Luis de Haro. Director general de iSanidad
Los tiempos cambian, y con ellos, también lo hacen los médicos, o, al menos, los nuevos residentes. Porque si hay una pregunta que se repite entre los primeros MIR de 2025, no es sobre el prestigio del hospital ni la calidad docente. Es mucho más directa: ¿cuántas guardias hay? Sí, las guardias. Ese viejo tótem de la formación médica. Ese ritual de paso que, durante décadas, separaba a los valientes de los demás. Hoy, sin embargo, parece que las guardias en medicina son más bien un obstáculo a evitar.
Parece que las guardias en medicina son un obstáculo a evitar
Los datos no mienten. La primera especialidad en agotarse este año fue Dermatología, solo ofrecía 131 plazas, la última se adjudicó en el número 542. Es decir, se acabó el primer día, no parece casualidad. La segunda fue Cirugía Plástica, Estética y Reparadora, que solo ofrecía 55 plazas, se agotó en el número 743. Superó incluso a Cardiología y Oftalmología, históricamente favoritas. ¿El motivo? Según algunos tutores, la respuesta es clara: en estas especialidades de la medicina no hay guardias o son pocas. De hecho, estas cuatro especialidades permiten compatibilizar la sanidad pública con la sanidad privada
Medicina Interna, una especialidad muy vinculada a las guardias, ofrecía 401 plazas. La primera se eligió en el número 36 y la última, en el 5.412. Por otro lado, Medicina de Familia sigue siendo algo olvidada, ofrecía 2.992 plazas. La primera fue la número 24 y la última, la 13.433. Por lo menos no dejó plazas vacías.
Parece que ya se dejan de lado las especialidades con una alta carga asistencial, muchas guardias y un atractivo económico limitado
Todo esto significa que se dejan de lado las especialidades con una alta carga asistencial, muchas guardias y un atractivo económico limitado. Hacer guardias tiene ventajas porque se pagan aparte del sueldo base y también se aprende mucho en poco tiempo y se gana autonomía. También tiene un precio que es la fatiga física y mental, riesgo de errores. Pero, sobre todo, tiene un impacto directo en la vida personal porque conciliar familia y guardias es, en muchos casos, una quimera. Aquí entra en juego la nueva cultura.
Los nuevos médicos no quieren ser héroes agotados, quieren vivir, tiempo libre y salud mental. Y no ven el esfuerzo extremo y la dedicación como parte esencial de su formación. Tampoco aceptan guardias mal pagadas ni jornadas interminables, prefieren trabajar en la sanidad privada. Esto no es necesariamente malo, es simplemente otro modelo cultural que tenemos que aceptar. Ahora se prioriza la conciliación, el equilibrio y la calidad de vida. Y que, visto lo visto, es un modelo que ha llegado para quedarse.







