Claves diagnósticas en tumores óseos: sospecha, extensión y tratamiento

El Dr. Manuel Monteagudo revisa los pasos críticos ante la sospecha de un tumor maligno óseo, desde la biopsia y el estudio de extensión hasta la clasificación según localización y patrón radiológico

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Paula Baena
Ante la sospecha de un tumor óseo maligno, el enfoque diagnóstico debe ser inmediato, ordenado y quirúrgicamente planificado. Así lo explica el Dr. Manuel Monteagudo de la Rosa, médico especialista del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, en Doryos.

«Hay dos cosas que hay que hacer de manera inmediata: una biopsia y un estudio de extensión», señala el especialista, recalcando la importancia de una secuencia diagnóstica que respete el circuito terapéutico. Pues, según explica, una biopsia mal dirigida puede condicionar la cirugía definitiva, por lo que debe planificarse como parte del tratamiento.

La gammagafría ósea como primer paso

Para valorar la extensión de la enfermedad, la gammagrafía ósea suele ser el primer paso. «Es una prueba sensible, no muy específica, pero que sirve para hacer un primer rastreo», apunta el Dr. Monteagudo. Si se detectan captaciones anómalas, se amplía el estudio con pruebas más específicas que permitan diferenciar entre metástasis, tumor primario o lesiones benignas de origen traumático o infeccioso.

Desde el punto de vista epidemiológico, la metástasis es el tumor maligno más frecuente en hueso. Ante esta posibilidad, la búsqueda del tumor primario debe orientarse según el sexo del paciente: «Si es una mujer, buscar en la mama; si es varón, en la próstata». Si estas localizaciones son negativas, los siguientes focos más probables son pulmón, riñón y tiroides, según explica el especialista.

Ante la posibilidad de metástasis, la búsqueda del tumor primario debe orientarse según el sexo del paciente: “Si es una mujer, buscar en la mama; si es varón, en la próstata”

Entre los tumores primarios, el mieloma múltiple es el más habitual. Aunque su origen es hematológico, su localización ósea lo convierte en un diagnóstico fundamental para el traumatólogo. En el espectro benigno, el osteocondroma es el tumor primario más frecuente.

La localización anatómica dentro del hueso largo es una pista diagnóstica clave. «Cada tumor tiene predilección por una zona del hueso», recuerda el Dr. Monteagudo. Si la lesión se encuentra en la epífisis, las posibilidades más probables son el tumor de células gigantes o el condroblastoma. Si es diafisaria, se deben considerar entidades como el granuloma eosinófilo, el sarcoma de Ewing, el mieloma, las metástasis o el adamantinoma. En la metáfisis, predominan el osteosarcoma y el condrosarcoma.

La destrucción cortical, la afectación del periostio o la invasión de partes blandas sugieren malignidad

La imagen radiológica orienta sobre la agresividad. «Si tiene un patrón definido con bordes muy nítidos, patrón geográfico, podemos pensar en benignidad. Sobre todo, si no ha cambiado su forma en cinco años», explica el especialista. Por el contrario, la destrucción cortical, la afectación del periostio o la invasión de partes blandas sugieren malignidad.

La presencia de calcificaciones dentro de la lesión puede indicar un tumor de origen cartilaginoso. «Hay dos: el condroblastoma (benigno) y el condrosarcoma (maligno)», precisa. Además, en el caso del sarcoma de Ewing, la detección de una alteración cromosómica específica, la translocación t(11;22), es una pista diagnóstica decisiva. La mayoría de los tumores óseos requieren un tratamiento multidisciplinar, con combinación de cirugía, quimioterapia y radioterapia. «El orden es individualizado», aclara el Dr. Monteagudo.

A modo de ejemplo clínico, se presenta el caso de una paciente de 58 años con dolor persistente en el brazo y el hombro. La exploración física fue anodina, pero una radiografía reveló una lesión lítica con adelgazamiento del hueso. «Sin más pistas, hay que pensar que es malo y agresivo», comenta. Ante la amenaza de fractura, el tratamiento inicial fue quirúrgico, con estabilización del húmero. «La fractura inminente debe tratarse», declara.

Este abordaje clínico paso a paso, desde el diagnóstico a la estabilización funcional, resume la importancia de la precisión diagnóstica y la colaboración multidisciplinar en el manejo de los tumores óseos.

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