Paula Baena
El 30% de los jóvenes españoles de entre 18 y 30 años presenta síntomas compatibles con la enfermedad de ojo seco. Sin embargo, solo el 5,7% ha sido diagnosticado por un médico. Esta es una de las principales conclusiones del Estudio PrevEOS, el primer análisis de prevalencia poblacional del ojo seco en España, publicado en la revista científica The Ocular Surface. El trabajo ha sido liderado por el profesor José Manuel Benítez del Castillo, catedrático de Oftalmología en la Universidad Complutense y jefe de sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid.
El Estudio PrevEOS, respaldado por Laboratorios Théa, se ha realizado a partir de 3.019 entrevistas telefónicas, distribuidas proporcionalmente según sexo, edad y localización geográfica, abarcando todas las comunidades autónomas. La prevalencia se ha medido utilizando los criterios internacionales del Women’s Health Study (WHS) y del Beijing Eye Study (BES).
Así, según los resultados, la prevalencia de ojo seco oscila entre el 16,6% y el 22,5%, dependiendo del criterio empleado. Sin embargo, al incluir síntomas como fatiga visual y visión fluctuante, la cifra se eleva hasta un 33%, lo que significa que uno de cada tres adultos sufre signos compatibles con el ojo seco.
El infradiagnóstico en jóvenes, un problema silenciado
A pesar de la alta prevalencia, el diagnóstico en jóvenes es mínimo. «Es gente muy ocupada, pasan muchas horas frente a pantallas y, aunque presentan síntomas evidentes, no acuden al oftalmólogo. Además, suelen notar mejoría los fines de semana, lo que les hace restarle importancia», ha explicado el Dr. Benítez del Castillo, quien advierte que esta falta de atención temprana puede derivar en casos más graves a largo plazo.
El especialista ha señalado que en las consultas ya están apareciendo casos preocupantes. «Estamos viendo niños de 12 a 15 años con síntomas de ojo seco, provocados por el uso excesivo de pantallas. Es un fenómeno que antes no existía y que debería alertarnos», ha resaltado el especialista.
Las personas que utilizan pantallas durante menos de seis horas al día presentan más diagnósticos de ojo seco que aquellas que superan las nueve horas diarias
Uno de los resultados más llamativos del estudio es la relación inversa entre el uso de pantallas y el diagnóstico de ojo seco. Según los datos, las personas que utilizan pantallas durante menos de seis horas al día presentan más diagnósticos de ojo seco que aquellas que superan las nueve horas diarias.
El Dr. Benítez del Castillo ha aclarado el motivo de este hallazgo, que podría parecer paradójico: «Cuando el paciente tiene el ojo muy seco y está muy afectado, reduce voluntariamente el uso de pantallas. Sabe que mirar una pantalla le provoca sequedad ocular y, al ser consciente del malestar, tiende a limitar el tiempo frente a dispositivos digitales». Este fenómeno, según el experto, podría explicar el infradiagnóstico en quienes hacen un uso intensivo de pantallas. Pues, a pesar de sus síntomas, muchos no buscan atención médica.
Además, el especialista ha insistido en la importancia del parpadeo durante el uso de pantallas: «Cuando miramos una pantalla, pasamos de parpadear quince veces por minuto a apenas cuatro. Y, además, muchos de esos parpadeos son parciales, lo que impide que las glándulas de Meibomio liberen correctamente la capa lipídica que protege la lágrima, aumentando así la sequedad».
Enfermedades como la diabetes o el glaucoma podrían aumentar el riesgo de desarrollar ojo seco
El Estudio PrevEOS identifica varias causas que aumentan el riesgo de desarrollar ojo seco. Entre ellas, destacan patologías como la diabetes, cuyo daño neuropático reduce la sensibilidad corneal y, con ello, la producción lagrimal. También se señala el glaucoma, ya que «los colirios empleados para tratarlo, especialmente aquellos con conservantes como el cloruro de benzalconio, tienden a secar el ojo y empeoran el cuadro», ha especificado.
Las cirugías oculares, incluidas las intervenciones de cataratas, retina y refractivas, son otro factor de riesgo significativo. «Toda cirugía en la superficie ocular daña la sensibilidad corneal y, por tanto, la calidad de la lágrima. El riesgo es aún mayor en pacientes sometidos a múltiples intervenciones», ha explicado el catedrático.
En cuanto al sesgo de género, el estudio confirma que la prevalencia es superior en mujeres. Con los criterios WHS, un 21,3% de mujeres sufre síntomas frente al 10,9% de hombres. Según los criterios BES, la proporción es del 24,6% frente al 20,2%. «El origen es hormonal», ha explicado el experto, «ya que la caída de andrógenos tras la menopausia afecta la función de las glándulas de Meibomio, responsables de la producción de la capa lipídica de la lágrima. Además, ciertos cosméticos y técnicas como el water lining pueden obstruir estas glándulas y agravar el problema».
Atención primaria como principal aliada
El Dr. Benítez ha señalado que «muchos pacientes no siguen el tratamiento porque las lágrimas artificiales no están cubiertas por la sanidad pública, salvo en casos de síndrome de Sjögren. Además, las lágrimas de mayor calidad son costosas». Así, el oftalmólogo ha destacado que esta falta de acceso al tratamiento adecuado tiene consecuencias graves: «El ojo seco no es una simple molestia. Un paciente con ojo seco severo tiene la misma mala calidad de vida que alguien con angina de pecho grave. Y lo peor es que, si no se trata, puede derivar en queratitis e infecciones, ya que la lágrima es la primera barrera defensiva del ojo».
Así, el estudio pone en evidencia que el ojo seco es una patología frecuente, pero infradiagnosticada y subestimada, especialmente entre los jóvenes. Por ello, los especialistas reclaman una mayor implicación de los profesionales de atención primaria. «Con un sencillo cuestionario de síntomas se podrían detectar muchos casos y derivarlos al especialista. Es fundamental que los médicos de cabecera se conciencien sobre la importancia de esta patología», ha concluido el doctor, incidiendo también en la importancia de concienciar y educar a la población.











