Cáncer gástrico: biomarcadores emergentes para un tumor que se diagnostica en fase metastásica en el 80% de los casos

No se habla muy habitualmente de este tipo de cáncer porque no es de los más frecuentes en España, sin embargo presenta una mortalidad muy alta. Un libro blanco presenta las últimas actualizaciones en el abordaje y tratamiento de estos tumores

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Gema Maldonado Cantero
La detección y el abordaje del cáncer gástrico en España tiene un amplio margen de mejora. Es cierto que la incidencia de este tumor en nuestro medio es de moderada a baja: en España ocupa la posición 12 en cuanto a su incidencia, un escenario muy distinto al de otras regiones del mundo, como Asia, parte del Latinoamérica y algunas áreas de África. Pero su mortalidad es muy alta porque cuando se diagnostica, en muchas ocasiones ya es tarde. «El 80% se localiza en fase metastásica, con lo que la posibilidad de cura es prácticamente nula», ha señalado el Dr. Javier Sastre, oncólogo del Hospital Universitario Cínico San Carlos de Madrid.

Una cifra bien distinta a la que se registra en países asiáticos, donde el 60% se diagnostica en etapas precoces. Allí la elevada incidencia de este tipo de tumores hace que los cribados, que se limitan por ahora a una gastroscopia, una prueba invasiva y costosa y que requiere tiempo de realización, sea coste-efectiva, pero no ocurre lo mismo en España. La falta de una primera prueba «de alta sensibilidad, poco invasiva y barata», como ocurre en el cáncer de colon, complica la prevención secundaria de un cáncer que, además, se presenta con síntomas muy inespecíficos ha apuntado la Dra. Virginia Arrazubi, oncóloga del Hospital Universitario de Navarra.

Solo el 20% de los casos de cáncer gástrico se detecta cuando la curación es posible, en Asia este porcentaje sube al 60%, si bien su incidencia es mucho más elevada

Ambos han participado este lunes en la presentación en Madrid del Libro blanco del cáncer gástrico y de unión gastroesofágica en España, desarrollado por la Fundación ECO con el apoyo de Astellas, que ofrece una visión actualizada de todos los aspectos de la enfermedad y su abordaje y señala el camino de los biomarcadores como la clave para mejorar la supervivencia de estos pacientes, una supervivencia que apenas alcanza el 28%. La Dra. Ruth Vera, jefa del Servicio de Oncología del Hospital Universitario de Navarra afirma que el cáncer gástrico «se ha incorporado a la medicina de precisión, con nuevos marcadores y terapias dirigidas», pero no lo ha hecho al mismo ritmo que otros tumores sólidos.

La razón fundamental es su heterogeneidad desde el punto de vista histológico y molecular, según ha explicado la patóloga del Hospital Clínico Universitario de Valencia Carolina Martínez. La inmunohistoquímica es el método de elección para el estudio de biomarcadores y el caso de este grupo de cánceres, «buscamos la expresión proteica y donde se expresa esa proteína». La ESMO incluye en sus guías cinco biomarcadores que estudiar en estos tumores y uno de ellos es la claudina 18.2 (CLDN18.2). Se ha comprobado su valor como diana terapéutica y existen terapias para hacerle frente, como zolbetuximab, aprobada por la Agencia Europea de Medicamentos en 2024, aunque aún no está disponible bajo financiación en España.

Aún son pocos los biomarcadores asociados al cáncer gástrico, en gran medida por la heterogeneidad histológica y molecular de este grupo de tumores

Los oncólogos presentes coinciden en el valor de este biomarcador, «que hay que incorporar en nuestro panel básico», si bien no siempre es sencillo: hay muchos factores que influyen y generan una gran variabilidad en los laboratorios de anatomía patológica que pueden llevar a distintos resultados. En España, «la mayor parte de los laboratorios están pasando por el proceso de optimización validación para incluir este biomarcador», ha explicado la Dra. Martínez, pero señala que hay que «homogeneizar los procedimientos y controlar la calidad» del análisis de la muestra.

Otros factores de análisis para que los pacientes puedan recibir la terapia más adecuada cuanto antes es el uso del CTDNA (el análisis del ADN tumoral circulante) en pacientes que han recibido el tratamiento estándar y han sido operados. Los pacientes en los que se detecta CTDNA «tiene una tasa de recaída del 70% comparado con los que no, que la tienen del 7%«, apuntaba el Dr. Sastre. Conocer este factor puede ser clave para buscar alternativas terapéuticas como regímenes basados en el perfil molecular. Otro de los biomarcadores que fundamentales en este tipo de tumores es el msi-H: tumores que presentan inestabilidad de microsatélites. «Es lo mejor que le puede ocurrir a un paciente con la enfermedad avanzada», ha afirmado el oncólogo del Clínico San Carlos. Se trata de un biomarcador «muy potente» que indica el beneficio de la inmunoterapia. Pero solo se encuentra en el 4-5% de pacientes.

Los oncólogos presentes coinciden en el valor del biomarcador claudina 18.2 «que hay que incorporar en nuestro panel básico»

Son pocos los biomarcadores asociados al cáncer gastroesofágico, lo que unido a su detección tardía y su agresividad, hace que los porcentajes de supervivencia de estos pacientes no terminen de ascender. «Llevo más de 25 años viendo estos enfermos [con enfermedad avanzada] y ahora estamos mucho más contentos que antes, pero cuando ves las gráficas frías se cae el alma a los pies«, reconocía el Dr. Sastre, por lo que queda «muchísimo» camino por recorrer.

La mejora de la gestión de los alimentos y la detección y tratamiento del Helicobacter pylori ha hecho que se reduzca la incidencia de algunos subitpos histológicos de estos tumores. Pero los que se asocian a factores de riesgo como el sedentarismo, la obesidad, la dieta o el consumo de alcohol y tabaco, como los tumores de la unión gastroesofágica están incrementándose.

Una de las dificultades que presenta el cáncer de estómago tiene que ver con los síntomas con los que se presenta y que pueden confundirse con otras patologías: náuseas, pérdida de peso sin razón, dolor o ardores en el estómago. «Al principio son fáciles de confundir con dispepsia o gastritis, pero si duran mucho, y se acompañan de una pérdida de peso, es evidente», ha afirmado el Dr. Fernando Rivera, del hospital Universitario Valdecilla, en Santander. «A veces la demora es excesiva porque no se piensa en este tumor todo lo que se debiera. Y un mes de retraso en el diagnóstico cambia todo«, añade, en un cáncer que es muy agresivo y avanza muy rápido.

Dr. Rivera: «A veces la demora es excesiva porque no se piensa en este tumor todo lo que se debiera. Y un mes de retraso en el diagnóstico cambia todo»

Por eso los expertos creen que es necesaria una mayor concienciación sobre estos tumores tanto en médicos de familia como en la sociedad. En un momento en el que, además, aseguran que cada vez están viendo más casos en personas menores de 50 años. Es el caso de Pilar Ruiz, presidenta de la Asociación Contra el Cáncer Gástrico y Gastrectomizados. Su diagnóstico llegó en la treintena después de estar «ocho años tratada con omeprazol». «Tiene que haber un tiempo estimado para derivar al especialista para valorar una gastroscopia de control cuando una sintomatología perdura en el tiempo, no se puede demorar uno o dos años», ha defendido.

El acceso de atención primaria a gastroscopias «de calidad», que implican «mayor tiempo y sedación» para poder diagnosticar tumores precoces «sería muy importante», ha defendido la Dra. Arrazubi. La mejora de la formación en los profesionales de anatomía patológica, así como un aumento de personal y de equipos, es otro de los factores a mejorar para diagnosticar y tratar estos tumores. El retraso en el acceso a innovaciones terapéuticas que se da en España y la falta de equipos multidisciplinares que conformen los comités de tumores en todos los hospitales, son otras áreas de mejora. «Debería ser obligatorio que un paciente con un cáncer gástrico no se pueda tratar en un hospital donde no haya un comité especializado y multidisciplinar», ha concluido la Dra. Ruth Vera.

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