P.B.C.
Las mujeres viven enfermas el 25% de su vida, y el 50 % de ese tiempo coincide con su etapa laboral. Así lo ha expuesto la Dra. Mercè Botinas Martí durante la jornada organizada por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), celebrada con motivo del Día Internacional de Acción para la Salud de las Mujeres. El dato, respaldado por estudios de población completa, ha evidenciado la existencia de una morbilidad diferencial de género que ha tenido consecuencias directas sobre la calidad de vida, la atención sanitaria y la equidad laboral.
La jornada se ha celebrado este 28 de mayo en Madrid, en el marco del Día Internacional de Acción para la Salud de las Mujeres. Con la participación del Ministerio de Sanidad, el Instituto de las Mujeres y profesionales de atención primaria de todo el país, el acto ha contado con varias ponencias centradas en el impacto de los sesgos de género sobre el diagnóstico, el tratamiento y la atención médica. En este contexto, se ha presentado oficialmente el documento No hacer con perspectiva de género, elaborado por la semFYC a lo largo de los últimos meses.
Muchas de las prácticas actuales «no han tenido en cuenta ni la diversidad biológica ni el contexto de género de las personas atendidas»
Este informe ha recogido doce recomendaciones clínicas con el objetivo de identificar y evitar prácticas de bajo valor o incluso perjudiciales cuando se ignoran los determinantes de género. Como ha explicado la Dra. Luz de Myotanh Vázquez, médica de familia y coordinadora del comité científico del documento, «las recomendaciones no hacer han sido una forma ética y basada en la evidencia de mejorar la atención y reducir daños». La Dra. Myotanh ha recordado que muchas de las prácticas actuales «no han tenido en cuenta ni la diversidad biológica ni el contexto de género de las personas atendidas».
Los sesgos condicionan diagnósticos y acceso a la atención
Las ponencias han puesto de relieve cómo la exclusión de las mujeres de los ensayos clínicos, habitual hasta los años noventa, ha derivado en una medicina basada mayoritariamente en modelos masculinos. Esto ha tenido efectos concretos en áreas como la salud cardiovascular, donde pruebas como el electrocardiograma o la ergometría han mostrado menor sensibilidad diagnóstica en mujeres. «La resonancia magnética ha sido la técnica que más ha afinado, pero no está disponible de forma generalizada», ha especificado la Dra. Botinas.
También se ha abordado el retraso diagnóstico de patologías frecuentes entre mujeres. La endometriosis, por ejemplo, tarda una media de siete años en diagnosticarse; y trastornos como el TDAH o el autismo presentan diferencias de hasta diez años entre hombres y mujeres en el momento del diagnóstico. «Tenemos más prevalencia de ciertas enfermedades, pero también más años vividos con discapacidad y menos acceso a la atención especializada», ha señalado la experta
Diferencias en farmacología: más efectos adversos, menos evidencia
Uno de los aspectos más señalados ha sido la inequidad en el uso de fármacos. La falta de estudios clínicos con participación femenina ha dificultado la evaluación real de los efectos de numerosos tratamientos. «Existen más efectos adversos y menos datos específicos sobre eficacia y seguridad en mujeres», ha afirmado la Dra. Myotanh. Fármacos como los IECAs (asociados a más tos en mujeres), las estatinas (con más riesgo de miopatía) o la aspirina (con mayor riesgo de sangrado) han sido ejemplos citados.
Además, se ha cuestionado el abordaje farmacológico ante síntomas inespecíficos o relacionados con la sobrecarga de cuidados. «Se medicalizan situaciones sociales y estructurales, como la fatiga o el insomnio en mujeres cuidadoras, cuando habría que haber priorizado otros tipos de intervención», ha apuntado la Dra. Myotanh, quien ha subrayado la necesidad de escuchar activamente y plantear alternativas no farmacológicas desde el primer contacto clínico.
María Fernández (Sanidad): «No podemos medicalizar la vida de las mujeres»
Esta crítica ha coincidido con la advertencia lanzada en la apertura del acto por María Fernández, subdirectora general de Calidad Asistencial del Ministerio de Sanidad: «No podemos medicalizar la vida de las mujeres: la menopausia, el embarazo…». Ana Valera, subdirectora de programas del Instituto de las Mujeres, ha destacado por su parte la importancia de formar a los profesionales sanitarios desde una perspectiva feminista e interseccional, mientras que la presidenta de la semFYC, Remedios Martín, ha recordado que «la incorporación de la perspectiva de género en la práctica clínica no es una opción, sino una necesidad profesional».
Atención primaria justa y basada en la evidencia
El documento No hacer con perspectiva de género, presentado oficialmente durante la jornada, ha sido fruto de un trabajo conjunto iniciado en septiembre de 2024 y desarrollado por 22 grupos de trabajo de la semFYC, con la coordinación de un comité científico especializado. A lo largo de sus páginas, se recogen 12 recomendaciones clínicas orientadas a evitar intervenciones de bajo valor que pueden resultar ineficaces o incluso dañinas cuando se ignoran los determinantes de género.
El texto ha abordado no solo la morbilidad diferencial entre mujeres y hombres, sino también las desigualdades que afectan a personas LGTBI y otros colectivos vulnerables, con el objetivo de promover una atención primaria más justa, basada en la evidencia y adaptada a la diversidad. Como ha explicado la Dra. Myotanh, el documento incluye un glosario básico «ante la constatación de que incluso entre profesionales existe aún desconocimiento sobre conceptos esenciales de género». El informe también ha hecho hincapié en la necesidad de incorporar esta perspectiva en la formación universitaria y especializada, recordando que «las diferencias biológicas y sociales deben ser enseñadas desde el síntoma».








