Fraude en tratamientos para la obesidad: cómo las redes ilegales amenazan la seguridad de estos pacientes

Pacientes con obesidad denuncian una red de estafas en Gibraltar para adquirir tirzepatida. Desde la Sociedad Española de Obesidad reclaman medidas para frenar la entrada de productos falsificados y garantizar un uso seguro

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Fátima del Reino Iniesta
Una receta médica en la mano, una necesidad clínica y un obstáculo económico que lo complica todo. Así empieza el camino de muchos pacientes con obesidad que, en su intento por acceder a tratamientos innovadores como tirzepatida (Mounjaro), acaban cayendo en redes fraudulentas que prometen el medicamento a menor precio desde Gibraltar. Lo que parecía una oportunidad, se convierte en estafa. Sin medicamento. Sin dinero. Y sin garantías sanitarias.

La Asociación Nacional de Pacientes de Apoyo para Tratamientos de Obesidad (Anato) ha denunciado una trama que afecta ya a más de una decena de personas, todas con diagnóstico de obesidad. Pero el engaño económico es solo una parte del problema. Lo verdaderamente preocupante, según los expertos, es el uso no controlado de medicamentos altamente potentes por vías no sanitarias. «Esto no es botox. Esto no es pincha y olvídate. Estamos hablando de medicamentos que requieren control clínico riguroso», advierte el Dr. Cristóbal Morales, endocrinólogo en Sevilla y vocal de la Sociedad Española de Obesidad (Seedo).

Anato ha documentado más de una decena de víctimas de estafas con medicamentos como tirzepatida

Según Anato, las víctimas han sido captadas a través de dos mecanismos principales: falsos intermediarios que actúan desde Gibraltar y que se presentan como facilitadores del tratamiento, prometiendo conseguir el medicamento en farmacias de Gibraltar, donde, según la asociación, el precio es hasta un casi 50% más bajo que en España. Una vez ganada la confianza del paciente, exigen un pago adicional por adelantado (alrededor de 100 euros) y, posteriormente, desaparecen sin entregar el medicamento. El segundo mecanismo es el tráfico ilegal de péptidos en redes sociales y grupos de mensajería, donde Anato ha identificado grupos en WhatsApp con más de 220 personas, en los que se ofrecen péptidos inyectables no autorizados para uso humano, con promesas de pérdida de peso rápida y sin ningún tipo seguimiento clínico.

Manuel Martín (Anato).

Manuel Martín, presidente de Anato, recuerda que es esencial acudir a profesionales sanitarios especializados. «Lo realmente peligroso es tomarlos sin indicación médica o adquirir versiones falsificadas por internet, donde no sabes ni la dosis ni el origen real del producto», alerta. En este sentido, expone a iSanidad varios ejemplos como el caso del Hospital Vall d’Hebron desde donde se trabaja con un enfoque integral y controlado. Otra alternativa, para quienes necesitan apoyo desde casa, es la plataforma digital Yazen, donde el tratamiento se prescribe por médicos especialistas y se acompaña de nutricionistas y psicólogos. «Esto evita los riesgos del mercado negro y garantiza seguridad clínica», añade.

«No se trata solo de perder peso. Requiere evaluación médica y un abordaje multidisciplinar», subraya el Dr. Morales

La importancia de la evaluación médica y el abordaje multidisciplinar

El Dr. Morales insiste en que la amenaza va mucho más allá del bolsillo del paciente. «Aunque el fármaco sea original, si lo receta alguien no formado o se adquiere sin seguimiento clínico, representa un riesgo grave», asegura.

Dr. Cristóbal Morales (Seedo)

Con más de 18 años de experiencia en ensayos clínicos con tirzepatida y otros análogos, Morales recuerda que estos tratamientos no pueden reducirse a una inyección. «No se trata solo de perder peso. Requiere evaluación médica y un abordaje multidisciplinar que incluya a un nutricionista, un psicólogo y un entrenador, entre otros profesionales. Esto es salud, no un producto milagro».

Además, denuncia la banalización del uso de medicamentos con base científica real. «Siempre ha habido productos milagro, pero ahora se está comercializando algo que sí funciona, y eso lo hace aún más peligroso cuando se usa mal. Lo que vemos no son clínicas, son mafias”, subraya el profesional.

«El desabastecimiento solo ha ocurrido en diabetes tipo 2, en obesidad no se ha aprobado ningún fármaco en España y nunca ha habido desabastecimiento»

Pese a que algunos pacientes han alegado dificultades para encontrar tirzepatida, no existe desabastecimiento en el tratamiento de la obesidad, aclara el Dr. Morales. «El desabastecimiento solo ha ocurrido en diabetes tipo 2, en obesidad no se ha aprobado ningún fármaco en España y nunca ha habido desabastecimiento. Hay un acceso desigual porque estos fármacos no están financiados, y el paciente debe pagarlos de su bolsillo», explica. Esta situación, según Anato, ha llevado a muchos pacientes a buscar alternativas más asequibles fuera del país, como en Gibraltar, lo que ha derivado en nuevos riesgos.

Recomendaciones para frenar el acceso ilegal a fármacos

Anato ha trasladado los casos a la Policía Nacional y a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), y estudia personarse como acusación particular. Mientras tanto, ha difundido una lista de recomendaciones para evitar nuevos fraudes, entre las que se incluyen no adquirir medicación fuera del canal sanitario legal, verificar que las prescripciones se emitan mediante plataformas seguras como la Receta Electrónica Médica Privada Española (REMPe), rechazar cualquier oferta de intermediación económica para acceder a fármacos, no confiar en redes sociales o servicios de mensajería que ofrezcan productos inyectables no autorizados, y acudir siempre a profesionales acreditados y a clínicas que trabajen con protocolos validados.

Desde Seedo, se solicita a las autoridades una intervención más firme. «La Aemps y los organismos reguladores deben reforzar el control sobre la receta electrónica, impedir el acceso a productos falsificados y garantizar un uso correcto y seguro», reclama Morales. La solución, coinciden Anato y Seedo, no pasa por prohibir ni dificultar el acceso al tratamiento, sino por garantizar que este se produzca dentro de un circuito clínico legal, ético y supervisado. «Estamos en una nueva era de la farmacología contra la obesidad. No podemos permitir que el mal uso o el negocio oportunista perviertan una oportunidad médica real”, concluye Morales.

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