Luis de Haro. Director general de iSanidad
Que la sanidad privada está creciendo no es una opinión, es un hecho. Y no lo hace porque la pública esté fallando, sino porque la demanda general de servicios sanitarios está disparada, tanto en la sanidad pública como en la privada. Aumenta el envejecimiento, aumenta la cronicidad, y todos queremos vivir mejor. No se puede culpar a nadie.
El aumento de la demanda de servicios de tanto de la sanidad pública como de la privada es un hecho
Según acaba de publicar iSanidad con datos de la Fundación IDIS la demanda de la sanidad privada crece continuamente. El 37,1% de la actividad quirúrgica en traumatología ya se realiza en el sector privado, y no es un caso aislado: cirugía vascular, digestiva, ginecología… todas con cifras que rozan o superan el 30%. No es una casualidad, es una tendencia cada vez más imparable.
El crecimiento no viene solo por la demanda de los pacientes, sino también por la agilidad del modelo. Mientras la sanidad pública sigue atrapada en estructuras antiguas, la privada adapta modelos, innova y busca la mejora continua. Si hay que digitalizar procesos, se hace, si hay que flexibilizar horarios, también se hace. La velocidad de adaptación es, en este caso, salud.
El crecimiento no viene solo por la demanda de los pacientes, sino también por la agilidad del modelo
Y por otro lado, están los profesionales. Las nuevas generaciones de médicos y enfermeras no quieren vivir encadenadas a un estatuto marco que parece redactado con máquina de escribir. Buscan conciliación, desarrollo profesional y una adaptación a su forma de vida mucho mayor. Si la sanidad pública no puede ofrecerlo, alguien más lo hará, y de hecho ya lo está haciendo.
Aquí es donde entra el debate incómodo: si la sanidad privada está asumiendo cada vez más carga asistencial, ¿no debería recibir también más apoyo institucional? No se trata de sustituir lo público, sino de complementar lo que ya no da abasto. Porque por muchas ruedas de prensa que se convoquen, las listas de espera no se reducen con declaraciones.
Si la sanidad privada está asumiendo cada vez más carga asistencial, ¿no debería recibir también más apoyo institucional?
El verdadero reto está en profesionalizar la gestión y fidelizar al talento. Si no se apoya a quien ya está ayudando a sostener el sistema, el colapso no será una posibilidad, será una certeza. Y entonces sí que nos acordaremos de lo que pudo hacerse y no se hizo.
Así que sí, quizás ha llegado el momento de dejar los prejuicios a un lado y empezar a trabajar conjuntamente. Porque la salud no entiende de ideologías, pero sí de decisiones que no pueden esperar y llegar tarde.










