Gema Maldonado Cantero
Han pasado tres décadas desde que el Dr. Miguel Martín reunió a un puñado de compañeros con la idea de montar un grupo cooperativo de investigación. Así empezó el camino de Geicam, el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama. Estaba recién llegado de Estados Unidos, y tenía muy claro que no quería replicar lo que allí había visto, grupos de investigación «muy burocráticos y lentos», cuenta a iSanidad en un rato libre durante el reciente Simposio Internacional de Geicam celebrado en Madrid. El último como presidente del grupo.
En estos 30 años el grupo ha logrado reunir un banco de datos de tumores de 60.000 piezas, «un tesoro» del que tirar para plantear todo tipo de estudios. Hoy, Geicam supera los 100 trabajadores en plantilla, además de los cientos de investigadores que han participado en sus múltiples estudios, los que hace con la industria, y los que mueven al grupo: aquellos que tratan de dar respuesta a las necesidades que ven en las pacientes en su día a día en la consulta.
Algunas de sus investigaciones han contribuido a cambiar el abordaje de la enfermedad. Pero son muchos los estudios que se quedan sin ver la luz por falta de financiación. «Si queremos hacer un estudio que les interesa a las pacientes, pero no a la industria, no lo podemos hacer», lamenta. Dice Martín que la lista de investigaciones que le hubiera gustado hacer y no ha podido ronda las 40 o 50 preguntas que, por ahora, no tienen respuesta. Sin financiación, es imposible.
«Geicam ha tenido una historia muy difícil a veces, porque la financiación es complicada. El grupo retiene un 15% de lo que la industria nos paga por ensayos para dedicarlo a la investigación académica pura»
«La investigación en España no es una prioridad», lamenta, aunque «ahorraría dinero» a la larga a la Administración, con estudios para optimizar la forma de usar las innovaciones terapéuticas, cada vez más caras. La otra opción es una Ley de Mecenazgo «que está en un cajón y no la quiere sacar nadie». Al ya expresidente de Geicam le preocupa el futuro de investigación al margen de la industria, y cree que dependerá de la fuerza que la sociedad haga, «de lo eficientes que sean las mujeres españolas para exigir que se investigue en este campo» y de «la sensibilidad» de la Administración.
Han pasado 30 años desde que usted convocó a un grupo de oncólogos especialistas en cáncer de mama y de ahí surgió Geicam. ¿Qué tenía mente cuando convocó a sus compañeros? ¿qué objetivos quería y que necesidades veía que ustedes podían cubrir?
Había un antecedente previo a esta convocatoria: entre diez hospitales españoles pudimos hacer un estudio en cáncer de mama que incluyó mil pacientes. Cuando terminó ese estudio, me fui a Estados Unidos, donde estuve dos años. Allí visité los grupos cooperativos de cáncer de mama americanos y vi que funcionaban bastante mal porque eran muy burocráticos y lentos, tardaban dos años en aprobar un protocolo.
A la vuelta, sugerí a mis compañeros hacer un grupo cooperativo español que, a pesar de los pocos medios que teníamos, fuera eficiente y más rápido. Para mi sorpresa me eligieron como fuera más rápido y para mi sorpresa me eligieron presidente, que yo no quería, y así empezamos de cero con una oficina de 30 metros y una secretaria.
«El futuro dependerá de cómo de sensible sea la Administración y la sociedad española con la investigación»
Tuvimos la suerte de poder entrar en contacto con grupos cooperativos internacionales que nos incluyeron en sus estudios y nos permitieron tener financiación para ir creciendo y aumentando la plantilla porque, para poder investigar, hacen falta muchos profesionales. Poco a poco fuimos intentando construir esta estructura y hoy trabajan 110 personas en la sede de Geicam, que pudimos comprar en una época de precios baratos de las oficinas y que nos da esa independencia que es muy interesante para nosotros.
Fuimos emprendiendo más estudios y ampliamos nuestro espectro de actividad hasta la quimioprevención, el tratamiento preventivo de las mujeres sanas para que no tengan cáncer de mama. Hicimos estudios epidemiológicos con la doctora Marina Pollán, que hoy es la directora del Instituto de Salud Carlos III, y pusimos en marcha estudios de tratamiento en enfermedad precoz, en enfermedad avanzada y muchos estudios de biomarcadores.
Geicam tiene ahora un banco de datos de tumores de 60.000 piezas que es un tesoro porque están acopladas con datos de las pacientes, lo que nos va a permitir obtener muchísima información para diseñar estudios en el futuro.
«Cuando un medicamento llega al mercado, se puede optimizar su uso de mil maneras. En el pasado hacíamos estudios para identificar cómo optimizarlo, pero ahora no podemos, con la normativa europea actual pueden constar 15 o 20 millones»
El grupo ha tenido una historia muy difícil a veces, porque la financiación es complicada. Un porcentaje importante depende de los ensayos clínicos promovidos por la industria: el grupo retiene un 15% de lo que la industria nos paga por esos ensayos que va a un fondo que se dedica a la investigación académica pura, no relacionado con la industria farmacéutica. Los investigadores proponen proyectos, la junta directiva elige el mejor y se financia con esos fondos.
El futuro dependerá de cómo de sensible sea la Administración y la sociedad española con la investigación, y de lo eficientes que sean las mujeres españolas para exigir que se investigue en este campo; hay que entender que una mujer de cada ocho va a tener cáncer de mama, no hay nadie en ninguna reunión que no tenga una conocida con cáncer de mama o un familiar.
¿Qué preguntas se hace un grupo de investigación independiente formado por oncólogos que no se hace la industria?
Muchas, porque la industria, legítimamente, lo que quiere es poner un medicamento en el mercado, que funcione y obtener beneficios de él. Y una vez que está en el mercado, habitualmente no hacen nada más. Pero cuando un medicamento llega al mercado, se puede optimizar su uso de mil maneras, por ejemplo, puede que el tipo de pacientes a las que se le da no sea quien más se beneficie o puede que la forma de administración inicial que se ha decidido pueda optimizarse.
«Si el estudio que queremos hacer les interesa a los pacientes, pero no a la industria, no lo podemos hacer»
En el pasado los investigadores hacíamos estudios para intentar identificar cómo se podía dar mejor ese medicamento, o bien, si hay otros medicamentos parecidos, investigar cuál de los dos será mejor. Pero ahora no podemos porque poner en marcha un estudio, con la normativa europea actual, que es muy exigente, puede que cueste 15 o 20 millones de euros. Y obviamente no podemos poner en marcha un estudio si alguien no lo financia.
A veces conseguimos proponer a la industria un estudio en el que ellos no habían pensado pero que les puede interesar de forma indirecta. El grupo investigador lo propone porque ve que es una necesidad para los pacientes no atendida. Pero si el estudio que queremos hacer les interesa a los pacientes, pero no a la industria, no lo podemos hacer.
¿No es posible conseguir financiación para estos estudios de fondos europeos o de la Agencia Estatal para la Investigación?
No para este tipo de estudios. El Instituto de Salud Carlos III tiene unas becas que cubren estudios pequeñitos con 100 o 200 pacientes, con los que puedes plantear una hipótesis, pero un estudio de cáncer de mama puede incluir 4.000 pacientes para poder contestar una pregunta.
«En España la Ley de Mecenazgo está en un cajón y no la quiere sacar nadie. El Estado a priori perdería dinero, pero daría un servicio»
En otros países hay dos fórmulas para solventar este problema. Francia y Bélgica promocionan estudios académicos para contestar a preguntas que son de interés nacional. Por ejemplo, Francia financió un estudio para ver si 12 meses de un tratamiento que se había comercializado y era eficaz eran igual de buenos que seis meses. La mitad de las pacientes recibían seis meses de tratamiento, con lo cual, el Estado se ahorraba el medicamento y con eso se pudo financiar el estudio, en el que se vio que [seis meses y 12 meses de tratamiento] eran casi lo mismo.
Con estudios así ganaríamos todos; hay muchas preguntas que le interesaría a la Administración contestar porque ahorraría dinero. Pero no hay un cuerpo de pensamiento que atienda a este tipo de cosas porque vemos que la investigación en España no es una prioridad, ni la básica ni la clínica.
La otra opción que vemos en otros países es el mecenazgo. Hay mecenas que donan dinero para hacer un estudio y luego recuperan parte de ese dinero por desgravación fiscal. Si el Estado no llega a poder financiar estudios y hay una compañía externa que sí puede cubrir esa necesidad es justo que el Estado le premie desgravando una parte del dinero que ha empleado.
«Hemos contribuido a cambios en el abordaje de la enfermedad en la introducción del taxol semanal el tratamiento preventivo de las recaídas del cáncer de mama y en la implantación de trastuzumab para los tumores HER2 positivos»
Pero en España la Ley de Mecenazgo está en un cajón y no la quiere sacar nadie. Tenemos un déficit terrible y están intentando sacar dinero de debajo de las piedras. El Estado a priori perdería dinero, pero daría un servicio. Sin embargo, con la visión cortoplacista que tienen nos políticos ahora mismo, no les interesa hacerlo.
¿En todos estos años que hito o que dos o tres hitos considera que han cambiado más el conocimiento e investigación del cáncer de mama y el devenir del grupo?
Han ido en paralelo porque en el año 2000 el doctor Charles Perou descubrió los subtipos intrínsecos del cáncer de mama, que lo que venía a decir es que no había un cáncer de mama, sino cuatro diferentes, al menos. Esta diferenciación marcó un antes y un después, hasta el punto de que ahora segmentamos el cáncer de mama en esos cuatro tipos y antes hablábamos de un cáncer de mama.
En esa época yo ya estaba colaborando con él y empezamos a aplicar la clasificación en nuestros estudios. De hecho, tenemos el primer estudio que se hizo en el mundo (Geicam Ciboma) en uno de los cuatro subtipos de cáncer de Charles Perou, en colaboración con grupos cooperativos iberoamericanos. Para mí este es uno de los hitos más importantes.
«Me hubiera gustado hacer un estudio con trastuzumab estratificando a las pacientes de acuerdo con su estado inmune. Pero no tenemos ni financiación ni el laboratorio nos la va a dar porque perderían la mitad de las enfermas si fuera positivo»
Otro hito ha sido la colaboración con grupos cooperativos americanos (Translational Research In Oncology, TRIO) y europeos (Breast International Group, BIG). Ha sido muy importante porque se intercambian ideas, nos proporcionamos mutuamente protocolos para colaborar, aunque sean de la industria, y esto nos ha permitido subsistir hasta ahora como grupos cooperativos y hacer algún tipo de investigación no promovida por la industria.
¿Hay alguna de las investigaciones del grupo que sienta que, de manera especial han cambiado el abordaje y tratamiento de la enfermedad y que usted vea en su consulta, en sus pacientes, en su servicio en el Gregorio Marañón?
Sí, hemos contribuido a dos cosas. Primero, a la introducción del taxol semanal, el tratamiento preventivo de las recaídas del cáncer de mama. Lo hicimos muy pronto y se publicó en la revista americana Journal of the National Cancer Institute. Nuestro trabajo, en consonancia con otros estudios americanos parecidos, fue lo que hizo que el taxol semanal, que hoy en día es el estándar, se impusiera en el cáncer de mama operable.
La necesidad aún no cubierta que más preocupa al Dr. Martín es el cáncer de mama triple negativo metastásico. «Hablamos de mujeres muy jóvenes con unos proyectos vitales increíbles y unas ganas de luchar enormes»
También hemos contribuido a la implantación de trastuzumab para los tumores HER2 positivos. Dentro de un estudio del grupo americano TRIO, con 4.000 mujeres, nuestro grupo fue uno de los contribuyentes más importantes de pacientes.
¿Qué estudio le hubiera gustado poner en marcha desde Geicam y no ha podido todavía?
Puede que en la lista hubiera 40 o 50. Hay muchos estudios que me hubiera gustado hacer. Por ejemplo, ahora mismo tenemos el cáncer de mama triple negativo. En estos casos se ha añadido a la quimioterapia un inmunoterápico, pembrolizumab, que beneficia a un 7% de las pacientes, pero somete a un riesgo de toxicidad autoinmune a todas las que lo reciben. Me hubiera gustado hacer un estudio con ese fármaco estratificando a las pacientes de acuerdo con su estado inmune.
Sabemos que las pacientes que tienen TILs (linfocitos infiltrantes de tumor) altos probablemente no necesitan pembrolizumab. Me gustaría hacer un estudio con estas pacientes asignadas a quimioterapia sola o a quimioterapia y prembrolizumab. Pero no tenemos ni financiación ni el laboratorio nos va a dar dinero para hacerlo porque no les interesa, perderían la mitad de las enfermeras si fuera positivo.
La biopsia líquida, las nuevas técnicas de imagenología y la investigación básica para descubrir nuevas debilidades de los tumores y desarrollar fármacos para atacarlas, son para el Dr. Martín avances clave
¿Y cuál es la necesidad no cubierta en el cáncer de mama que más le preocupa actualmente y a la que más le gustaría dar respuesta?
Es el cáncer de mama triple negativo metastásico. Hablamos de mujeres muy jóvenes, de unos 35 años, con unos proyectos vitales increíbles y unas ganas de luchar enormes. Pero viven el año y medio o dos años desde la recaída. Recuerdo a una paciente que vino a verme después de que en otro sitio le dijeran que su caso no era curable, y tenían razón. Ella me regaló un bonsái de un olivo y me dijo: «mientras mantenga este bonsái vivo, yo no me voy a morir». Desgraciadamente se equivocó, pero tengo el bonsái todavía en casa. Cada vez que lo veo me da una pena horrorosa.
¿Qué avances están por llegar y cree que van a suponer otro salto importante en el abordaje del cáncer de mama?
La biopsia líquida es una forma de saber precozmente lo que le va a pasar a una enferma con un tratamiento dado y esto nos permite rectificar en un sentido o en otro: si va bien seguir con lo mismo y si va mal poder hacer algo diferente o introducirla en un ensayo en que se teste algo que sea diferente a lo que le iba a tocar recibir. Esto es uno de los grandes avances.
«Me anima mucho que los progresos en el tratamiento son exponenciales; cuando yo empecé había cuatro o cinco fármacos y cada dos o tres años salía uno nuevo. Ahora salen cada año muchísimos medicamentos nuevos»
La imagenología también va a ser muy importante porque nos van a decir muy precozmente si un tumor está respondiendo o no al tratamiento. Con la imagenología tradicional, con un TAC, vemos si hay tumor o no, pero con las nuevas técnicas, como el PET y otras, vemos si ese bulto tiene tumor activo. Y esto es muy diferente, porque si no sabemos si está activo o no podemos pensar que el tratamiento no está funcionando o que hay que darle más, cuando puede que sea bueno parar ese tratamiento.
Por otro lado, la investigación básica es otro de los puntales para seguir descubriendo nuevas debilidades de los tumores y desarrollar fármacos para atacarlas. Lo que me anima mucho es que los progresos en el tratamiento son exponenciales; cuando yo empecé había cuatro o cinco fármacos y cada dos o tres años salía uno nuevo. Ahora salen cada año muchísimos medicamentos nuevos y muchísimas informaciones que pueden llevar a otros fármacos. Veo un horizonte muy positivo. De hecho, cada vez hay más congresos internacionales de cáncer de mama porque ya no hay sitio para comunicar los nuevos avances.






