacer algo concreto es “guay”. En este sentido, recientemente se han incrementado las conductas autolesivas. Mucho más que el suicidio. Se trata de lesiones y los adolescentes que las llevan a cabo son conscientes de que no les va a matar, que solo les produce daño físico, por ejemplo mediante pellizcos, cortes, heridas, etc.

Este es un fenómeno nuevo que se está viralizando entre los jóvenes. Es una forma de matar el dolor psíquico. Mediante esa autolesión, la persona acalla ese malestar psíquico y emocional, pero solo durante un tiempo, hasta que vuelve a aparecer. Va muy en la línea de los trastornos obsesivo compulsivos y lo estamos viendo cada vez más. Aún así, es difícil distinguir si se trata de un fenómeno nuevo o es algo que ya existía pero que se expresaba de otra manera.

Afortunadamente, los trastornos más habituales son los más leves. Son trastornos específicos del desarrollo, como trastornos del lenguaje, dislexia, problemas de memoria, trastornos del vínculo inicial, trastornos adaptativos de tipo depresivo

¿Cuáles son los trastornos mentales más comunes entre los niños y adolescentes?
Afortunadamente, los trastornos más habituales son los más leves. Son trastornos específicos del desarrollo, como trastornos del lenguaje, dislexia, problemas de memoria, trastornos del vínculo inicial, trastornos adaptativos de tipo depresivo, de acontecimientos estresantes, etc. También están los trastornos afectivos como la depresión y la ansiedad y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Los que más nos preocupan, pero que no son mayoría, son los trastornos graves, porque se cronifican y suponen una mayor carga para el sistema sanitario. Hablamos, por ejemplo, del autismo, de trastornos psicóticos, trastorno bipolar, la esquizofrenia de inicio temprano y trastornos obsesivo compulsivos graves.

Los menores cada vez acceden antes a internet y a las redes sociales, ¿es este un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos mentales? ¿Cómo les afecta su uso?
Sí, es un factor de riesgo, pero la mayor parte de los jóvenes que utilizan las redes sociales no desarrollan ningún tipo de trastorno mental. Muchas veces, el uso de las redes sociales conlleva factores etiológicos, precipitantes o mantenedores de trastornos mentales. Es decir, los jóvenes que ya tenían un trastorno mental se refugian en internet y las redes sociales.

Ocurre de manera similar con drogas como el cannabis, que en la mayor parte de casos es un factor de pronóstico o un factor de entrada para alguien que ya era susceptible y estaba en situación de riesgo. Lo cual no significa que no haya que trabajar para disminuir el mal uso de las redes sociales, que supone un factor de riesgo para la salud mental.

¿Cambia mucho el abordaje de trastornos como la depresión o la ansiedad cuando se trata de pacientes menores?
Sí, muchísimo. Cambia mucho por múltiples motivos. Uno es la forma de manifestarse. Por ejemplo, el síntoma fundamental de la depresión en un niño no es la tristeza, es la irritabilidad. Tienen los nervios a flor de piel, no se les puede decir nada porque “saltan” por cualquier cosa, no disfrutan con nada y están enfadados con todo el mundo.

El abordaje de la depresión en niños es diferente al del adulto, porque el síntoma fundamental de la depresión en un niño no es la tristeza, es la irritabilidad

El abordaje es distinto porque, al final, un niño deprimido vive en familia y hay que hacer intervenciones sistémicas familiares para averiguar lo que está pasando. Muchas veces lo que vivimos es que, además de estar deprimido, se le culpabiliza al niño de ese tipo de comportamientos, como si fuera responsable o se hiciera a propósito. Por esto es fundamental trabajar con él, con el medio escolar, con la familia. Esto no se hace con los adultos.

También son distintos los tratamientos. Por ejemplo, hay tratamientos farmacológicos que funcionan en adultos, pero no en niños. Estos son todos aquellos que tienen que ver con el sistema noradrenérgico. No funcionan en niños porque su sistema noradrenérgico no acaba de desarrollarse hasta la adolescencia. En cuanto a las intervenciones psicoterapéuticas, también tienen que estar adaptadas a la infancia.

En ocasiones, el niño es consciente de lo que le ocurre pero no sabe ponerle nombre. ¿Cómo pide ayuda a los familiares y cómo es ese proceso de llegar a la consulta del especialista?
Esta es una de las principales intervenciones preventivas que tenemos. Ocurre con el suicidio y con el acoso escolar. El 50% de los niños que sufren acoso escolar no se lo dicen a nadie, ni siquiera a los padres. Además, el 50% de los niños que piensan en suicidio no se lo dicen a nadie. Entonces, es fundamental crear un ambiente menos restrictivo y en el que las emociones estén menos restringidas y exista un aprendizaje socioemocional.

Los niños tienen que aprender a manifestar sus emociones, a no tener vergüenza de comunicar sus estados de malestar propio y a detectar esos estados en los otros compañeros de clase. Es fundamental que aprendan a pedir ayuda y que aprendan a darla. Muchas veces el tabú viene influido por las propias familias, por la costumbre de no hablar las cosas y de pensar que “ya se pasará”. Es importante dar las herramientas para mejorar esa comunicación y que el niño entienda que lo que le ocurre también le pasa a muchos otros y que se puede buscar ayudar.

La prevención es una de las grandes carencias de nuestro sistema y, sobre todo, la prevención primaria. Estamos siempre más pendientes de lo urgente que de lo importante

¿Está preparado nuestro sistema sanitario para llevar a cabo intervenciones tempranas de menores con problemas de salud mental? ¿Qué hace falta para mejorarlo?
La prevención es una de las grandes carencias de nuestro sistema y, sobre todo, la prevención primaria. Estamos siempre más pendientes de lo urgente que de lo importante. Los políticos están más pendientes de presupuestar fondos para el próximo año. Hay que tener en cuenta que cualquier medida preventiva tarda en dar su fruto y los políticos lo que quieren es encontrar soluciones que “vendan” y no aquello que va a beneficiar a la sociedad dentro de diez años. Pero no hay que olvidar que las personas con trastorno mental grave, como la esquizofrenia o el autismo, viven en una media de 15 años menos que la población general.

En el caso de Dinamarca, uno de los países con una mayor tasa de de suicidio de Europa, se puso en marcha un plan nacional de prevención del suicidio a diez años, que implicaba no solo a la sanidad, sino a la educación, servicios sociales, justicia y medios de comunicación. Gracias a este plan, en diez años consiguieron ser uno de los países con menor tasa de suicidio de Europa.

Se trata de prevenciones primarias que van más allá del ámbito sanitario. Además, hay que tener en cuenta que, aunque el retorno es a largo plazo, son medidas costo eficientes. En definitiva, la prevención y la promoción de la salud son una de las grandes carencias que tiene nuestro sistema. Ahí es fundamental poner el foco en el ámbito educativo.

Necesitamos mucho más de 30 psiquiatras infanto juveniles en el país al año y necesitamos que las comunidades autónomas incrementen el número de unidades docentes

La especialidad de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia acaba de “estrenarse” en España. ¿Cómo la habéis recibido los profesionales? ¿Llega tarde? ¿Existen suficientes psiquiatras infantiles en España?
Hace apenas dos meses que llegaron los primeros residentes de Psiquiatría de la Infancia y Adolescencia en 20 hospitales de España. Este año se han ofertado 30 plazas y siguen siendo claramente insuficientes. Necesitamos mucho más de 30 psiquiatras infanto juveniles en el país al año y necesitamos que las comunidades autónomas incrementen el número de unidades docentes. El Ministerio de Sanidad no puede ofertar plazas si las comunidades autónomas no tienen sus unidades docentes. Aún así, estamos muy contentos por la llegada de esta especialidad que, además, es de cinco años, tal y como habíamos pedido. Ahora tenemos que seguir mejorando.

¿Qué consejo le daría a un médico MIR que acaba de empezar su residencia en esta especialidad?
Primero les diría que tienen un futuro absolutamente prometedor. Tienen que ser bilingües en inglés, aprender muchísima genética, psicoterapia y psicofarmacología. También les diría que, antes de hacer todo eso, tienen que saber que el mejor médico es el más cercano, el más humano y el que es capaz de ganarse la confianza del menor y de su familia, que en este caso es tan importante. Es un campo que está viviendo descubrimientos revolucionarios en este momento y que tiene un futuro absolutamente brillante y necesario.

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