Pablo Malo Segura
Combinar conocimientos sólidos, habilidades de observación y comunicación y el uso racional de recursos son algunas de las claves en el manejo de la patología exantemática, “cuanto menos en su estadío más incipiente”, observa el Dr. Juan Francisco Luis Sorroche, especialista en medicina familiar y comunitaria en el Centro de Salud La Luz (Málaga) y del grupo de trabajo de cirugía menor y piel de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc).
El experto subraya a su vez la importancia que tiene promover la formación en atención primaria (como el ciclo de actividades AP Day 2025 que promueve la sociedad científica) y dotar de recursos “a la que es la puerta de acceso del paciente a la atención sanitaria debería ser una prioridad” si se pretende lograr el objetivo de alcanzar un equilibrio en el sistema sanitario y “mejorar la percepción” de la, actualmente, “tan denostada Seguridad Social”. Formación que contribuiría, además, a mejorar la detección precoz de estas lesiones dermatológicas.
Desde su experiencia en atención primaria, ¿cuáles son las consecuencias clínicas más frecuentes derivadas de una excesiva dependencia de pruebas complementarias en el diagnóstico de exantemas infantiles?
Durante el periodo infantil, el desarrollo de exantemas supone un motivo de preocupación y, con ello, de demanda clínica en nuestras consultas de atención primaria.
Para ponernos en contexto es relevante apuntar que la mayoría de estos son de origen viral, benignos y autolimitados, y su diagnóstico es eminentemente clínico, por lo que la tendencia a la realización de pruebas complementarias, además de ineficiente y costosa, puede tener consecuencias clínicas directas e indirectas negativas para el paciente y el sistema de salud, debiendo reservarse para aquellos casos donde la clínica es atípica, grave, o se sospecha una patología que requiera confirmación o un manejo específico.
“Durante el periodo infantil, el desarrollo de exantemas es un motivo de preocupación y, con ello, de demanda clínica en nuestras consultas de atención primaria”
Si ahondamos en algunos ejemplos sobre cómo influye el manejo diagnóstico sobre este perfil patológico podríamos nombrar el sobrediagnóstico, y con ello sobretratamiento, que pueden condicionar los falsos positivos de algunas pruebas, por ejemplo, colonizando una muestra con gérmenes saprófitos y que no son la causa real del exantema, lo que podría llevar al empleo de fármacos no indicados para la verdadera causa del proceso en cuestión.
Por otro lado, el efectuar determinados estudios complementarios puede retrasar, paradójicamente, un adecuado diagnóstico, dada la demora en la potencial gestión de muestras y posterior comunicación de resultados, ahondando en la inquietud tanto del paciente como de sus familiares y generando, además, un aumento en los costes y de la sobrecarga del sistema sanitario.
Uno de los puntos señalados en el documento es la infravaloración de signos de gravedad como púrpura o fiebre persistente. ¿Qué herramientas recomienda para mejorar la detección precoz de signos de alarma en consulta?
Como médicos de atención primaria debemos valorar nuestra propia formación, así como la capacidad de comunicación con nuestros pacientes como la base sobre la que se cimente nuestra habilidad para la detección de ‘red flags’.
Una adecuada entrevista clínica, donde pongamos en contexto la situación clínica del paciente, con sus antecedentes personales y familiares más relevantes, así como una exploración física exhaustiva y sistemática, sirviéndonos del apoyo de herramientas diagnósticas de uso habitual en consulta como el dermatoscopio, resulta la mejor manera de poder reconocer y enfocar determinados signos que sirvan al clínico para marcar la potencial gravedad de este cuadro dermatósico.
“Como médicos, debemos valorar nuestra propia formación, así como la capacidad de comunicación con nuestros pacientes”
¿Cómo aborda desde la consulta la labor de concienciación sobre la vacunación como herramienta preventiva, especialmente en patologías como el sarampión o la rubeola?
Desde finales de 2022, se ha detectado un preocupante aumento en los casos de sarampión en todo el mundo, tendencia que continúa hoy en día. España fue certificada como país libre de sarampión en 2016, estatus que mantiene hasta la fecha gracias a una cobertura de vacunación del 97,8% con una dosis y al 94,2% con dos dosis.
Sin embargo, según el último informe realizado por el Centro Nacional de Epidemiología, hasta el 11 de mayo se han confirmado 229 casos, existiendo, en la actualidad, 7 brotes abiertos en 4 comunidades autónomas.
Este contexto epidemiológico no debe sino ahondar en la necesidad, por un lado, de desarrollar estrategias específicas dirigidas, fundamentalmente, a colectivos con baja cobertura vacunal, con el objetivo de garantizar una protección superior al 95% con ambas dosis de la vacuna triple vírica.
Y, por otro, a mejorar la formación y sensibilización del personal sanitario sobre este perfil patológico, así como a impulsar campañas de información dirigidas a la población general enfocadas a la desmitificación del proceso vacunal y a la concienciación sobre riesgos y beneficios de la misma desde un enfoque empático y abierto donde prime la escucha activa y la capacidad de comunicación clara y con un lenguaje sencillo.
“En el actual contexto epidemiológico, se debe ahondar en la necesidad de desarrollar estrategias específicas dirigidas a colectivos con baja cobertura vacunal”
El documento indica que no se debe excluir de la escuela a pacientes con exantemas como mononucleosis o eritema infeccioso. ¿Cómo maneja la comunicación con las familias y centros escolares en estos casos para evitar alarmismos innecesarios?
En los centros de salud de carácter urbano existe la figura del enfermero/a escolar, profesional que trabaja en el entorno educativo, donde, además de brindar atención sanitaria a los estudiantes, ejerce una labor formativa en el manejo y prevención de enfermedades, pudiendo actuar de enlace entre el contexto escolar y el centro sanitario en cuestión, a fin de estudiar y pormenorizar cada caso con el objetivo de disminuir la posibilidad de potenciales contagios y de la incertidumbre entre alumnos y familiares.
¿Qué criterios considera imprescindibles en la anamnesis y exploración física para orientar el diagnóstico sin recurrir de forma sistemática a pruebas complementarias?
La capacidad del profesional sanitario para valorar al paciente como un todo y no únicamente por el desarrollo de determinados signos o síntomas, como puede ser en este caso el exantema, resulta fundamental para lograr un enfoque clínico adecuado y que nos permita disminuir la necesidad de exámenes complementarios y reducir la carga emocional que puede suponer la incertidumbre sobre la potencial evolución de este tipo de enfermedades.
Una correcta evaluación de la propia lesión cutánea, que permita circunscribirla dentro de un determinado perfil patológico (mácula, petequia, púrpura…), así como la valoración de determinados signos clínicos (de alarma, como pueden ser la alteración del estado general, en forma de aletargamiento o irritabilidad, la presencia de fiebre elevada y persistente que no responda al empleo de antitérmicos o el desarrollo de síntomas neurológicos, como las convulsiones o la rigidez nucal) que pueden condicionar la necesidad de actuaciones urgentes, suponen el pilar sobre el que estructurar el resto de nuestra actuación clínica.
“La capacidad del profesional sanitario para valorar al paciente como un todo y no solo por determinados signos, como el exantema, es fundamental para un enfoque clínico adecuado”
Entre los puntos clave se destaca que el 30% de los exantemas se asocian a reacciones adversas a fármacos. ¿Qué medidas propone para fortalecer la farmacovigilancia desde atención primaria en estos contextos?
En nuestro medio convivimos con un problema acuciado en las últimas décadas que se nutre de los avances cada vez más relevantes en investigación, como es el empleo excesivo de tratamientos farmacológicos. Como consecuencia de ello, los médicos de atención primaria debemos estar concienciados y adecuadamente formados, tanto a nivel clínico como en el manejo de herramientas de apoyo en consulta que nos permitan una rápida evaluación y detección de posibles reacciones adversas medicamentosas (RAMs).
El mantener una elevada sospecha clínica, sobre todo ante exantemas que aparezcan en un contexto temporal razonable con respecto a la introducción de nuevos fármacos, la simplificación y fomento de la notificación, sobre todo en los canales específicamente diseñados para ello en los distintos programas de gestión clínica, así como la fluidez en la comunicación entre los médicos de atención primaria y farmacéuticos, actuando estos últimos como apoyo fundamental en la revisión de potenciales interacciones, perfiles de seguridad y posibles RAM, configuran una línea de trabajo que podría ahondar en la fortaleza de los sistemas activos de farmacovigilancia.
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