Luis de Haro. Director general de iSanidad
En España tener una buena asistencia por un proceso oncológico no debería ser una cuestión de suerte, ni de paciencia, ni de contactos, y sin embargo, lo es. No faltan tratamientos innovadores —hay muchos disponibles—, sobran barreras para acceder a ellos. No es una cuestión de ciencia, a veces ni económica, es voluntad política. Porque cuando hay tratamientos innovadores y no llegan al paciente, el problema no es médico ni clínico, es estructural.
No faltan tratamientos innovadores, sobran barreras para acceder a ellos, no es una cuestión de ciencia, a veces ni económica, es voluntad política
La reciente sentencia impulsada por Gepac ha puesto el dedo en la llaga. Hay pacientes que no reciben lo que necesitan, no porque no se pueda, sino porque no se prioriza. Y eso, en un país que presume de sanidad pública, es un fracaso colectivo. No es un fallo del sistema, es el sistema fallando. El paciente de cáncer no entiende de plazos administrativos, ni de presupuestos prorrogados, ni de agendas electorales. Sin embargo, parece que quienes toman decisiones sí. Hay pacientes que esperan un tratamiento, una respuesta, una mínima señal de que su vida importa, a un plazo electoral.
Hacer del cáncer una cuestión de Estado no es una frase bonita para un discurso institucional, es una urgencia. La equidad no se tiene que predicar, se tiene que practicar, y eso, hoy por hoy, no se está haciendo. No hay igualdad cuando el acceso a tratamientos innovadores depende de si alguien en un despacho considera que es “el momento adecuado” para financiarlo. No hay equidad cuando las diferencias entre comunidades autónomas se toleran como si fueran parte del paisaje.
No hay igualdad cuando el acceso a tratamientos innovadores depende de si alguien en un despacho considera que es “el momento adecuado” para financiarlo
La solución no es mágica ni sencilla, pero sí es posible. Se pueden hacer registros públicos que midan las desigualdades, transparencia en los datos, coordinación real entre niveles asistenciales, y sobre todo, políticas activas. Cada paciente cuenta, cada caso importa, y cada día que pasa sin actuar es una oportunidad perdida. No se trata de compasión, se trata de justicia. Porque dejar a alguien atrás en la lucha contra el cáncer no es un error, es una decisión.
Me sumo a la campaña de Gepac Cáncer cuestión de Estado y animo a todos a sumarse para visibilizar y movilizar a la sociedad. Yo no quiero que la economía distinga a los pacientes y ningún paciente deje de recibir lo que necesita si está disponible. Creo que, como dice la campaña, el cáncer no admite recortes, ni excusas, ni silencios. Si quieres, firma también el manifiesto aquí








