«Hay sanitarios tomando decisiones críticas en horas de menor alerta cerebral»: El impacto de la falta de sueño en los pacientes

Turnos rotatorios, cronodisrrupción y estrés crónico alteran el juicio clínico y aumentan los errores asistenciales, según alertan expertos en medicina del sueño y salud laboral

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Fátima del Reino Iniesta
Dormir mal no solo mina la salud individual. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 70% de la población global no duerme las ocho horas al día recomendadas. El panorama es aún más alarmante dentro del sector sanitario. En el caso de los profesionales sanitarios, también compromete la calidad asistencial y la seguridad del paciente.

Un estudio reciente publicado en la revista científica Medicina y Seguridad en el Trabajo, realizado en hospitales del sur de Madrid, refleja que el 70% del personal sanitario encuestado presenta alteraciones del sueño, incluyendo insomnio, despertares nocturnos o somnolencia excesiva durante el día​. Las causas apuntan a la alta carga laboral, los turnos rotatorios y nocturnos, el estrés y la dificultad para desconectar tras las jornadas.

Turnos, cronodisrrupción y errores médicos

La Dra. Carmen Bellido, coordinadora del Grupo de Trabajo de la Alianza por el Sueño, ha subrayado en una entrevista a iSanidad que «el déficit de sueño reduce la empatía, aumenta la irritabilidad y hace que los sanitarios soliciten más pruebas diagnósticas por inseguridad en la toma de decisiones».

«La falta de sueño hace que los sanitarios soliciten más pruebas diagnósticas por inseguridad en la toma de decisiones»

Además, el cuerpo humano «está diseñado para dormir de noche». Entre las tres y las seis de la madrugada, «todos los cronotipos coinciden en que deberíamos estar dormidos». El sistema circadiano humano alcanza su punto más bajo de alerta. «Y, sin embargo, en ese momento, hay sanitarios tomando decisiones críticas», ha explicado la Dra. Bellido. La privación sostenida del sueño también se asocia a más agresiones verbales o físicas recibidas por los pacientes, un fenómeno que se ha agravado en los últimos años.

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Dra. Carmen Bellido

La cronodisrrupción es una alteración de los ritmos circadianos naturales del cuerpo, especialmente de los ritmos biológicos que regulan el sueño, debido a factores internos o externos. Este desajuste que supone el trabajo a turnos no solo deteriora la salud mental del profesional. También incrementa los errores médicos, reduce la empatía con el paciente y eleva la probabilidad de sufrir agresiones, como muestran múltiples estudios internacionales.

«Dormir mal compromete la salud física, mental y la calidad asistencial»

El cerebro necesita dormir para «autolimpiarse«

Un reciente estudio publicado en la revista Cell demuestra que, durante el sueño profundo, el cerebro activa un mecanismo de «autolimpieza» que elimina residuos y proteínas neurotóxicas. Este proceso, conocido como sistema glinfático, es esencial para prevenir enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer​.

Además, el artículo revela que este sistema de limpieza cerebral depende de oscilaciones muy lentas en el flujo sanguíneo, mediadas por la norepinefrina, también conocida como noradrenalina, una sustancia química producida por algunas células nerviosas y por la glándula suprarrenal, que solo se producen durante el sueño profundo y estable.

«No hay sanidad sin profesionales sanos»

Cuando se interrumpe este ciclo, como sucede en quienes sufren cronodisrrupción o toman ciertos hipnóticos, la eficacia del sistema glinfático disminuye notablemente. Esto implica que, incluso durmiendo muchas horas, si el sueño no es de calidad o se ve alterado por turnos nocturnos o fármacos, el cerebro no logra eliminar adecuadamente los desechos acumulados durante el día. Este hallazgo tiene profundas implicaciones para los profesionales sanitarios que trabajan a turnos. La alteración del sueño en los sanitarios pone en riesgo su salud neurológica a medio y largo plazo.

Un riesgo real para el paciente

El sueño insuficiente deteriora la atención, la empatía y la capacidad de juicio clínico. «Cuando no dormimos, estamos más irritables, pedimos más pruebas innecesarias por inseguridad diagnóstica y somos más vulnerables a sufrir agresiones por parte de los pacientes. Dormir mal reduce la productividad, aumenta el absentismo y multiplica los errores clínicos», ha sostenido la Dra. Bellido. Como ejemplo, ha citado un estudio realizado con residentes de UCI en Estados Unidos que redujo en un 36% los errores adversos graves al limitar las guardias a menos de 24 horas​.

Reducir el número de horas por guardia disminuyó en un 36% los errores adversos graves, según un estudio con residentes de UCI

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Dr. Carlos Roncero

Por otro lado, un estudio reciente publicado en American Family Physician apunta que el uso prolongado de benzodiacepinas también se relaciona con caídas, accidentes laborales y disminución del rendimiento cognitivo, lo que en el contexto clínico compromete directamente la seguridad del paciente. En la actualidad, entre el 25% y el 30% de los profesionales toman psicofármacos, y muchos lo hacen sin ningún control médico.

«El acceso directo a estos fármacos, unido al estrés y al trabajo a turnos, ha generado una tendencia preocupante. No es raro que médicos o enfermeras se automediquen sin valoración externa, lo que puede provocar dependencia, tolerancia y deterioro cognitivo a largo plazo», ha advertido el Dr. Carlos Roncero, presidente de la Sociedad Española de Patología Dual y miembro de la Alianza por el Sueño​.

Prevención e higiene del sueño

Para mitigar el impacto de la privación de sueño entre los profesionales sanitarios, ambos expertos insisten en la necesidad de un enfoque doble: individual y estructural. A nivel personal, recomiendan incorporar hábitos saludables como realizar ejercicio aeróbico con regularidad, limitar el consumo de cafeína, evitar el uso de pantallas antes de dormir y exponerse a la luz solar al menos dos horas al día. Estas medidas básicas de higiene del sueño son fundamentales para favorecer un descanso reparador.

Desde el punto de vista institucional, urge rediseñar los cuadrantes laborales, limitar los turnos fijos de noche, los más perjudiciales según la evidencia científica, y ofrecer apoyo psicológico continuado. También es esencial evitar que el insomnio ocasional se cronifique, mediante un seguimiento médico adecuado. «No es solo una cuestión de salud personal. La falta de sueño en los sanitarios compromete directamente la seguridad del paciente», ha subrayado la Dra. Bellido.

Trabajar de noche incrementa el riesgo de infecciones, deterioro cognitivo y el consumo de benzodiacepinas

La Sociedad Española del Sueño ha alertado sobre la necesidad de impulsar la formación de especialistas en patologías del sueño y de promover medidas preventivas desde una perspectiva de salud pública. La higiene del sueño debe ocupar un lugar prioritario en las políticas de salud laboral, especialmente en el entorno hospitalario y de atención primaria. Instituciones como el Instituto de Investigación Sanitaria (IIS) ya han difundido recomendaciones específicas para proteger el descanso en turnos nocturnos, como mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir o usar luz y oscuridad de forma estratégica para sincronizar el reloj biológico.

Más allá del plano clínico, dormir bien debe entenderse como un derecho laboral. El descanso de los profesionales sanitarios debe formar parte de la cultura organizativa de hospitales y centros de salud. Esto implica revisar turnos, ofrecer formación específica en sueño y garantizar espacios adecuados para el descanso durante las guardias. Como ha concluido el Dr. Roncero «el problema es estructural, pero las soluciones deben comenzar cuanto antes. No hay sanidad sin profesionales sanos». Proteger el sueño del personal sanitario es proteger también a los pacientes, al sistema y al futuro de la salud pública.

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