Matar un ruiseñor

Dr. Antonio G. García. Médico y catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la Fundación Teófilo Hernando

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Dr. Antonio G.García, médico y catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la Fundación Teófilo Hernando
Los medios de comunicación tienen a gala hacernos llegar con bombo y platillos los desastres de las guerras, los enfrentamientos políticos y las muchas desgracias que asolan a la humanidad: llueve poco y, cuando llueve, lo hace torrencialmente; hay muertes violentas por terrorismo y las guerras; el planeta corre serio peligro, aunque sabemos que tiene 4.500 millones de años de vida y, seguramente, le quedan unos cuantos millones más; el drama de la inmigración y la pobreza; la epidemia de las drogas… y el caos. Yo, sin embargo, ya vivo casi ajeno a este ruido exterior porque empleo casi todo mi tiempo en actividades que no son noticia. Les acerco algunos ejemplos.

En la Fundación Teófilo Hernando (FTH) buscamos soluciones farmacoterápicas para la enfermedad de Alzheimer. Para ello invertimos en lo más valioso que la práctica científica exige: cabezas bien amuebladas. Acabo de salir de una reunión de tres horas, que he mantenido con tres de los jóvenes doctores que trabajan en mi laboratorio de la Fundación. Analizamos algunas de las múltiples vías de señalización celular implicadas en la patogénesis de la enfermedad. Conociéndolas, podremos elegir dianas con potencial terapéutico que orienten la búsqueda de fármacos que, por reconocer alguna de esas dianas, pudieran ejercer un efecto neuroprotector. Sí así fuere, esos fármacos presentarían el potencial para rescatar de la muerte a las neuronas vulnerables del hipocampo y la corteza prefrontal del paciente que sufre la devastadora enfermedad de Alzheimer.

“Una de esas actividades se relaciona con la práctica científica en la búsqueda de una solución terapéutica para el devastador alzhéimer”

En una enfermedad con una fisiopatología multifactorial como el alzhéimer, creo que no encaja la hipótesis ampliamente perseguida, en el sentido de que la intervención farmacológica en una sola diana vaya siquiera a mitigar la sintomatología. Y mucho menos que sea capaz de enlentecer el curso de la enfermedad. En la Fundación queremos dar una oportunidad a una estrategia plurifarmacológica con la idea puesta en una hipótesis alternativa: actuando sobre tres dianas patogénicas, distintas pero complementarias, con una tríada de fármacos, podrían activarse con más prontitud y eficacia otras tantas vías neuroprotectoras que se opongan a las que favorecen la muerte neuronal apoptótica.

Por ello, trabajamos en tres cascadas patogénicas que, entre otras muchas, participan en la patogénesis de la enfermedad, a saber: la neuroinflamación, el estrés oxidativo y la dishomeostasia del catión calcio. La combinación de fármacos ha demostrado tener una llamativa eficacia en el tratamiento de varias enfermedades crónicas; los ejemplos del cáncer, el sida, la insuficiencia cardiaca o las epilepsias ilustran esta observación. ¿Por qué no va a ser así en el alzhéimer?

“Una de las actividades más eficaces para transmitir y conocer los avances científicos son los seminarios en pequeños grupos”

Según mi costumbre, el pasado martes asistí a un Seminario «Teófilo Hernando», en el Departamento de Farmacología y Terapéutica de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. Lo impartió la doctora Marta Córtes-Cantelí de la Fundación Jiménez Díaz y versó sobre vasos y alzhéimer. Tengo para mí que los dañados microvasos cerebrales podrían estar presentes en el 50 % de los pacientes que sufren la enfermedad de Alzheimer. La ponente defendió la idea de que, si se toman medidas para prevenir el riesgo vascular, también se mitiga el riesgo de padecer alzhéimer.

Sin embargo, algunos ensayos clínicos con estatinas en pacientes de alzhéimer han proporcionado resultados negativos. Una prueba más de que los tratamientos basados en un solo fármaco no son eficaces. Esta conclusión se afianza con los también resultados negativos de las decenas de ensayos clínicos monoterápicos, con el uso de una molécula pequeña o un anticuerpo monoclonal, con el objetivo puesto en la disminución de la carga de amiloide-beta en el cerebro de pacientes de alzhéimer.

“Rendir tributo a científicos que han aportado decisivos conocimientos para conocer mejor la enfermedad y su tratamiento es un deber moral de la sociedad”

Otra de mis actividades de los días otoñales de finales de noviembre fue mi visita al salón de actos del madrileño Hospital Universitario de La Princesa. Se celebró allí un emotivo homenaje a la figura del profesor Francisco Sánchez Madrid, quien ha recibido varios premios nacionales e internacionales por su original trabajo en inmunología.

El más destacado de todos ellos ha sido el Premio «Robert Koch» que recibió en Berlín junto con el profesor Timothy Springer, de manos del premio Nobel de Medicina, el profesor Jules Hoffmann, el pasado 17 de noviembre. Ambos científicos identificaron las integrinas que controlan la adhesión y la activación de los leucocitos; ello abrió las puertas al desarrollo de terapias para enfermedades inflamatorias y autoinmunes tipo esclerosis múltiple o la enfermedad de Crohn. Posteriormente, ya en sus laboratorios de La Princesa, el doctor Sánchez Madrid ha realizado investigaciones para comprender la función de las «sinapsis» inmunológicas, estructuras mediante las cuales las células inmunitarias se comunican entre sí o con otras células.

“Tenemos que aprender a dejar de lado el ruido exterior acerca de las catastróficas noticias de los masivos medios de comunicación que nos avasallan”

Los pasados días 13 al 16 de este mes que abre la puerta al frío invernal de la Meseta, nos «encerramos» en la Universidad de Alcalá de Henares un grupo pluridisciplinar de científicos. Celebramos la reunión anual número 43 de la Red GENN (Grupo Español de Neurotransmisión y Neuroprotección). En este Grupo, los jóvenes que hacen sus tesis doctorales y algunos doctores también jóvenes presentaron los avances de sus trabajos de investigación habidos durante el año 2023. Es este un grupo multidisciplinar de investigadores que trabajamos en distintas universidades y centros de investigación de España; a la llamada de la profesora Isabel Iriepa acudimos 60 miembros del GENN, un número ideal para facilitar el análisis y discusión de los 40 trabajos expuestos.

La temática se relacionaba con las enfermedades neurodegenerativas, el ictus, la degeneración de la retina y el dolor. El énfasis se pone en la identificación de dianas con potencial farmacoterápico. De ahí que el GENN goce de la pluridisciplinariedad inherente al tema, con químicos computacionales, químicos médicos, farmacólogos, biólogos moleculares e incluso algunos expertos en ensayos clínicos.

“La combinación de fármacos ha demostrado tener una llamativa eficacia en el tratamiento de varias enfermedades crónicas”

Vienen a colación estas historias que he vivido durante los últimos días de 2023 para contrastar este armonioso ruido «interior» con el estentóreo ruido «exterior» que nos invade en estos tiempos. ¿Acaso España es solo el ruido de la calle que reproducen los todopoderosos medios de comunicación? ¿Por qué estos medios consideran que las trifulcas de nuestra mediocre clase política son las únicas noticias que venden? Me exasperan los periodistas que aseguran por la radio que las guerras, los asesinatos y las disputas parlamentarias nos tienen que interesar: «Estas son las tres noticias que te interesan», «te contamos todas las noticias que te interesan», y otras lindezas parecidas. ¿Por qué aseguran ellos que nos interesan? Además, ¿por qué nos tutean? ¿Acaso nos han presentado y ya contamos con su amistad?

¿Acaso no son noticia las vigorosas discusiones científicas de entornos como la Fundación Teófilo Hernando? ¿O la narración del trabajo de un científico en un seminario en la Universidad? ¿O el homenaje a un gran investigador que ha elevado la ciencia a niveles internacionales en un hospital español? No; en las facultades de ciencias de la información (¿ciencias?) no deben considerarse las buenas noticias como algo que valga la pena mostrar a la sociedad.

“En la Fundación queremos dar una oportunidad a una estrategia plurifarmacológica con la idea puesta en una hipótesis alternativa”

En la película de Robert Mulligan «Matar un ruiseñor» (1962), basada en la novela de Harper Lee que, inesperadamente tuvo un enorme éxito, y que he visto varias veces sin cansarme, el gran y sereno actor Gregory Peck se mete (de verdad) en el personaje de un abogado que defiende a un hombre negro acusado de violación.

Una de las numerosas conversaciones que el viudo abogado Atticus mantiene con sus dos pequeños hijos Jem y Scout, les habla de su escopeta y de la caza de aves. Les dice que se puede disparar a los grajos, pero nunca matar a un ruiseñor. Cuando los pequeños le preguntan por qué, Atticus responde que el ruiseñor nos deleita con sus dulces cantos que nos reconfortan y alegran la vida. Pues eso, el horripilante ruido externo de los grajos (las noticias de los medios) y el tranquilizante sonido interno del ruiseñor (la vida ordinaria en paz).

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