Fátima del Reino Iniesta (Sitges, Barcelona)
«El acceso precoz a la pornografía es hoy uno de los principales factores de riesgo para la salud mental de los adolescentes», afirmó el Dr. Celso Arango, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid. Durante su intervención el pasado viernes en el XXIII Seminario Lundbeck, alertó de una realidad masiva y silenciada: el consumo de contenidos sexuales explícitos desde edades muy tempranas.
«En España, el 97,3% de los adolescentes varones de entre 12 y 17 años consumen pornografía. En el caso de las chicas, el porcentaje se sitúa en el 78%», detalló Arango, basándose en datos recientes de la Agencia Española de la Producción de Datos. La exposición continuada y sin control a estos contenidos, afirmó, altera el desarrollo cerebral, emocional y relacional de los jóvenes.
«En España, el 97,3% de los adolescentes varones de entre 12 y 17 años consumen pornografía»
Entre los efectos más preocupantes, mencionó el aumento de ansiedad, sintomatología depresiva, distorsión del vínculo afectivo y disfunciones sexuales precoces. «Los adolescentes reproducen en sus relaciones íntimas patrones aprendidos de la pornografía, lo que lleva a frustración, violencia y malestar», explicó. Otro aspecto especialmente alarmante, según Arango, es la hipersexualización temprana como posible indicio de abuso sexual no revelado. «Un número relevante de niñas que ha sufrido abuso comienza a mostrar interés desmesurado por la sexualidad o dibuja escenas eróticas antes de lo esperable. Eso debe hacernos sospechar», advirtió.
La vergüenza, la falta de conciencia del problema y la ausencia de espacios seguros para hablar de sexualidad dificultan la detección clínica. «Los adolescentes no dicen que tienen un problema con la pornografía. No lo cuentan a sus padres, ni lo verbalizan en consulta. Lo descubrimos cuando ya hay consecuencias graves», indicó.
«Los adolescentes reproducen en sus relaciones íntimas patrones aprendidos de la pornografía, lo que lleva a frustración, violencia y malestar»
«No todo adolescente que consume pornografía desarrollará una adicción, pero cuanto más temprano es el inicio, mayor es el riesgo de disfunción psicológica y sexual”, afirmó. También precisó que el fenómeno afecta en mayor medida a varones, aunque cada vez se observan más casos en chicas, especialmente en contextos de vulnerabilidad social.
Desde el Instituto de Psiquiatría del Gregorio Marañón, Arango coordina programas específicos sobre adicciones comportamentales, que incluyen el uso problemático de pornografía, videojuegos, apuestas y redes sociales. Uno de los hallazgos clave es que la adicción a la pornografía en adolescentes suele ir acompañada de otros síntomas: aislamiento social, bajo rendimiento académico, alteraciones del sueño y disforia emocional.
«No podemos tratar clínicamente lo que no nombramos», sentenció. Por ello, el Dr. Arango pidió integrar de forma explícita el tema en las historias clínicas pediátricas y psiquiátricas. También insistió en la urgencia de implementar educación afectivo-sexual desde edades tempranas y con enfoque crítico hacia el consumo digital.
«No podemos tratar clínicamente lo que no nombramos»
En su análisis, el experto subrayó que el problema no es sólo el contenido, sino el contexto digital que lo amplifica. «Vivimos una paradoja de hiperconectividad y soledad. Nunca ha habido tanto acceso a lo sexual, y nunca ha sido tan difícil construir una relación afectiva sana». Además, criticó la escasa inversión pública en salud mental infantojuvenil. «España está por debajo de la media europea tanto en gasto sanitario como en número de profesionales especializados. No puede ser que el acceso a pornografía sea más fácil que a un psicólogo», remarcó.
El Dr. Arango finalizó su intervención defendiendo la prevención como herramienta clave. Programas como Vuelta al colegio, que trabajan la reincorporación escolar tras hospitalización psiquiátrica, y guías como Equiva, centradas en la empatía y la convivencia escolar, son ejemplos de intervenciones eficaces. «El reto no es eliminar la pornografía, sino formar generaciones capaces de interpretarla con pensamiento crítico y construir una sexualidad libre de violencia, dependencia y disfunción», concluyó.










