En “defensa” del paciente

Seguimos siendo víctimas del inmovilismo y de la falta de sesera de algunos para entender que la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario

Ángel Puente. Presidente del Círculo de la Sanidad
Hace algo menos de un año, desde el Círculo de la Sanidad hacíamos un llamamiento al diálogo de todos los grupos políticos para que, en un ejercicio de responsabilidad con la sociedad, se aprobasen unos nuevos Presupuestos Generales. El objetivo, evitar una segunda prórroga que a buen seguro bloquearía el gasto sanitario de las comunidades autónomas en nuevos equipamientos y tecnología, además de complicar la viabilidad financiera de los grandes proyectos en infraestructura sanitaria.

Una segunda prórroga de los Presupuestos Generales del Estado bloquean el gasto sanitario de las comunidades autónomas en nuevos equipamientos y tecnología

No imaginábamos entonces todo lo que se nos venía encima y cómo la palabra diálogo se iba a  convertir cada vez más en un imposible, rozando ya el absurdo, para nuestra clase política. Sobran calificativos y más explicaciones. Hablábamos de que este cerrojazo a las nuevas inversiones en el sector sanitario no haría sino agravar otros problemas estructurales del Sistema Nacional de Salud, como las listas de espera, la falta de profesionales, el progresivo envejecimiento de la población o la alta prevalencia de enfermedades crónicas, generando un riesgo de colapso del sistema.

Nada ha cambiado. Seguimos siendo víctimas del inmovilismo y de la falta de sesera de algunos para entender que la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario, considerado uno de los mejores del mundo, pende de un hilo.

La sostenibilidad de nuestro sistema sanitario, considerado uno de los mejores del mundo, pende de un hilo

Decía mi buen amigo Luis Rosado en una reciente entrevista, y no le falta razón, que desde la promulgación de la Ley de Sanidad, el proceso de transferencias y la Ley de Cohesión y Calidad del SNS, no se han producido cambios estructurales en el sistema sanitario español. Seguimos instalados en la burocracia extrema, en el racaneo de financiación, en la falta de autonomía en la gestión de centros, con contratos públicos inflexibles que no permiten la revisión de precios -caiga quien caiga- y con un gravamen de IVA general, al 21%, para la mayor parte de los productos sanitarios –tres años después de una directiva europea que permite su rebaja y de la que se aprovechan otros países de nuestro entorno-.

Pero lo más grave de todo es que seguimos instalados en un sistema en el que las ideologías pesan más que la atención al paciente. Vivimos entre amenazas de aranceles -está por ver qué impacto tendrían en los equipamientos de alta complejidad y tecnología sanitaria- y un aumento del presupuesto en defensa, que esperemos no implique detraer recursos del sistema sanitario a otras partidas, que nada tienen que ver con la protección de la salud del ciudadano y del paciente. No nos engañemos, hay que invertir más en  “defensa”, pero en la de nuestra industria sanitaria y en la del Sistema Nacional de Salud, porque nos compete a todos.

Necesitamos actualizar nuestro Sistema Nacional de Salud para aprovechar adecuadamente los recursos existentes y lograr la equidad y la excelencia en el servicio

Necesitamos pedagogía para desmontar algunos esquemas mentales que siguen lastrando nuestra competitividad. Necesitamos actualizar nuestro Sistema Nacional de Salud para aprovechar adecuadamente los recursos existentes y lograr la equidad y la excelencia en el servicio, sin comprometer su continuidad para el futuro. Y necesitamos dialogar con todos los agentes sanitarios implicados, sin excepciones, antes de que una nueva pandemia reviente de nuevo las costuras del sistema.

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