Redacción
España ha pasado de las 174 plantas de producción de fármacos contabilizadas en 2023 a un total de 181 fábricas, 111 de ellas de medicamentos de uso humano (99 de síntesis química y 12 de productos biológicos), con presencia en trece de las diecisiete comunidades autónomas. Siete nuevas plantas que, según la última actualización del Estudio de la implantación industrial del sector farmacéutico en España, realizado por la consultora ManageArt para Farmaindustria.
Por territorios, la Comunidad Valenciana es la que más nuevas plantas suma, con tres, y de las siete nuevas plantas, cuatro son de medicamentos de uso humano. Castilla y León, Murcia y País Vasco también ven crecer su tejido industrial.
En conjunto, las plantas de la industria farmacéutica en España producen por un valor superior a los 23.000 millones de euros, más del 30% de la producción de bienes de alta tecnología en España. El director general de Farmaindustria, Juan Yermo, ha mostrado cómo este tejido productivo evidencia “el compromiso de la industria farmacéutica con la inversión en España. Los medicamentos son un bien estratégico y de seguridad, como ya quedó demostrado en la pandemia, porque tienen un valor crucial para la sociedad por su impacto en el sistema sanitario, los profesionales y los pacientes, pero también en el bienestar social, la productividad, el empleo y la economía, en general”.
Las plantas de la industria farmacéutica en España producen por un valor superior a los 23.000 millones de euros, más del 30% de la producción de bienes de alta tecnología en España
El otro gran impacto de las fábricas del sector está relacionado con el empleo, tanto por su efecto de arrastre en otros sectores como por la calidad de este, con un nivel salarial por encima de la media. El primer estudio realizado por ManageArt en 2022, y el más extenso, ya detallaba que las plantas industriales de fabricación de medicamentos en España emplean de forma directa a más de 36.000 personas. Además, sumando los empleos que genera la industria farmacéutica, tanto indirectos como inducidos, por su elevado número de proveedores y servicios externalizados, las plantas farmacéuticas contribuyen con más de 183.000 empleos en España.
“La reciente revisión del plan Profarma es una buena noticia para el sector, pues es el primer programa de la administración para impulsar la competitividad y la autonomía estratégica, en línea con la posición europea y la Estrategia de la Industria Farmacéutica en España”, ha valorado el director general de Farmaindustria.
Serias amenazas a nivel europeo y global
“Los nuevos incentivos propuestos (inversiones digitales, medioambientales, en producción de medicamentos estratégicos y biológicos, etc.) ayudarán a fomentar la inversión en España en un momento en el que otros países en Europa están incrementando los incentivos de una forma contundente. No podemos permitir, después de los avances alcanzados en los últimos años, que España quede atrás y pierda relevancia como hub de I+D y producción”, ha señalado Yermo en referencia a un contexto complicado a nivel geopolítico.
La Unión Europea (UE) ha situado al sector farmacéuticos como uno de los cuatro sectores industriales estratégicos en la región, junto al sector energético, el alimentario y el de las tecnologías digitales. “Por eso”, ha razonado el director general de Farmaindustria, “el momento actual es único para que España se convierta en un referente mundial en investigación y producción de medicamentos innovadores”.
De tal forma que España se posiciona como uno de los países europeos con mayor potencial de producción de medicamentos, al contar según Farmaindustria con las bases apropiadas para convertirse en un gran centro de producción en Europa.
Aunque importantes, “las mejoras en el Profarma no van a ser suficientes en el contexto de alta tensión geopolítica actual. Debemos aumentar el incentivo a la inversión en España, complementando los cambios al Profarma con revisiones en el Anteproyecto de la Ley de los Medicamentos y Productos Sanitarios, como aumentar las minoraciones de las contribuciones obligatorias de la industria o agilizar las decisiones de precios y financiación cuando se invierte en el país y cuando hay una participación de centros y pacientes españoles en ensayos clínicos”, ha recordado Yermo. Asimismo, ha completado, “gracias al diálogo con el Ministerio de Sanidad, esperamos que la nueva versión del proyecto de ley que se presente al Consejo de Ministros incluya mejoras clave sobre el texto inicial”.
Estrategia para dar seguridad a futuro
Es necesaria también una estrategia a medio y largo plazo, destaca la patronal, que dé confianza al sector para poder realizar inversiones, sobre todo, teniendo el actual contexto geopolítico y el tsunami regulatorio que afectan directamente a la industria farmacéutica. En primer lugar, las presiones de la administración estadounidense, con la constante amenaza de los aranceles y la propuesta de aplicar la política de la Nación Más Favorecida (MFN, por sus siglas en inglés), que busca que Europa contribuya más a la financiación global de medicamentos innovadores, al igual que ha conseguido con la inversión en Defensa.
En este sentido, ha advertido Yermo, “cualquier pequeño porcentaje de arancel sobre medicamentos y sus insumos perjudicará la atención al paciente y al sector farmacéutico en la UE y EEUU: los aranceles amenazan las cadenas globales de suministro, obstaculizan la I+D y perjudican a los pacientes de todo el mundo. Además, rebajar el precio de los medicamentos pone en riesgo miles de millones de euros de inversión comprometidos por empresas biofarmacéuticas y la llegada de medicamentos innovadores”.
A esto se suma la revisión del paquete farmacéutico europeo, que “debería proteger la propiedad industrial y promover la innovación”, o la Directiva sobre el Tratamiento de las Aguas Residuales Urbanas, que fija que solo dos sectores, el farmacéutico (medicamentos de uso humano) y el cosmético, paguen por la contaminación causada por otros. “Ambos planteamientos”, ha completado, “hasta el momento, están muy lejos de ser un estímulo para un sector que se ha determinado como estratégico. Y más lejos aún de que Europa recupere la competitividad perdida en las últimas décadas, lo que nos hace ser más dependientes y vulnerables”.









