Edición genética en humanos: oportunidades y dilemas éticos ante el avance de la ciencia

Los expertos debaten sobre las fronteras entre el tratamiento de enfermedades y la optimización humana mediante edición genética

Fátima Del Reino Iniesta
Los avances en edición genética abren un amplio abanico de posibilidades para la medicina y la ciencia. Desde el tratamiento de enfermedades hasta la posibilidad de modificar aspectos físicos. Gemma Marfany, catedrática de Genética de la Universitat de Barcelona, ha destacado la importancia de diferenciar entre “terapia genética” y “mejora genética”.

La catedrática ha explicado que mientras que la terapia se centra en intervenir en caso de que exista una enfermedad o tenga la posibilidad de desarrollarse, de forma que se intenta prevenirla o minimizarla, la mejora implica ciertas actuaciones en las que no existe una patología como modificar el color de ojos o la estatura.

Sin embargo, en algunos casos, la frontera entre ambas categorías es difusa, ya que “existen casos en los que una mejora puede acabar siendo un tratamiento”, ha señalado durante una jornada de debate sobre los mitos y las realidades del mejoramiento humano, organizada por la Fundación Lilly y la Fundació per al Foment de la Investigació Sanitària i Biomèdica de la Comunitat Valenciana (Fisabio).

«Es importante pensar muy bien que es lo que se quiere hacer y que consecuencia puede tener, pue no va a haber un botón de devolución”

Para ejemplificar esta situación, Marfany ha expuesto el caso de una persona que padece enanismo y que se le trate para ser más alta. A pesar de que las técnicas actuales no permiten ediciones genéticas a gran escala en humanos, la experta cree que estos procedimientos mejorarán en el futuro, haciendo posibles intervenciones más profundas. “Por ello es importante pensar muy bien que es lo que se quiere hacer y que consecuencia puede tener, pue no va a haber un botón de devolución”, ha insistido Marfany.

A esto se ha unido Antonio Diéguez, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga, quien también destaca que “la difusión entre terapia y mejora genética es esencial, pero más aún lo es la diferencia entre modificar los genes de las células somáticas y las modificaciones en la línea germinal”.

“La difusión entre terapia y mejora genética es esencial, pero más aún lo es la diferencia entre modificar los genes de las células somáticas y las modificaciones en la línea germinal”

Respecto al tratamiento de las enfermedades raras, ha expresado que, si muchas de ellas se diagnostican de forma muy temprana «una ventana de tiempo en la que la terapia, sea génica o de precisión» se puede reducir enormemente los costes del paciente a lo largo de toda su vida, en comparación con estar siempre con tratamientos paliativos.

Inequidad heredable

Uno de los grandes desafíos que plantean estas tecnologías es la desigualdad económica. El acceso a someterse a mejoras genéticas podría quedar restringido a quienes posean el dinero para poder pagarlo, lo que provocará que “la inequidad sea heredable», ha alertado Marfany, planteando un futuro en el que las personas con mejoras genéticas tengan ventajas deportivas, cognitivas o inmunológicas, y quienes no las tengan “no podrán competir”.

El catedrático de Derecho y Genoma Humano de la Universidad del País Vasco, Íñigo de Miguel, ha señalado que las técnicas actuales son “muy caras” y, de momento, inviable su financiamiento a través del sistema público de salud porque los recursos no son ilimitados. Considera que, si bien podría destinarse un fondo para estimular avances en el sector, es improbable que estos tratamientos sean accesibles para la mayoría de la población en un futuro cercano.

«Podría llegar el momento en que ser «buenos padres» implique modificar genéticamente a los hijos, con implicaciones éticas y de género»

Además de las dificultades económicas, De Miguel ha advertido que este tipo de avances traerán problemas tanto económicos como éticos sobre la presión social que podría generarse para someterse a modificaciones genéticas. «Podría llegar el momento en que ser «buenos padres» implique modificar genéticamente a los hijos, con implicaciones éticas y de género», ha explicado.

Tras ello, ha rechazado que se traten tan solo de decisiones «individuales«, pues afectan a toda la sociedad y, si bien cree que «quizás no podamos mejorar genes«, ha destacado la posibilidad de silenciarlos para evitar que tengan lugar ciertos eventos que podrían perjudicar al sujeto.

Consecuencias biológicas y promesas irreales

Marfany también ha abordado las limitaciones biológicas de la mejora genética. «La evolución nos enseña que no podemos mejorar en todo. Si optimizamos un rasgo, puede ser a expensas de otro«, ha afirmado. Como ejemplo, ha mencionado la selección artificial en el ganado: vacas con alta producción láctea pueden no ser adecuadas para la producción de carne, ya que los genes implicados tienen efectos en cascada sobre otros rasgos.

«La evolución nos enseña que no podemos mejorar en todo. Si optimizamos un rasgo, puede ser a expensas de otro»

Por su parte, Diéguez, ha destacado los riesgos de consolidar castas biológicas. «Las actuales élites económicas podrían convertirse también en élites biológicas, con mayor inmunidad a enfermedades o capacidades intelectuales superiores«, ha advertido. Esto dificultaría la movilidad social y podría generar sociedades más estratificadas.

En cuanto a la diversidad, Diéguez ha apuntado que las mejoras genéticas no necesariamente homogeneizarían a la población, ya que la elección de características sería subjetiva. No obstante, ha enfatizado en la necesidad de diferenciar entre promesas científicas realistas y expectativas infundadas. «Hay quienes prometen la inmortalidad cuando ni siquiera han resuelto la alopecia», ha afirmado, instando a centrar los esfuerzos en problemas actuales y objetivos alcanzables.

Podcast

Podcast

Economía

Accede a iSanidad

Buscar
Síguenos en